....Textos.....Artículos.....INDEX
La escuela tomista de Barcelona en Schola Cordis Iesu
FRANCISCO CANALS VIDAL Cristiandad Año LXIII núm. 904 Noviembre 2006 Pág 21
AUNQUE muchos lectores de la revista Cristiandad hayan alguna vez oído o leído algo sobre la escuela tomista de Barcelona no puede decirse que haya sido estudiada con precisión ni que se la haya descrito o definido con detalle. Ciertamente, todos admitirán que esta corriente preferentemente laical del tomismo surgió en Barcelona como fruto del magisterio del padre Ramón Orlandis, S. I., muy preferentemente, casi diríamos exclusivamente, realizado entre seglares, en el Apostolado de la Oración de Barcelona y en el contexto espiritual y cultural de la fundación de la sección del Apostolado a la que dio el nombre de Schola Cordis Iesu.
Sobre la base de su magisterio, los trabajos llevados a cabo por Jaime Bofill –el discípulo tomista del padre Orlandis, especialmente en sus trabajos de doctorado– recogen los temas y mensajes característicos en teología y en filosofía que el padre Orlandis había tratado en sus artículos sobre los Ejercicios de san Ignacio. Entre ellos, una comprensión ejemplarista de la perfección de la persona humana centrada en la participación del bien divino, máximamente ejercida en el amor de caridad, que informa la plenitud de la felicidad humana en la contemplación de Dios, que es Amor, así como una consideración teocéntrica y ejemplarista del concepto mismo de ‘persona’, máximamente participante del bien divino en el universo.
También la triple dimensión del bien finito y creado, denominado como «modo, especie y orden», fue pensada por Orlandis y por Bofill siguiendo su orientación como conciencia del espíritu personal, apertura del espíritu pensante a la infinidad y a Dios y suprema ordenación del ser personal en el amor de amistad, que culmina en la caridad teologal, por la que el hombre es máximamente «deificado», puesto que Dios es caridad, según ha recordado Benedicto XVI en la apertura de su pontificado.
Expresados en los artículos del padre Orlandis y en el magisterio personal hacia su discípulo Jaime Bofill, estas ideas inspiran la tesis de doctorado del que sería, en 1950, catedrático de metafísica de la Universidad de Barcelona y orientan el que quiere ser un tomismo auténtico, sin minimizaciones o limitaciones de una perspectiva exclusivamente intelectualista. Con Jaime Bofill y su tarea universitaria, por una parte, y su actividad en Schola Cordis Iesu y en la redacción de la revista Cristiandad por otra, se inicia este tomismo barcelonés que, desde su origen, se ha hecho presente en otras partes de España, y aun fuera de ella, y tendríamos que reconocerla presente también, por ejemplo, en Chile y en Suiza.
No trato ahora de recensionar estos trabajos, sino de aludirlos de modo que puedan afirmar con fundamento un hecho suficientemente visible para cuantos nos conozcan: la presencia de este tomismo en grupos de seglares ha ido, con la máxima frecuencia, unido al hecho de la fecundidad de tales grupos en vocaciones sacerdotales. No pretendo ofrecer una relación nominal y prefiero invitar a todos aquellos que han tenido alguna noticia de nosotros a recordar a aquellos amigos o familiares de los mismos que, en estos últimos años, han recibido estas gracias que les han llevado a la ordenación sacerdotal, que hemos sentido todos como debida últimamente al ambiente creado providencialmente en Schola Cordis Iesu.
En lo que se refiere a la doctrina de santo Tomás, ya he notado antes el deseo de superación de límites intelectualistas. Si el supremo acto del espíritu es la contemplación intelectual, hay que entenderla como contemplación amorosa del bien divino, en la felicidad de la vida eterna. Pero, en el hombre viador, la mayor excelencia compete a aquella actividad práctica que ordena inmediatamente al hombre a aquella vida eterna, que no es otra que la oración suplicante por la que el hombre, como diría el padre Orlandis, se ordena, por su aceptación de la liberalidad de Dios, «que es Amor», a participar en su vida eterna e íntima, a la que Él atrae la nuestra.
Hay que reconocer en esta súplica la más profunda «palabra del corazón». Podemos reconocer, así, la congruencia y armonía de las verdades más fundamentales de la metafísica y del pensamiento sobre el hombre de santo Tomás de Aquino (que nos hace más manifiesta la coherencia de la aspiración humana a la contemplación racional de lo que, por ser el primero de los entes, es la Verdad primera y el Bien supremo) con la fe en lo que nos revela Dios por su eterna Palabra, por la que constituyó a todos los entes creados en la unidad del universo, a Él ordenado, y con el acto pleno de la caridad teologal, inseparable de la perfección del supremo acto contemplativo y de la felicidad humana suprema y eterna.
No creo que aquellos hechos (la fructificación intelectual y las vocaciones suscitadas en el seno de Schola) fuesen explicables desde una delimitación meramente especulativa e intelectual de nuestro «tomismo». Por el contrario, ponen de relieve que el rasgo propio de la actitud con que se acerca a las obras del Doctor Angélico la llamada escuela tomista de Barcelona es básicamente «una actitud eclesial», buscando en ellas lo que la Iglesia mostró al recomendarlas, preferentemente, en la formación del sacerdocio: una nutrición y orientación de la vida espiritual y del servicio apostólico.
No ha sido, pues, anecdótico, sino muy esencialmente derivado de la enseñanza del padre Orlandis, que él veía como el ejercicio, en la Iglesia, del culto al Corazón de Jesús como camino hacia lo que el Magisterio pontificio presentaba como Reinado, en la sociedad humana, de Cristo por su Corazón. Esta conexión que se ha dado, de hecho, entre la formación de Schola, profundización de los ideales y doctrinas del Apostolado de la Oración, y el conocimiento especulativo de la doctrina de santo Tomás.
A lo largo de toda su vida, el padre Orlandis profundizó en el conocimiento del Amor efusivo y misericordioso de Dios como motivo de la Creación y orientación final de su Providencia, que veía resumida y simbolizada en el Corazón de Aquel que dijo no haber venido a salvar a los justos, sino a los pecadores. De este espíritu están impregnadas tanto las enseñanzas sobre el Reinado del Corazón de Jesús expresadas en los Pensamientos y ocurrencias del padre Orlandis, como las dimensiones de la síntesis de santo Tomás que él subrayó como rasgo de la escuela tomista de Barcelona, que tienen una conexión inseparable con los mensajes espirituales de Schola Cordis Iesu.