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AL SERVICIO DEL REINO DE CRISTO EN LA IGLESIA POSTCONCILIAR
Por F. C. V. Editorial firmada con estas iniciales. Revista Cristiandad. Barcelona. oct-dic 1968. Año XXIV. Núm. 691-693. Págs. 157-158
Esta Revista, que al aparecer en 1944 se presentaba como publicada por EDICIONES SARDA Y SALVANY, manifestando así su continuidad de pensamiento y actitud con el autor de «EL LIBERALISMO ES PECADO», expresó su propósito, en un artículo programático titulado «El por qué de esta Revista», con unas palabras que han sido desde entonces criterio permanente de nuestra fidelidad y perseverancia en la que consideramos nuestra vocación al servicio de la Iglesia. «Naturalismo y Liberalismo son los principales enemigos del ideal de CRISTIANDAD. No son los más violentos, pero son indudablemente, los más insidiosos. Bajo aspectos de prudencia o de equi· dad, minan las convicciones mismas de los buenos católicos... «El naturalismo y el liberalismo tienen en este momento, una gravedad especial: empapan hasta tal extremo nuestro ambiente, nos son tan connaturales, que escapan constantemente a nuestra observación, por lo que a veces es casi imposible reaccionar contra ellos. «Por esto CRISTIANDAD, sin dejar de combatirlos directamente va a emplear un método indirecto de eficacia positiva: contra el Naturalismo, la propagación de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, fuente de la vida sobrenatural; contra el Liberalismo, la proclamación de la Soberanía social de Jesucristo, como único remedio para salvar a la sociedad». Tenemos la convicción de que el ambiente está hoy, a los cuarenta y cinco años del momento en que fueron escritas aquellas palabras, mucho más gravemente empapado y ,contaminado de los errores que allí denunciábamos. La especial gravedad de la situación radica precisamente en el hecho de que durante demasiado tiempo y desde demasiadas instancias, que han presionado sobre la vida cristiana de las últimas décadas, han venido muchos a pensar que aquel mensaje sintetizado en el ideal del Reino de Cristo y de la consagración de las sociedades humanas a los Corazones de Jesús y de María, había sido cancelado, junto con la enseñanza tradicional de la Iglesia sobre el Reinado Social de Jesucristo, por el último Concilio Ecuménico, el Vaticano 11. 158 Dos significativos hechos recientes nos estimulan a contradecir la difundida y deletérea confusión. El Papa Juan Pablo II ha invitado en su Carta Apostólica ECCLESIA DEI, a un empeño de profundización, ordenando a que se clarifique plenamente «la continuidad del Concilio con la Tradición», y el Cardenal Ratzinger, hablando a los Obispos de Chile y de Colombia, ha puesto en guardia contra la desviación de los que «no tratan el segundo Concilio Vaticano como parte de la totalidad de la Tradición viva de la Iglesia». Ha llegado incluso a advertir que: «la única manera para hacer creíble el Vaticano II es presentarlo claramente como lo que es: Una parte de la única Tradición de la Iglesia y de su Fe». Se hablaría pues incorrectamente del Concilio Vaticano II si en su nombre se pretendiese seguir manteniendo en el olvido, el silencio, o el desprecio y la negación, la doctrina tradicional católica sobre el deber de las sociedades humanas hacia la única verdad religiosa, la que la Iglesia tiene misión permanente de enseñar a todos los hombres. En una situación «pluralista» sigue siendo verdad que debe ser siempre recordada 'y proclamada que el nombre de Cristo es el único que se ha dado a los hombres para ser salvos. Y que esta Realeza de Jesucristo se refiere a las sociedades lo mismo que a los individuos, corno afirmó el Papa Pío XI al instituir la festividad de Cristo Rey en 1925. Sigue siendo urgente proclamar que «en el Corazón de Jesús hay que colocar toda esperanza», y esperar de El la salvación, como invitó a hacerlo a todos los cristianos León XIII, al consagrarle, a fines del pasado siglo, el Universo entero. La situación actual, descrita en las palabras a que aludimos, nos estimula, pues, a los redactores de esta Revista, a reafirmar nuestro propósito, al que consagrarnos de modo especial la serie entera de los números del año 1969, de servicio al Reino de Cristo en la Iglesia postconciliar. Esperamos aportar así la contribución que nos exige nuestra vocación específica a aquella única credibilidad del Concilio Vaticano II como parte de la Tradición viva de la Iglesia Católica.
F. C. V.
«No, venerables hermanos -hay que recordarlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual, en que cada individuo se convierte en doctor y legislador-, no se edificará la ciudad de un modo distinto a como Dios la ha edificado; no se levantará la sociedad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar, ni la ciudad nueva por construir en las nubes. Ha existido, existe; es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de instaurarla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana, de la revolución y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo. SAN PIO X. Notre Charge Apostolique