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El Papa León XIV autoriza el 18.12.2025 la promulgación de los decretos que reconocen el martirio de Ignacio Aláez Vaquero y diez compañeros mártires

 Infocatólica. 18.12.2025

Entre ellos se encuentran nueve seminaristas, un sacerdote diocesano y un seglar, todos víctimas del odio a la fe durante la Guerra de España de 1936.

Ignacio Aláez Vaquero, figura central del grupo, nació en Madrid el 1 de febrero de 1914 en la calle del Río. Hijo mayor de Evelio Aláez, peluquero de profesión, y Marina Vaquero, destacó desde muy joven por su intensa piedad eucarística y su entrega a los demás. Su padre le inculcó el amor a la Eucaristía gracias a su compromiso con la Adoración Nocturna, lo que llevó al joven a realizar numerosas obras de caridad, visitando y cuidando enfermos en hospitales y ayudando a los monasterios de clausura.

Un seminarista poeta y artista

Aláez tenía un don especial para el arte y disfrutaba pintando, esculpiendo y escribiendo poesía. En 1930 ingresó en el Seminario de Madrid, donde combinó su formación filosófica y sacerdotal con la caridad activa y la creación artística. Sus versos, recientemente recuperados, muestran cómo fue, en cierto modo, un profeta de su propio destino. Poco antes de morir escribió unos versos que reflejaban su inquebrantable fe: «Yo quisiera incendiar el orbe entero... Yo quisiera volverme misionero y al infiel tus "locuras" predicar... Y morirme después martirizado... ¡Qué me importa, Jesús Sacramentado, si al fin he conseguido hacerte amar!».

En julio de 1936, los seminaristas fueron enviados a casa por seguridad. Durante un retiro el 18 de julio, seminaristas y sacerdotes tuvieron que huir ante el aviso del portero del asalto al edificio por grupos de milicianos armados y «llenos de odio a la Iglesia». A partir de entonces, los jóvenes seminaristas sufrirían la persecución y el martirio, quedando unidos al seminario tan solo por los archivos en los que constaban sus expedientes con sus direcciones, que fueron utilizados para localizarlos y darles muerte.

El martirio de Ignacio y su padre

Todo fue reducido a cenizas: su parroquia, San Millán y San Cayetano, la Basílica de Atocha y la Colegiata de San Isidro, que entonces hacía de catedral. Ignacio se negó a esconderse en casa de un militar republicano que le ofreció protección. El 9 de noviembre de 1936 recibió la visita de un grupo de milicianos del régimen comunista para un registro domiciliario.

Durante el interrogatorio, Ignacio no ocultó que estudiaba para ser sacerdote y fue detenido inmediatamente junto a su padre. A la mañana siguiente, 10 de noviembre, sus cadáveres aparecieron en el Camino del Quemadero, en el pueblo de Fuencarral. Los cuerpos fueron trasladados al Depósito Judicial de cadáveres y posteriormente inhumados en el cementerio de Fuencarral. Tiempo después, su hermana logró identificar a Ignacio tras la exhumación de su cadáver.

Los otros mártires del grupo

Junto a Ignacio fueron reconocidos mártires Pablo Chomón Pardo, seminarista, y su tío sacerdote Julio Pardo Pernía, capellán de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón en Ciempozuelos, asesinados el 8 de agosto de 1936. También Antonio Moralejo Fernández-Shaw, seminarista, y su padre Liberato Moralejo Juan, que se dejó arrestar para defender a su hijo y fue asesinado junto a él.

Entre los seminaristas mártires se encuentran Jesús Sánchez Fernández-YáñezMiguel Talavera SevillaÁngel Trapero Sánchez-RealCástor Zarco García —que tuvo que alistarse como reservista y fue denunciado por algunos compañeros por su comportamiento considerado demasiado apacible, siendo asesinado tras sufrir varias humillaciones y ser obligado a cavar su propia tumba—, Mariano Arrizabalaga Español y Ramón Ruiz Pérez, sometido a torturas junto con una veintena de laicos y con ellos encarcelado y asesinado.

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Fuente: Cárdenas en Aciprensa

Son nueve seminaristas y dos familiares de los jóvenes, un sacerdote y un laico. 

Siete ellos, entre 18 y 22 años, pertenecían a la Diócesis de Madrid-Alcalá, que hoy se corresponde con la provincia eclesiástica integrada por la Archidiócesis de Madrid y las diócesis de Alcalá y Getafe.

Otro pertenecía a la Diócesis de Barbastro, pero se encontraba en Madrid de vacaciones estivales con su familia y el noveno, procedía de la Archidiócesis de Toledo. 

En la causa también se incluyó al sacerdote Julio Pardo, de 63 años, tío de uno de los seminaristas de Madrid, así como a Liberato Moralejo, padre de otro de estos jóvenes que se preparaban para el sacerdocio. 

Ignacio Aláez Vaquero 

Este joven de 22 años era estudiante de Filosofía en el Seminario de Madrid. A pesar de su corta edad, era muy consciente de que la persecución religiosa vivida en España desde años atrás podía exigir que entregara la vida como mártir.

Ignacio creció en una familia creyente. Su padre, Evelio, peluquero de profesión, pertenecía a la Adoración Nocturna, lo que marcó su devoción eucarística y su fervor caritativo. Ignacio era un chico creativo que esculpe, repuja figuras en relieve, pinta y escribe.  

Ingresó en 1930 en el seminario. El 18 de julio de 1936, a pesar de tener ya vacaciones, es probable que asistiera a un retiro organizado en el seminario, cercano a su casa. El edificio fue asaltado por milicianos y todos huyeron.  

El 9 de noviembre fue localizado en su casa y detenido junto a su padre. Al día siguiente fue hallado su cadáver en el Camino del Quemadero, en el pueblo de Fuencarral, hoy barrio de Madrid, y fue sepultado en una fosa común de su cementerio. 

Dejó escritos estos versos: “Yo quisiera incendiar el orbe entero... / Yo quisiera volverme misionero /y al infiel tus “locuras” predicar.../ Y morirme después martirizado... / ¡Qué me importa, Jesús Sacramentado, / si al fin he conseguido hacerte amar!” 

Ángel Trapero Sánchez Real 

Nacido en Navalcarnero en junio de 1916, Ángel Trapero fue ejecutado junto a la tapia del cementerio del Este de Madrid el 9 de noviembre de 1936. En el Seminario de Madrid se destacó por sus excelentes calificaciones. 

El asalto y registro de los archivos del seminario al inicio del conflicto fratricida permitió su localización en la casa familiar. Hasta allí acude un grupo de milicianos el 11 de octubre y es detenido.  

Pasó por la checa de García Atadell, la Dirección General de Seguridad y la cárcel de Porlier, un edificio incautado por los republicanos que era un colegio calasancio. 

Durante la Guerra Civil se conocía como checas a los sitios donde milicianos republicanos reprimían y torturaban, entre otros, a clérigos católicos. 

El 9 de noviembre, junto a otros presos, es trasladado al Cementerio del Este, donde fue asesinado. Su cadáver, enterrado en una fosa común, no pudo ser identificado hasta el fin de la guerra. 

Sus restos descansan en la capilla de San Dámaso del seminario conciliar d eMadrid desde el año 2017. 

Antonio Moralejo Fernández-Shaw y Liberato Moralejo 

Antonio Moraleja tenía 19 años cuando entregó la vida por Cristo. Desde los 12 ya había explicado a sus padres su decisión de seguir la vocación sacerdotal, donde estuvo seis años.  

Se supone que Antonio estaba en el seminario el día en que fue asaltado y huyó por la puerta de la huerta, como los demás. Fue arrestado junto a su padre, Liberato Moralejo según consta, por “conservar cartas en las que se revela el carácter religioso y patriota”.

Encerrados en la conocida como cárcel Modelo, fueron sacados del lugar entre los días 6 y 8 de noviembre de 1936, hasta el Castillo de Aldovea, en Torrejón de Ardoz, donde los fusilaron. Sus cadáveres fueron enterrados en el cementerio de Paracuellos del Jarama.  

Castor Zarco García 

Nacido en Socuéllamos (Ciudad Real) en 1913, Castor Zarco experimentó desde bien temprano una inclinación por la vocación eclesiástica, seguramente animado por la pertenencia de su padre y un maestro a la Adoración Nocturna.  

Estuvo en el Seminario de Madrid 10 años, donde obtuvo excelentes calificaciones, incluidos dos premios extraordinarios en Latín y Teología Dogmática. Recibió el subdiaconado en junio de 1936, poco antes de estallar la guerra. 

Al comenzar el conflicto, acude a casa de sus padres, en Socuéllamos, donde todos saben que es seminarista, por lo que es llevado a Cuenca escondido en un carro. El Gobierno de la República le obliga a incorporarse a filas, y formó parte de una brigada móvil conocida como “El Campesino”, en Madrid. Luego fue trasladado a Alcalá de Henares. 

Escribía con frecuencia a sus padres, hasta que dejó de hacerlo de forma repentina. No hubo más noticias.  

En 1941, se halla el acta de defunción que certifica que murió en la ciudad complutense “el 18 de septiembre de 1937, a las 5 horas, asesinado”. Al parecer, un paisano lo identificó y fue asesinado. Sus restos fueron trasladados a la Basílica Pontificia del Valle de los Caídos. 

Jesús Sánchez Fernández-Yáñez 

A Jesús Sánchez lo asesinaron bajo la acusación de “curita”. Veintiún años antes había nacido en Cózar, Cuidad Real. su familia era humilde y se vio obligada a desplazarse allí donde encontrara trabajo.  

Alumno brillante en el seminario, su vida estuvo marcada por la muerte prematura de un hermano. Como otros compañeros, es posible que se encontrara en el retiro del 18 de julio en el seminario. Escondido en su casa, el enfrentamiento y las amenazas con algún vecino fueron constantes, hasta que fue denunciado.  

Fue detenido en la terrible checa de Fomento. El 21 de septiembre fue asesinado sin juicio previo, como era habitual. Su cadáver fue hallado con un disparo en la espalda en el barrio de La China y enterrado en el Cementerio del Este. En 1961 fue trasladado a las criptas de la capilla del Santísimo en la Basílica del Valle de los Caídos. 

Miguel Talavera Sevilla 

Miguel Talavera fue el primogénito de tres hermanos. Nació en Boadilla del Monte (Madrid) en 1918. Fue monaguillo y su párroco lo preparó para ingresar en el Seminario de Madrid, lo que sucedió en 1929.  

El 7 de octubre fue detenido por el hecho de ser seminarista, sin otra acusación. Su periplo carcelario es indeterminado, por lo que no se sabe la fecha de su asesinato por odio a la fe, aunque se especula con el 9 de octubre de 1936. Su cadáver no ha sido hallado.  

Pablo Chomón Pardo y Julio Pardo  Pernía 

Nacido en el pueblo burgalés de Quintanilla de Escalada, Pablo Chomón inició la educación primaria en un colegio que regentaba su tío sacerdote, Julio Pardo Pernía. Las desavenencias entre sus padres hacen que sea llevado a Madrid por su madre, junto a su hermano Lorenzo. 

Pablo estuvo 12 años en el Seminario de Madrid, donde fue un alumno brillante. En julio de 1936 se desplazó a Ciempozuelos, donde se había trasladado su madre. Al llegar comprobó que se había formado un comité revolucionario, que realizaba numerosas detenciones de religiosas y sacerdotes. Él y su tío se libraron en un primer momento.  

Informados de la llegada de milicianos de Madrid, Pablo, Julio y otros fieles, se apresuran a consumir el Cuerpo de Cristo y prepararse para salir. Finalmente, ambos fueron detenidos en su casa y llevados a la cárcel improvisada en la parroquia, hasta el 7 de agosto, en que los llevaron a Valdemoro para ser asesinados. Sus cuerpos descansan en las criptas de la Basílica del Valle de los Caídos. 

Mariano Arrizabalaga Español 

Originario de la Diócesis de Barbastro, Mariano Arrizabalaga decide, de acuerdo con sus padres, ingresar en el Seminario Pontificio de Comillas, Cantabria, regentado por los jesuitas, al terminar el bachillerato en 1929.  

Al ser disuelta la Compañía de Jesús en 1931, debido a su cuarto voto de obediencia al Papa, se vio interrumpida su formación. Por motivos familiares, se trasladó  a Madrid en 1934. 

Al estallar la guerra, dos de sus hermanos fueron detenidos por su pertenencia a la Acción Católica. Uno moriría refugiado en la Embajada de Chile debido a la desnutrición. 

El 5 de octubre, Mariano fue detenido junto a otro hermano y un cuñado. Permanecieron presos durante un mes, hasta ser fusilados en el Castillo de Aldovea en noviembre de 1936. Allí fueron asesinadas más de 400 personas en grupos de 25, con las manos atadas a la espalda.  

En diciembre de 1939 fue posible la identificación de su cadáver, que fue llevado a una de las fosas comunes de Paracuellos del Jarama. En el Seminario de Madrid se conservan dos reliquias del mártir. 

Ramón Ruiz Pérez 

Nacido en la provincia de Jaén en 1912, Ramón Ruiz quiso ingresar en el Seminario de Toledo con 13 años, pues su pueblo pertenecía entonces a la diócesis primada. Sin embargo, finalmente ingresó al Seminario Menor San Felipe Neri en Baeza, donde estuvo cuatro años. Luego, consiguió el traslado a Toledo.  

Al llegar el verano de 1936, regresó de vacaciones a Jaén con su familia. Fue arrestado junto con el párroco de su pueblo natal y recluido en la catedral, junto a otras mil personas, entre ellas el obispo beato Mons. Manuel Basulto. 

Trasladado en teoría hacia Alcalá de Henares, llegando al lugar conocido como El Pozo del Tío Raimundo en Madrid, fueron bajados del tren y entregados a las milicias, que los asesinaron, empezando por el obispo.  

Terminada la guerra, los cadáveres fueron enterrados en la capilla del sagrario de la Catedral de Jaén.