NOTAS [COMENTARIOS DE RAMÓN GELPÍ]    Texto de los Evangelios Concordados    Índice de los Evangelios Concordados . . .......Textos.....INDEX

Nota 125

- Después de la Resurrección (Comentario general)

 

      Hay una cierta diversidad en las narraciones evangélicas tras la Resurrección de Cristo. Las cuatro narraciones son coherentes en sí mismas, como ya es habitual en los Evangelios, pero no todas narran lo mismo ni se sitúan en los mismos lugares.

 

      La dificultad en compaginar las cuatro narraciones se debe a que relatan en realidad situaciones diferentes, y situadas en diferentes lugares, aunque las cuatro arrancan del hecho común y absolutamente coherente de la Resurrección y las primeras apariciones en Jerusalén. A partir de ello, San Mateo narra una aparición multitudinaria en Galilea, en un monte (el Tabor?) que es anunciada a las mujeres que van al sepulcro (este anuncio lo narra San Marcos aunque no habla propiamente de tal aparición). Esta aparición será también relatada por San Pablo que cifra en unas 500 personas las que asisten. [Parece que son los que lo ven en el Monte de los Olivos de Jerusalén, cuando la Ascensión]. San Lucas, en cambio, no dice nada de tal desplazamiento a Galilea pero sí habla de la Ascensión en Jerusalén (San Marcos habla de la Ascensión sin concretar el lugar). En San Juan se trata de otra aparición en Galilea (junto al lago) después de narrar otras dos en Jerusalén. No llega hasta el relato de la Ascensión porque se acaba el evangelio.

 

      En esta parte de la narración evangélica se puede decir que los cuatro son sinópticos, incluso San Juan, que en la parte descriptiva de la Resurrección no difiere, aunque complementa y enriquece con detalles a los otros tres evangelistas.

 

      En una lectura detenida e individual, comparando con el texto completo de los Evangelios hasta la Crucifixión, da la sensación de que a partir de la Resurrección el ritmo narrativo varía, avanza rápidamente y resume lo más importante. En este resumen, queda claro lo siguiente:

 

      1. Cristo se aparece varias veces, primero a las mujeres y particularmente a María Magdalena, y luego a los discípulos de Emaús. Se menciona a su vez que se ha aparecido a San Pedro.

 

      2. Les indica que vayan a Galilea y que allí le verán

 

      3. Antes de que vuelvan a Galilea, se les aparece estando todos reunidos, por lo menos dos veces.

 

      4. De vuelta ya a Galilea se aparece en un monte (puede ser el Tabor) a un grupo, que San Pablo cifra en unos 500. [Parece que son los que lo ven en el Monte de los Olivos de Jerusalén, cuando la Ascensión].

 

      5. También se aparece a Pedro, los Zebedeos, Tomás etc.; (los pescadores) junto al mar de Tiberíades mientras estaban pescando (han retomado su anterior oficio)

 

      6. Después de esto, y sin que la narración aclare el momento, los Apóstoles vuelven a Jerusalén donde se les vuelve a aparecer, les da las últimas recomendaciones y finalmente salen al Monte de los Olivos y Jesús asciende al Cielo ante ellos. Esto ocurre diez días antes de Pentecostés (que también celebraban los judíos) y ellos se quedan en Jerusalén por expreso deseo de Jesús.

 

      7. Aunque ya se comentará en su momento, llama la atención la forma misteriosa de estas apariciones, en las que en un primer momento no le reconocen. Es curioso observar que no le reconocen por su apariencia y sí claramente por sus palabras o acciones. Este hecho no añade ni quita ningún motivo de credibilidad, pero permite reflexionar sobre la resurrección de los muertos prometida por Cristo y las facultades de los cuerpos gloriosos. 

-----------------------------

Yo os transmití en primer lugar, lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto; después se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí (1Cor 3,3-8).