Los Omeyas
(Fuente: Wikipedia)
El Califato omeya o califato de los omeyas (661-750 e. c.; al-Khilāfat al-ʾUmawīyah) 1 fue el segundo de los cuatro grandes califatos establecidos tras la muerte de Mahoma. El califato fue gobernado por la dinastía omeya; un linaje árabe que ejerció el poder de califa, primero en Oriente, con capital en Damasco, y luego en al-Ándalus, con capital en Córdoba.
El término omeya proviene de un antepasado de la familia, Umayya. Estrictamente hablando, la dinastía comienza con Mu‘awiya I, y termina con Marwán II, con la Revolución abasí en el 750. Uthmán ibn Affán (r. 644-656), el tercero de los califas Rashidun, también fue miembro del clan. La familia estableció un gobierno dinástico y hereditario con Muawiya ibn Abi Sufyán, antiguo gobernador de la Gran Siria, que se convirtió en el sexto califa tras el final de la Primera Fitna en el 661. Tras la muerte de Mu'awiyah en el 680, los conflictos por la sucesión dieron lugar a la Segunda Fitna, 2 y el poder acabó cayendo en manos de Marwán I, de otra rama del clan. La Gran Siria siguió siendo la principal base de poder de los omeyas, con Damasco como capital. Los omeyas continuaron las conquistas musulmanas, incorporando la Transoxiana, el Sind, el Magreb y la península ibérica (AlÁndalus) bajo el dominio islámico. En su punto de mayor extensión, el califato omeya abarcó 11 100 000 km², 3 lo que lo convierte en uno de los mayores imperios de la historia en términos de superficie.
La dinastía en la mayor parte del mundo islámico fue con el tiempo derrocada por una rebelión liderada por los abasíes en el año 750. Los supervivientes de la dinastía se establecieron en Córdoba que, en forma de emirato y luego de califato, se convirtió en un centro mundial de ciencia, medicina, filosofía e invención durante la Edad de Oro islámica.4
El único superviviente de los omeyas, Abd al-Rahman, se exilia al Magreb, zona por entonces refugio de todas las disidencias debido a su alejamiento de las capitales califales. Huésped de tribus bereberes junto a un puñado de aliados, Abd al-Rahman recaba apoyos entre las tropas sirias de al-Ándalus, hasta que en septiembre del año 755 desembarca en Almuñécar.
Con el apoyo del yund o ejército sirio de al-Ándalus, vence al gobierno de los abbasíes en la batalla de Al-Musara (756) y es nombrado emir por sus partidarios. Abd al-Rahman, llamado al-Muhāŷir ('el emigrante'), gobernará a la defensiva, esto es, pendiente de las conspiraciones de los partidarios de los abbasíes y otros grupos, particularmente los bereberes y los yemeníes, que se rebelarán varias veces entre los años 766 y 776. Abd al-Rahman se apoya en el ejército, que es aumentado en efectivos, y nombra para los cargos de la administración a personas de su confianza. Se rodea también de una guardia personal.
Al-Ándalus se hace así políticamente independiente, aunque Abd al-Rahman evitará hacer explícito su no reconocimiento del califa de Bagdad para mantener la apariencia de unidad en la umma o comunidad de musulmanes. A su muerte, al-Ándalus es un Estado totalmente estructurado. Le sucederán otros cuatro emires antes de que el país se independice también en el plano religioso, dando lugar al califato de Córdoba.
Será el emir Abd al-Rahman III, an-Nāsir, quien consume la ruptura con oriente proclamándose califa en el año 929, ya que de todas maneras la umma había quedado escindida por la creación, en Túnez, del califato chií de los fatimíes. Se proclamó califa basándose en distintos argumentos que dieron solidez a su decisión. Por un lado la familia era procedente de la tribu Quraysh, a la que pertenecía Mahoma y había frenado los intentos de los cristianos del norte de reconquistar al-Ándalus. Con ello, los omeyas consolidan su posición de poder y al mismo tiempo consolidan la posición del país en el exterior.
Tras la ocupación de Melilla en 927, a mediados del siglo x, los omeyas controlaban el triángulo formado por Argelia, Siyilmasa y el océano Atlántico. El poder del califato se extendía, asimismo, hacia el norte y en el 950 el Sacro Imperio Romano intercambiaba embajadores con Córdoba. En el norte de la península ibérica los pequeños reinos cristianos pasan a pagar tributo al Califato, soportando toda clase de imposiciones a cambio de la paz.[cita requerida]
Esta es la etapa política de mayor esplendor, en la península ibérica, de la presencia islámica, aunque la misma durará poco tiempo ya que, en la práctica, su apogeo acaba en el 1010. Oficialmente, el califato continuó existiendo hasta el 1031, año en el que fue abolido como consecuencia de la fitna ('guerra civil') provocada por la posesión del trono entre los partidarios del último califa legítimo, Hisham II y los sucesores de su primer ministro o háyib, Almanzor. El final del califato dio paso a la fragmentación de al-Ándalus en diversos reinos conocidos como reinos de Taifas, y que fue causa de su declive favoreciendo la expansión de los territorios cristianos a sus expensas.
Tras la desintegración del Califato de Córdoba, el linaje de los omeyas se diluye lentamente en la población de al-Ándalus.
A finales del siglo xvi, el morisco granadino Fernando de Córdoba y Válor, descendiente de los omeyas, será elegido rey de los moriscos durante la llamada guerra de las Alpujarras, cambiando su nombre cristiano por el árabe Muhámmad ibn Umayya, que pasará a las crónicas como Abén Humeya. Muerto este por traición, le sucedió su primo Abén Aboo quien fue derrotado por D. Juan de Austria. Una vez derrotados se instalaron en el Reino de Valencia, donde aún se les permitía practicar el islam; prueba de esto es que la expulsión que tuvo lugar en 1609 fue materializada por la salida del puerto de Alicante de más de un millón de personas. Es muy probable que algunos omeyas de la línea de Muhámmad ibn Umayya existan aún en España bajo apellidos castellanizados como Omeya, Benjumea o Alomía.
Algunos genealogistas y arabistas piensan que el apellido castellano Benjumea y sus variantes (Benhumea, Benjumea, Benhumeda, Benumeya, Alomía, etc.) procede del árabe Ibn Umayya y por tanto sus portadores podrían ser descendientes de los omeyas.
El estandarte omeya era de color blanco.
En su plenitud, durante el siglo VIII, el Califato omeya fue el Estado más populoso y poderoso del mundo, sólo superado por la China tang. Según Amy Chua, el imperio de los árabes tenía una población de 36 millones de personas,[13] superando al futuro Imperio carolingio (5 a 10 millones) o al Imperio romano de Oriente (10 a 13 millones), aunque muy por detrás de China (60 millones).[14] El historiador egipcio Charles Issawi estimaba que al momento de su caída, la dinastía omeya gobernaba sobre 28 a 36,5 millones de personas.[15] El británico Colin McEvedy consideraba que hacia el año 700 la población del Califato pudo ser de unos 21 millones.[16] Las estimaciones más alcistas hablan de 60 millones de habitantes, entre los que se contaba la mitad de los cristianos del mundo.[