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Tres escritos

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús sin el reino de Dios personal y social en nosotros, que Él nos da por el infinito amor misericordioso que nos tiene, queda en un preludio estéril, sin continuidad, sin consecuencias. Porque Él nos dijo que no todo el que dice "Señor, Señor", entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de Dios; y que hay que escuchar su palabra y cumplirla, porque el que la escucha y no la cumple es como el que construye sobre arena, etc.
Jesús, el Verbo hecho carne dijo muchas veces que Él había venido a anunciar el reino de Dios. Lo dijo y lo hizo. Es el evangelio del reino. La buena noticia de que el reino de Dios Él nos lo da por el amor infinito que nos tiene; y quiere y nos pide, como retorno, nuestro amor receptivo a su amor donante.

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Cuando san Charles de Foucauld oraba diciendo, "Dios mío, haz conmigo lo que quieras", ¿se trata de amor "pasivo"?
No.
Por de pronto, es abandono en manos de Dios. Pero además es ofrecerse al reino de Dios, mediante su aceptación suplicante. Y como el reino de Dios es receptivo por nuestra parte, de su donación por Jesús, el Verbo hecho carne, por el infinito amor que nos tiene, resulta que la doctrina que subyace en la oración de san Charles de Foucauld coincide con la de los santos más avanzados, como santa Teresita, que se ofrecía como víctima del amor misericordioso de Jesús, que es lo mismo que ofrecerse como víctima de su reinado de amor.
 

Una cosa es el desarrollo doctrinal de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús enunciado en los últimos pontificados, incluso en el del papa Francisco en su encíclica Dilexit nos, a la espera de la consiguiente reiteración de la buena noticia de Su liberador reinado por amor y de la consagración de la sociedad al que es su Rey por amor, que han quedado para los pontificados siguientes; y otra cosa es que ese desarrollo doctrinal enunciado no se esté traduciendo en que más personas vivan y obren más y más según Dios, sino que cada vez más y más y por más personas se viva como si Dios no existiera, que es lo que quiere Satanás, y que es por consiguiente vivir bajo el imperio de Satanás y lleva a rechazar a Dios, como todos lo podemos constatar todos los días: seminarios diocesanos que tenían mil seminaristas tienen menos de diez; funerales de personas muy creyentes y con muchos hijos y nietos, en los que estos dejan ver su increencia; matrimonios por la Iglesia en número minoritario hace tiempo y disminuyendo frente las uniones civiles y las de hecho; niños sin bautizar; hijos a los que no se transmite la formación en la fe; planes pastorales como el de las diócesis de Pamplona y Tudela en los que se aportan datos de la población a la que deben atender los sacerdotes por asistir a los templos al menos una vez por semana, que son menos del 9% de la población total; templos con muchos huecos en las misas de los días festivos y casi vacíos los demás días, etc. etc. Satisfacerse porque haya más enunciados y no ver que no son vividos por la gente, y ni siquiera secundados por muchos eclesiásticos, incluso del alto clero, lo pueden hacer quizá por deformación profesional los que reducen la vida cristiana a enunciados, sin tener en cuenta que esto está tipificado en el evangelio como una de las principales lacras del fariseísmo (Jn 7,49); y sin darse cuenta de que por este camino hay ya pseudoteólogos sin fe, ni que ellos mismos no ven la realidad por avestrucismo.

En 1885 los católicos en España eran más del 99% de la población

"Hoy, según el último censo oficial, no hay más que diecisiete mil trescientos sesenta y tres heterodoxos entre judíos, mahometanos, herejes, impíos, indiferentes y otros que no se sabe lo que son, por dieciocho millones de católicos". (Mons Pedro María Lagüera y Menezo, obispo de Osma, Carta pastoral de 1885, en Documentos episcopales sobre el liberalismo reinante", Madrid, 1886, pág. 72).

¿De verdad piensa alguien que estamos yendo a más, o es por exhibir su discrepancia? Ah, bueno, si no es más que subrayar la insignificancia del escribiente, cuanto más y más, mayor y mejor.

Y la Iglesia en su nueva escatología ha descartado que el advenimiento del reino de Dios se produzca por un proceso creciente:

"El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia (cf. Ap 13, 8) en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal (cf. Ap 20, 7-10)". (Catecismo, 677)

La devoción al Sagrado Corazón y su crisis