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La devoción al Sagrado Corazón y su crisis

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús se centra inicialmente, como le pide el propio Jesús, el Verbo hecho carne, a santa Margarita María Alacoque, no sólo en el culto, sino principalmente en el amor, consagración y reparación al amor divino de Jesús simbolizado en su Corazón humano, que le muestra a ella. Y las primeras imágenes son dibujos, no de la figura completa de Jesús, sino sólo de su Corazón, llevando, eso sí, todos los atributos de su amor apasionado por nosotros: la corona de espinas, la cruz, las llamas con su luz y la enorme herida de la lanzada.

«No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».
(Mt 7,21;24-27 Versión CEE 2016)

En un primer viernes de 1674, tiene lugar la segunda de las cuatro grandes revelaciones a santa Margarita María Alacoque, que ella refiere así:

"Se me presentó el Corazón divino como en un trono de llamas... Me hizo ver que el ardiente deseo que tenía de ser amado de los hombres y de apartarlos del camino de perdición, adonde Satanás los precipita en tropel, le había hecho formar el designio de manifestar su Corazón... Es preciso honrarle bajo la figura de ese Corazón de carne, cuya imagen quería que se expusiera... Me aseguró que tiene singular placer en ser honrado bajo la figura de este Corazón de carne, cuya imagen quería que se expusiera en público a fin de mover, añadió, por este medio el corazón insensible de los hombres. Me prometió que derramaría en abundancia todos los dones de que está lleno sobre el corazón de todos los que le honren...
Esta devoción era como un supremo esfuerzo de su amor que quería favorecer a los hombres en estos últimos tiempos con esta redención amorosa, para sacarlos del imperio de Satanás que Él pretendía arruinar para colocarnos bajo la dulce libertad del imperio de su amor, el cual quería establecer en los corazones de todos los que que quisieran abrazar esta devoción".
(Carta 133, cuarta de Aviñón, al Padre Juan Croisset, S. I. del 3 de noviembre de 1689. Vida y obras de Santa Margarita María Alacoque publicadas por J. Mª Sáenz de Tejada, S. I. 2ª ed, 1948. Págs. 460-461).

Después, en la época del triunfo de esta devoción, proliferan las imágenes de la figura completa de Jesús mostrando su Corazón. Y el rostro es lo que atrae más la atención debido a la condición humana, tal como le dijo Dios a Samuel.

El Señor dijo a Samuel:
«El hombre mira a los ojos, mas el Señor mira el corazón»
(1 Sam 16,7).

Empiezan las críticas de las imágenes por el aspecto poco satisfactorio del rostro. También comienza la fase inicial de la crisis de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, cuando algunos toman el Sagrado Corazón como bandera de combate político sin tomarlo primordialmente como total entrega personal a Jesús, el Verbo hecho carne, a su Amor divino expresado y simbolizado en su corazón de carne; y cuando proclaman y propugnan el Reinado social del Sagrado Corazón sin entregarse primordialmente de forma total a la obediencia personal absoluta a Jesús, el Verbo hecho carne, sin buscar primero el reino de Dios y su justicia (Mt 6,33) en la propia persona, como base de Su reinado social.

Santa Teresita, no. Ella dice que no ve como todo el mundo la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, que ella lo quiere como centro de su persona, como núcleo total de ella misma, instalada ella en el Corazón de Jesús:

“Tú sabes que yo no veo el Sagrado Corazón como todo el mundo. Pienso que el Corazón de mi Esposo es para mí sola, como el mío es para Él solo, y le hablo entonces en la soledad de este delicioso corazón a corazón esperando contemplarlo un día cara a cara”.
(Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, Carta de 14 octubre 1890 dirigida a su hermana Celina, con ocasión de una peregrinación de ésta a Paray-le-Monial).

Por eso enseña santa Teresa del Niño Jesús, como doctora de la Iglesia, que el amor al Sagrado Corazón de Jesús había de ser personal, en contraste con la corriente dominante.

De esta manera, santa Teresita del Niño Jesús tiene la devoción al Sagrado Corazón como santa Margarita María Alacoque la recibió del propio Jesús, el Verbo hecho carne, y fielmente la transmitió: centrada en el reinado del Sagrado Corazón de Jesús en el corazón de cada persona humana.

Sobre la transmisión por santa Margarita María Alacoque de la enseñanza del reinado total del Sagrado Corazón de Jesús en la propia persona, tenemos el dato del inapreciable testimonio de la madre Saumaise, superiora de Paray le Monial en la época de santa Margarita María. Este testimonio está contenido nada menos que en la Bula de canonización de santa Margarita María Alacoque por el papa Benedicto XV en 1920:

«La madre de Saumaise, concluido el sexenio de su cargo por aquellas fechas, es decir, en 1678, se retiró de Paray. En sus escritos dejó este testimonio de Margarita María: »en los seis años que vivió familiarmente con ella, jamás se enfrió en su propósito, que ciertamente era que Dios reinase en ella en todo, ante todo y sobre todo; »no dio gusto alguno ni a su cuerpo ni a su alma; esta constante fidelidad le consiguió de la divina largueza eximias gracias y singulares favores; »en contrapartida, estas cosas la movían a buscar cruces, aflicciones y menosprecios con todas sus fuerzas; »sin que nadie busque con tanta diligencia honores y placeres, como ella deseaba con avidez cruces y desprecios; estas eran sus delicias, »aunque a su muy delicada naturaleza le repugnaban y pesadamente las llevaba».

«Mater de Saumaise, absoluto sexennio sui magisterii, sub eodem fere tempore, idest anno millesimo sexcentésimo septuagesimo octavo, Paraedio decessit: »in commentariis suis huiusmodi testimonium reddiderat de Margarita Maria: per sex annos, quibus familiariter ea usa erat, numquam propositum illius refrixisse, »quo certum erat, ut in se Deus in omnibus regnaret, ante omnia et prae omnibus; nulli unquam oblectamento aut animi, aut corporis eam induisisse; »hac constanti fidelitate, eximias gratias a divina largitate et singularia beneficia sibi conciliasse; haec vicissim, ad cruces, afflictiones, despicientias magno opere persequendas, »eam excitasse; exstare neminem, qui tantis studiis honores et voluntates concupiscat, quant a illa aviditate cruces et contemptus appetebat: hac erant eius deliciae, »quamquam delicatior natura eius talia stomachabatur et graviter ferebat.

(Bula Ecclesiae consuetudo de canonización por Benedicto XV de santa Margarita María Alacoque de 13 de mayo de 1920, AAS 1920, pág. 495. http://www.vatican.va/archive/aas/documents/AAS-12-1920-ocr.pdf)
(Se puede ver y copiar aquí el original en latín y una traducción de la
Bula de canonización de santa Margarita María Alacoque).

Santa Margarita María Alacoque transmitió así con su ejemplo, y no sólo con lo que dice en la Carta 133, la enseñanza que recibió del propio Jesús, el Verbo hecho carne, de que Su Sagrado Corazón anhela darnos nuestro máximo bien que es la total plenitud del reino de Dios en nosotros, concedernos que vivamos totalmente según Dios, con la renuncia a darnos cualquier gusto y con la aceptación e incluso la búsqueda de los padecimientos y humillaciones que Dios disponga y su ofrecimiento alegre.

"Esta devoción era como un supremo esfuerzo de su amor que quería favorecer a los hombres en estos últimos tiempos con esta redención amorosa, para sacarlos del imperio de Satanás que Él pretendía arruinar para colocarnos bajo la dulce libertad del imperio de su amor, el cual quería establecer en los corazones de todos los que que quisieran abrazar esta devoción".
(Carta 133, cuarta de Aviñón, al Padre Juan Croisset, S. I. del 3 de noviembre de 1689. Vida y obras de Santa Margarita María Alacoque publicadas por J. Mª Sáenz de Tejada, S. I. 2ª ed, 1948. Págs. 460-461).

El beato papa Pío IX explicó que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús la quiso Nuestro Señor para encender la caridad en todos y para que así caminemos según su Corazón como Dios quiere:

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús es para encender la caridad en todos y que, inflamados de amor, caminemos según su Corazón agradándole a Dios
Así lo enseñó en 1864 el beato Pío IX, Papa, en el Breve de beatificación de Margarita María Alacoque y en la encíclica Quanta Cura que venía con el Syllabus

El propio Jesús, el Verbo hecho carne, le reiteró también a sor María del Divino Corazón que el verdadero núcleo de esta devoción es la unión personal con Él:

"Una vez, hablando de este mismo asunto de las comuniones, dijo que su deseo había sido establecer el culto de su Divino Corazón, y que ahora que este culto exterior estaba introducido por sus apariciones a la bienaventurada Margarita María y extendido por todas partes, Él quería también que el culto interno se estableciese más y más; es decir, que las almas se habituasen a unirse cada vez más con Él interiormente y a ofrecerle sus corazones como morada".
(Soeur Marie du Divin Coeur, Luis Chasle, cap. VIII, pg. 240, ed. 1925, París).

Claro que para vivir del todo según Dios y nada según uno mismo hay que sufrir.

«Querer amar a Dios sin sufrir por su amor no es más que una ilusión».
(Carta nº 108. A la Hermana Joly, del 28 de agosto de 1689. Vida y obras de Santa Margarita María Alacoque publicadas por J. Mª Sáenz de Tejada, S. I. 2ª ed, 1948. Pág. 397).

"Nunca debe, quien al cielo aspira, buscar otro camino que la cruz"
(Autobiografía, 5. Vida y obras de Santa Margarita María Alacoque publicadas por J. Mª Sáenz de Tejada, S. I. 2ª ed, 1948. Pág. 449, pág. 122).

No basta con la vida cristiana dulcita y blandita -sin cruz- que se solía difundir ad usum Delphini, sino aceptar todos los sufrimientos y humillaciones que Dios quiera que se tengan, mortificarse con los sufrimentos de las privaciones; e incluso, imitando a los santos, pedir más sufrimientos y humillaciones, y darle las gracias por los que nos conceda, porque el amor ha de ser obviamente verdadero, es decir, amor con locura, como el que nos tiene Jesús, el Verbo hecho carne.

Y para ello hay que hablar seriamente con Él y recordarle nuestra incapacidad para sufrir nada y que es preciso que nos dé su gracia, porque vamos a pedirle que reine del todo en nosotros, a toda costa y a todo riesgo, que es lo más sensato.

Porque el placer es un obstáculo para que reine el Sagrado Corazón de Jesús, como explica santa Margarita María:

"No olvido a la otra persona de quien me habláis en vuestra carta. Pero el Sagrado Corazón de Nuestro Señor reinará con dificultad en el suyo, porque en él hace reinar con exceso el placer".
(Carta nº 38. A la Madre Saumaise, 1685. Vida y obras de Santa Margarita María Alacoque publicadas por J. Mª Sáenz de Tejada, S. I. 2ª ed, 1948. Pág. 277).

El propio Jesús, el Verbo hecho carne, le reiteró a la beata sor María del Divino Corazón que el verdadero núcleo de esta devoción es la unión personal con Él:

"Una vez, hablando de este mismo asunto de las comuniones, dijo Él que su deseo había sido establecer el culto de su Divino Corazón, y que ahora que este culto exterior estaba introducido por sus apariciones a la bienaventurada Margarita María y extendido por todas partes, Él quería también que el culto interno se estableciese más y más; es decir, que las almas se habituasen a unirse cada vez más con Él interiormente y a ofrecerle sus corazones como morada".
(Soeur Marie du Divin Coeur, Luis Chasle, cap. VIII, pg. 240, ed. 1925, París).

Este reinado en cada persona, como enseña san Agustín, es la base del reinado del Sagrado Corazón de Jesús en toda la sociedad humana. Así lo enseñaron el Padre Ramiére y sus continuadores, entre los que destacan el Padre Ramón Orlandis, S J, y el gran teólogo Francisco Canals, seglar y padre de familia.

Obedecerle a Satanás no consiste en considerarle y venerarle como el ser supremo explícitamente, sino que a lo que Satanás induce es a que cada uno viva según él mismo y no según Dios, como si Dios no existiera.

Así lo explica san Agustín (La Ciudad de Dios, XIV) cuando aclara aquella doctrina enseñada de parte de Dios por san Pablo que proscribe obrar según la carne (Gal 5,16-25; Gal 6,7-8; 8,5-14).
San Agustín aclara que vivir según la carne, no es solamente vivir según el cuerpo humano o simplemente según los deseos sexuales, sino que es vivir según uno mismo, porque Satanás no tiene cuerpo carnal y es el jefe y modelo de obrar según la carne.

"No se hizo semejante al diablo el hombre por tener carne, de que carece el diablo; sino por vivir según él mismo, es decir, según el hombre. También el diablo quiso vivir según él mismo, cuando no se mantuvo en la verdad. Y de este modo habló mentira, no de Dios, sino de sí propio, que no sólo es mendaz, sino el padre de la mentira".
(San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XIV, cap. 3. BAC, 1958, pág. 927).

"Cuando el hombre vive según el hombre y no según Dios, es semejante al diablo. Porque ni el ángel debe vivir según el ángel, sino según Dios, para mantenerse en la verdad y hablar la verdad que viene de Dios; no la mentira que nace de sí mismo... Cuando el hombre vive según la verdad, no vive según él mismo, sino según Dios".
(San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XIV, cap. 4. BAC, 1958, pág. 927).

"El hombre no fue creado recto para vivir según él mismo, sino según su Hacedor, esto es para hacer la voluntad de Dios antes que la suya. No vivir como su condición exigía que viviera, eso es la mentira".
(San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XIV, cap. 4. BAC, 1958, pág. 928).

San Pablo mismo dice con todas las letras que ser carnal es vivir según el hombre:

«Habiendo entre vosotros celos y discordias, ¿no es claro que sois carnales y vivís según el hombre?»
(I Cor 3,3).

Parece lo más impactante es que vivir según uno mismo, vivir como si Dios no existiera, es lo que quiere Satanás que hagamos; y por consiguiente es estar sometido al imperio de Satanás. Intentar compatibilizar vivir según Dios y vivir según uno mismo es autoengañarse y darle entrada a Satanás para que domine e impere. No es ya vivir del todo según Dios.

Pero aún es más impactante que San Pablo enseña de parte de Dios que a Nuestro Señor le costó la vida, dio la vida, para liberarnos, al hacer posible que vivamos para Él y no para nosotros mismos, como si Dios no existiera:

"El amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos por tanto murieron.
Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
(2 Cor 5,14-15)

El imperio de Satanás también es sobre la sociedad, pero conviene insistir en que su raíz más profunda y más sometedora es el sometimiento de cada persona humana a vivir según ella misma y no según Dios. Y vivir según uno mismo lleva a odiar a Dios.

El imperio de Satanás es todo sistema que impone vivir y obrar según uno mismo, como si Dios no existiera. Todo sistema políticamente correcto en la modernidad y en la posmodernidad impone vivir como si Dios no existiera. Es el imperio de las estructuras de pecado cada vez más ineludiblemente dominantes hoy en lo estatal, en lo económico, en lo social y en lo personal.

El mismo san Agustín explica que la base de la dimensión social del imperio de Satanás está en que hay quienes viven según la carne, es decir, viven y obran según ellos mismos, como si Dios no existiera. Y basa el reino de Dios, la ciudad de Dios, en que hay otros que viven y obran según el espíritu, es decir, según Dios; y en eso mismo explica que está la contraposición y enfrentamiento entre ambas ciudades o sociedades humanas:

"De que hay unos que viven según la carne y otros según el espíritu, se han originado dos ciudades diversas y contrarias entre sí... Con claridad meridiana escribe san Pablo a los de Corinto: «Habiendo entre vosotros celos y discordias, ¿no es claro que sois carnales y vivís según el hombre?» (I Cor 3,3). Luego proceder según el hombre es igual a ser carnal... Poco antes había llamado [hombres] animales a los mismos que ahora llama [hombres] carnales. Dice así: «... El hombre animal no puede hacerse capaz de las cosas que son del Espíritu de Dios, pues para todos son necedad» (I Cor 2, 11-14)".
(San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XIV, cap. 4. BAC, 1958, págs. 928-929).

"Siendo tantos y tan grandes los pueblos diseminados por todo el orbe de la tierra... no forman más que dos géneros de sociedad humana, que podemos llamar, conformándonos con nuestras Escrituras, dos ciudades. Una es la de los hombres que quieren vivir según la carne, y otra la de los que quieren vivir según el espíritu".
(San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XIV, cap. I. BAC, 1958, pág. 921).

"Dos amores fundaron dos ciudades: el amor propio hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí propio, la celestial. La primera se gloría en sí misma, y la segunda, en Dios; porque aquella busca la gloria de los hombres, y esta tiene por máxima gloria a Dios, testigo de su conciencia. Aquella se engríe en gloria, y ésta dice a su Dios: "Tú, mi gloria..." (Sal 3,4)... En aquella, sus sabios, que viven según el hombre... se desvanecieron en sus pensamientos y su necio corazón se oscureció... En esta, en cambio, no hay sabiduría humana, sino piedad, que funda el culto legítimo al Dios verdadero, en espera del premio en la ciudad de los santos... «con el fin de que Dios sea todo en todas las cosas»." (I Cor 15,28).
(San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XIV, cap. 28. BAC, 1958, pág. 985-986 ).

Y así llegó a ser doctrina de la Iglesia la del reinado social del Sagrado Corazón de Jesús en toda la sociedad humana. Y así queda expresada esta doctrina en la liturgia con la proclamación como solemnidades de la fiesta del Sagrado Corazón y de la fiesta de Cristo Rey.

Y sin embargo la crisis de la devoción al Sagrado Corazón fue a más en el siglo XX, por no asentarla en su reinado primero en los corazones y sobre esta base, en las naciones; porque cuando no se vive como se piensa se acaba pensando como se vive; y vivir no según Dios, sino vivir como si Dios no existiera, llevó a no creer en Dios e incluso a creer que Dios no existe. Canals dijo en 1997:

"Muchas de las causas de la crisis de que se ha hablado en nuestro siglo [el XX] sobre esta devoción no son otra cosa sino la debilitación de aquellas verdades dogmáticas".
(Francisco Canals, Obras Completas, vol. 4A, pág. 249)

Verdades dogmáticas a las que alude en el mismo escrito:

"Al afirmar que este culto está plenamente fundado en el dogma católico, y por esto mismo deriva de la divina revelación expresada en la sagrada Escritura y en la Tradición de la Iglesia, en modo alguno hay que negar que su crecimiento y evolución progresiva sería incomprensible sin las revelaciones recibidas con carisma profético por santa Margarita María Alacoque. Si se quisiese prescindir de ellas, no se hablaría de la devoción aprobada en el Magisterio y presente en la liturgia" (ib.).

La síntesis de la religión y la vida

La Iglesia no concede la aprobación a ninguna organización apostólica, aunque presente como objetivos el llevar a todos a la santidad o promover la ayuda a los más necesitados del mundo entero, si no antepone a esos loables objetivos el de la vida cristiana para conseguir la santidad personal de los propios miembros de esa organización.

La Iglesia, para beatificar a alguien, examina ante todo la santidad personal de la persona propuesta, la heroicidad de sus propias virtudes, y, sobre esta base, sus acciones exteriores, que son fruto y señal de su vida personal unida a Cristo.

La tarea de todo cristiano es realizar la síntesis de la religión y de la vida en sí mismo ante todo y, consiguientemente, porque el bien es difusivo, contribuir a su realización en su prójimo, en toda la sociedad y en todos los aspectos de la vida social y política. Debe configurar su vida con Cristo prioritariamente, y, en consecuencia, pero al mismo tiempo, procurar la misma configuración con Cristo en la vida de su prójimo y en todos los aspectos de la civilización y de la cultura de su época. Si los cristianos de la Edad Media lograron que empezase a fructificar el desarrollo de su civilización al cristianizarla aunque imperfectamente, la sociedad cristiana no es algo exclusivamente medieval. La humanización de la vida es el objetivo de todas las épocas, y la cristianización es siempre la clave de la civilización. Así lo expresó en 1947 Pío XII en la indicada ocasión de la canonización de san Nicolás de Flüe ante los peregrinos suizos que honraban a su compatriota:

"¿Caéis en la cuenta, amados hijos de la hora presente y de la dolorosa antítesis que ofrece a nuestros ojos? De una parte nosotros, que cantamos la gloria de los santos de la Edad Media, de aquellos santos que han realizado en sí mismos, en la unidad de la religión y de la vida, la «devoción a Dios», y de la otra, en el polo opuesto, una parte excesivamente grande del Mundo llevando a la práctica la «devoción al Mundo», la idolatría del Mundo hasta la negación de Dios, hasta la profesión del ateísmo más absoluto.
¿Cuál será prácticamente la solución en lo que a vosotros concierne, vosotros que vivís en medio de este desconcierto de los más altos valores espirituales y morales? ¿La vuelta a la Edad Media? Nadie ha soñado con eso: pero sí la vuelta a aquella síntesis de la religión y la vida. Ésta de ningún modo fue un monopolio de la Edad Media: supera infinitamente todas las contingencias y es siempre actual, porque es la clave de arco de toda civilización; el alma que ha de vivificar toda cultura, so pena de que se destruya con sus propias manos y se precipite en el abismo de la malicia humana, que ante sus pasos se abre desde el momento en que con la apostasía comienza a separarse de Dios" (Pío XII, 16.05.1947. Cristiandad, Barcelona, tomo IV, 1947, p. 301).

El Papa constata que aquella síntesis realizada en la Edad Media, aunque imperfectamente aún, entre la religión y la vida, se ha disgregado, desintegrado, hasta convertirse en "desconcierto" y producir la "antítesis" de "la profesión del ateísmo más absoluto". La civilización y la cultura van así a la autodestrucción, este es el pronóstico que sigue a ese diagnóstico. Y la solución es la siempre actual síntesis de la religión y de la vida. Esto es lo que vino Cristo a traer y lo que dejó como misión de la Iglesia, no sólo lo sobrenatural propio de su divinidad, sino la inserción de lo sobrenatural, de lo divino, en lo natural humano. Para redimirlo, para sanarlo, para humanizarlo. Y para divinizarlo, para sobrenaturalizarlo, para darle valor de vida eterna. Para habilitar a cada hombre para ir al cielo. Y cristianizar también la sociedad para que pueda cumplir el deber de acatar a Dios como tal colectivamente, y porque esto, el reino de Dios en lo social y en lo político, es el bien del hombre, porque creará así el ambiente apropiado para que cada persona pueda llevar una vida cristiana, y por lo tanto, y sólo así, plenamente humana, y porque de ahí vendrá el florecimiento y la fructificación de la civilización y de la cultura en su máximo esplendor terreno.

Esta síntesis de la vida humana individual y colectiva y de la vida divina, en la tierra, será realizada en el reinado de Cristo, que Él mismo implantará por su amor ardiente expresado en su Sagrado Corazón.

Pero en el segundo tercio del siglo XX no se extendió el reinado del Sagrado Corazón en las almas, sino que progresó su reducción, porque la inmensa mayor parte de la población mundial estaba sometida a regímenes descristianizadores e incluso perseguidores, y los creyentes en el Sagrado Corazón hablaban de su reinado social más de lo que obraban en la extensión de su reinado en lo personal propio y ajeno y sin total entrega personal al reinado del Sagrado Corazón no hay reinado social, sino imperio de Satanás en casi todas las almas y en la sociedad.

Y así ha sobrevenido en el último tercio del siglo XX y en el XXI el retroceso hasta el eclipse total del amor al Sagrado Corazón de Jesús, incluso utilizando la devoción a la Divina Misericordia para eliminar la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Ahora ya ni se nombra nunca el Sagrado Corazón de Jesús cuando se habla de la devoción a la Divina Misericordia. Siendo así que el sagrado Corazón de Jesús no se omite en las revelaciones de Jesús a santa Faustina, ni en el diario de ésta. Los dos rayos salen del Sagrado Corazón. Lógicamente, porque la Sangre y el Agua brotaron cuando la lanzada abrió el Corazón del Crucificado:

Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.
(Jn 19,34).

Y asi progresa aceleradamente la descristianización y el imperio de Satanás en la sociedad y en casi todas las almas, menos en un pequeño resto. En Alemania el 9% de los católicos frecuentaba los templos en 2019; en Navarra, menos: el 8'9% en 2018; en Barcelona, menos aún; en Guipúzcoa mucho menos todavía, etc. Eso antes de la plaga de Covid y de su utilización desde marzo de 2020 para reducir brutalmente esas ya escasísimas cifras de asistencia presencial a la santa misa y de la imprescindible recepción de Jesús sacramentado.

Mientras, el katejon, persona moral o colectivo, que obstaculiza la plena dominación persecutoria anticristiana, parece ser que ya ha sido apartado desde la confirmación, el 7 de enero de 2021, de la caída de Trump.

Siendo así que

la gran persecución anticristiana ya está formulada como programa político desde 2015.

En el mundo comunista prosigue la política de control: El presidente de China Comunista insiste en que toda religión en China debe someterse a la dictadura comunista

Y, aprovechando la plaga de Covid, en 2021 ha sido proclamado en Davos el Gran Reinicio como síntesis del capitalismo y del comunismo.

Pero el Sagrado Corazón de Jesús, el Verbo hecho carne, reinará en todas las almas. Es su promesa incondicional, su anuncio y su profecía absoluta transmitida por santa Margarita María Alacoque. Reinará en todas las almas y por consiguiente en la sociedad humana. El Sagrado Corazón de Jesús, el Verbo hecho carne, reinará en todas las almas y en todas las naciones.

Parece ser que vamos de derrota en derrota (nuestra) hasta el triunfo final (de Él):

«El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia (cf. Ap 13, 8) en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal» (CEC 677)

La mayor promesa del Sagrado Corazón de Jesús es la de su reinado
Es una promesa absoluta, no condicionada. A diferencia de las otras promesas que le hizo Jesús a santa Margarita María Alacoque, ni siquiera está condicionada a una previa devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Al revés, esta devoción triunfará plenamente cuando Jesús, al evidenciar su segunda venida, elimine los obstáculos que se oponen a que reine en todos los corazones y consiguientemente en todas las naciones, los obstáculos de las estructuras de pecado políticamente correctas que imponen vivir como si Dios no existiera, los obstáculos anticristianos, los obstáculos del Anticristo, los obstáculos del misterio de iniquidad, los obstáculos del imperio de Satanás. Y mediante la extraordinaria efusión de gracia que Jesús, el Verbo hecho carne, iniciará con Su Parusía.
Más que una promesa es una profecía con todos los aspectos de profecía absoluta, no condicionada. Un anuncio. Como en el tercer misterio luminoso que se nos manda rezar, no en vano:

"El anuncio del Reino de Dios por Jesús, invitando a la conversión".

Es la buena nueva. El Evangelio. La buena noticia:

Jesús, el Verbo hecho carne, reinará en todos los corazones y en todas las naciones.

Sí. Estamos muy felices y contentos porque está anunciada, como una profecía incondicionada y absoluta, la implantación universal en todos los corazones y en todas las naciones del Reinado del Sagrado Corazón de Jesús, el Verbo hecho carne, y la previa destrucción del catastrófico sistema anticristiano actual, tras su próxima dominación total.

En todos los corazones, sí, en todos:

«He aquí que días vienen - oráculo de Yahveh - en que yo pactaré con la casa de Israel (y con la casa de Judá) una nueva alianza; no como la alianza que pacté con sus padres, cuando les tomé de la mano para sacarles de Egipto; que ellos rompieron mi alianza, y yo hice estrago en ellos - oráculo de Yahveh -. Sino que esta será la alianza que yo pacte con la casa de Israel, después de aquellos días - oráculo de Yahveh -: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
Ya no tendrán que adoctrinar más el uno a su prójimo y el otro a su hermano, diciendo: «Conoced a Yahveh», pues todos ellos me conocerán del más chico al más grande -- oráculo de Yahveh - cuando perdone su culpa, y de su pecado no vuelva a acordarme». (Jer 31, 31-34).

«Para vosotros en primer lugar ha resucitado Dios a su Siervo y le ha enviado para bendeciros, apartándoos a cada uno de vuestras iniquidades».
(Hch 3,26).

Y en todas las naciones, sí, en todas:

Vendrán todas las naciones a postrarse ante ti, y a dar, Señor, gloria a tu nombre. (Sal 86,9; Ap 15,4).

«En su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos».
(Lc 24,47 ).

Sucederá en días futuros que el monte de la Casa de Yahveh será asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones.
(Isaías 2,2).

Isaías (60,1-6)
¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, y
la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti. Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora.
(Isaías (60,1-6)

Así fue anunciada y proclamada con seguridad la esperanza cierta y firme de la Iglesia por el Concilio Vaticano II:

"La Iglesia, juntamente con los profetas y con el mismo Apóstol, espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con voz unánime y le servirán hombro con hombro" (Nostra aetate, 4).

Lo que es proclamar con toda seguridad la confesionalidad de todos los pueblos, con los judíos a la cabeza de los creyentes en Jesucristo, y que todos los pueblos obrarán en consecuencia en el futuro, obedeciéndole a Dios. Y a la Iglesia y al Papa cuando enseñan con la autoridad que Dios les ha dado en materias de fe y de moral, estando la normativa ética de la política entre las materias sobre las que el Papa tiene autoridad, cuando la ejerce, lo mismo que la Iglesia Católica.

El Concilio Vaticano II proclama así como esperanza de la Iglesia cierta y segura la futura unidad católica mundial que se producirá no por la exclusión legal de la libertad religiosa, sino cimentada en la aceptación voluntaria del reinado del Sagrado Corazón de Jesús en todos los corazones movidos por Su gracia divina, la extraordinaria efusión de gracia que Jesús, el Verbo hecho carne, iniciará con Su Parusía, Su segunda venida gloriosa con la que, al evidenciar Su existencia, eliminará el poder anticristiano que, cada vez más, impone vivir como si Dios no existiera.

Es la confesionalidad mundial consecuente, que es lo mismo que decir la unidad religiosa de toda la humanidad, como dice Canals:

«Según el Apóstol, los judíos son todavía hoy muy amados de Dios por causa de sus padres… la Iglesia espera, con los Profetas y con el mismo Apóstol, el día sólo por Dios conocido en que todos los pueblos invocarán el nombre del Señor con una sola voz y le servirán con un solo hombro (Soph. 3, 9)» (Concilio Vaticano II. Nostra aetate, 4).
"Tratando de la religión judía, y afirmando la futura conversión de Israel, el texto anuncia la futura unidad religiosa de toda la humanidad".

(La teología de la historia del Padre Orlandis, S. I. y el problema del milenarismo, Francisco Canals, CRISTIANDAD, Barcelona. Año LV. Núms. 801-802. Marzo-Abril 1998. Págs. 23-28)

Y así fue proclamada por el Papa la misión de la Iglesia:

"Cristo llama, justifica, santifica y envía a sus discípulos a anunciar el Reino de Dios, para que todas las naciones lleguen a ser Pueblo de Dios".
(Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Misiones de 2009).

Se ha de cumplir en el futuro la profecía de Ap 11,15
«El reino de este mundo se ha hecho de nuestro Señor y de su Cristo; y reinará por los siglos de los siglos»

Todavía no ha implantado Jesús el Reino de Dios en la tierra en su plenitud efectiva, pero lo implantará

La Cristiandad futura

La Buena Noticia de la implantación universal del Reino de Dios y la eliminación del actual sistema anticristiano, tras su próxima dominación total

Jesucristo quiere a toda costa reinar en cada alma porque ese es nuestro bien

Y el Corazón de Jesús, el Verbo hecho carne, reinará en España y con más veneración que en otras muchas partes

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