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Al servicio del Reinado del Sagrado Corazón
Por Francisco Canals Vidal Editorial firmada con este nombre. Revista Cristiandad. Barcelona. jul-septbre 1969. Año XLV. Núm. 700-702. Págs. 1-2
Esta revista nacida del espíritu del Apostolado de la Oración, como notó reiteradamente quién fue el inspirador de quienes la fundaron, el P. Ramón Orlandis Despuig S. I. (1873-1958) ha sido por lo mismo, fruto y expresión de los ideales y motivaciones apostólicas propias de Schola Cordis lesu, la Sección del propio Apostolado en que fructificó el carisma de aquel gran apóstol del Corazón de Jesús.
Por esto resulta adecuado, en el tercer centenario de las grandes promesas del Corazón de Jesús comunicadas a Santa María de Alacoque el día 2 de julio de 1688, reflexionar sobre los "pensamientos y ocurrencias" del propio Padre Orlandis acerca del desarrollo providencial de la devoción al Corazón de Jesús, tal como él la concebía en su más genuina autenticidad.
Por haber sido éste un tema reiteradamente tratado en las páginas de Cristiandad (1),
(1) CRISTIANDAD, Nº 588-589. III-IV de 1980, págs. 61-63.
a lo largo de sus más de cuarenta y cinco años de su existencia nos limitaremos aquí a formular tres puntos de reflexión, que quisieran sólo contribuir de alguna manera a la comprensión de nuestra tarea, en su significado de servicio a la Iglesia, por parte de nuestros lectores y de nosotros mismos.
La primera reflexión es el carácter inseparable en el designio providencial, manifestado en la vida de la piedad cristiana, en el magisterio eclesiástico, y en la liturgia del Sagrado Corazón y de Cristo Rey; de la revelación del Corazón de Jesús, como expresión y símbolo del Amor Misericordioso de Dios, y la promesa del Reinado de Cristo en el mundo. Toda devoción al Corazón de Jesús que quiera olvidar su dimensión social y universal no se sitúa en el horizonte de los grandes documentos pontificios: La Annum Sacrum, la Quas Primas, la Misserentíssimus Redemptor, la Summi Pontificatus, la Investigabiles divitias Christi.
El P. Orlandis atribuía especialmente al P. Enrique Ramière S. I., definitivo fundador del Apostolado de la Oración, el haber cumplido la misión de este desarrollo doctrinal y espiritual, que lleva necesariamente al devoto del Corazón de Jesús al servicio de Cristo Rey tal como lo propuso el Papa Pío XI. Pero advertía que con esto aquel insigne y santo jesuita estaba en continuidad con el contenido de los propios escritos de Santa Margarita María de Alacoque, la discípula escogida por el propio Cristo para llevar a su Iglesia a atender al divino mensaje del amor de Dios expresado en el Corazón humano del Verbo Encamado.
Por esto, una segunda reflexión ha de referirse al hecho, que se ha podido experimentar tristemente en las últimas décadas, que toda doctrina o espiritualidad que se vuelva prácticamente de espaldas a las revelaciones "privadas" de Paray le-Monial-aunque sea a pretexto de una mejor fundamentación bíblica y patrística del culto y la devoción al Corazón de Jesús- debilita y desarraiga esta devoción del propio lugar que tiene en la "Iglesia Jerárquica".
La propia fiesta del Corazón de Jesús, las Consagraciones, y el espíritu de Reparación, las prácticas características de "los primeros viernes", y de la "Hora Santa", recientemente recomendadas por Juan Pablo II al Apostolado de la Oración, derivan evidentemente del carisma profético de la vidente de Paray, y del providencial consejero el Beato Claudio de la Colombière; y a la vez están evidentemente en el sentir auténtico de la Iglesia en su concreta vida, y no tal como la quisieran considerar algunos desde prejuicios abstractos, esterilizadores de los movimientos que el Espíritu Santo ha suscitado en la Iglesia, y que los Pastores del cuerpo visible de ella han alentado y aprobado.
Por esto resulta admirable y digno de ser comentado el categórico lenguaje con el que el P. Orlandis refería el desarrollo providencial moderno de la devoción al Corazón de Jesús, con todo su sentido de esperanza en el Reinado de Cristo, a las revelaciones y promesas comunicadas por el Señor a Santa Margarita María de Alacoque.
La tercera reflexión que conviene hacer hoy se refiere a lo más propio y característico, y que tal vez apareció como "singular", del mensaje del P. Orlandis como apóstol de la genuina devoción al Corazón de Jesús. Es este el punto en el que sostiene que Santa Teresita del Niño Jesús con su anuncio del amor misericordioso de Dios y su llamamiento a las "almas pequeñas" a gozarse desde su pequeñez en la omnipotencia del amor paterno de Dios, sintiéndose niños con la infancia evangélica, tuvo la misión de llevar a plenitud en nuestro siglo el designio del Corazón de Jesús revelado a Santa Margarita y admirablemente difundido por el P. Enrique Ramière S. J. y el Apostolado de la Oración.
Lo que el P. Orlandis subrayaba era precisamente la congruencia del modo "sencillo" e "infantil" en que Santa Teresita anuncia la misericordia de Dios hacia las almas pequeñas, para una fructificación en la "humilde y suave confianza", camino único hacia la plenitud de nuestra correspondencia amorosa hacia la caridad divina.
Porque, en cuanto a la claridad inequívoca de la exigencia divina del reconocimiento de nuestra nada y miseria, y del único poder salvífico de Dios, Santa Margarita no había sido menos explícita, aunque tal vez, diríamos con el Padre Orlandis, más severa y en cierto sentido "dura" al comunicarnos las palabras del Señor: "¡Qué tienes tú, polvo y ceniza, de que te puedas glorificar, puesto que no tienes nada de ti misma sino la nada y la miseria que no debes nunca perder de vista, así como tampoco debes salir del abismo de tu nada!, refiere Santa Margarita que le dijo el Señor.
Y en otro lugar el Señor le anunciaba: "Te haré tan pobre, vil y abyecta a tus ojos, te destruiré tan fuertemente en el pensamiento de tu corazón, que podré edificarme sobre esta nada".
Pero puesto que el "poder de Dios se ejercita en nuestra carencia de fuerzas", como enseñaba el Apóstol Pablo; y puesto que el anhelo del Corazón cristiano es que se genere en nosotros la imagen del Hijo de Dios, el Señor dio a Santa Teresita del Niño Jesús el don inestimable de hacernos sentir a los cristianos nuestra humillación como esperanzadora gracia, y designio consolador y paternal de la Providencia divina. Santa Teresita del Niño Jesús, y en esto está tal vez la más profunda razón por la que el P. Orlandis la veía como definitivo apóstol de la devoción al Corazón de Jesús, nos exhorta al gozo, a la alegre esperanza en nuestra pequeñez, como camino y lugar en el que podemos sentir, en la forma más plena e íntima, la bondad salvífica y el amor misericordioso de Dios.
Francisco Canals Vidal