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La muerte y resurrección de Jesús, el Verbo hecho carne, anunciadas por Él mismo

Jesús, el Verbo hecho carne, tenía presente que venía a padecer y morir por nosotros. Ya desde el primer instante de la Encarnación es obediente hasta la muerte de cruz:

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios, entonces yo digo: «Aquí estoy -como está escrito en mi libro- para hacer tu voluntad. Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas» (Sal 39,7-8).

Al entrar en este mundo, dice: «Sacrificio y oblación no quisiste; pero me has formado un cuerpo. Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces dije: ¡He aquí que vengo -pues de mí está escrito en el rollo del libro- a hacer, oh Dios, tu voluntad!». Dice primero: «Sacrificios y oblaciones y holocaustos y sacrificios por el pecado no los quisiste ni te agradaron» -cosas todas ofrecidas conforme a la Ley-. «Entonces, -añade- he aquí que vengo a hacer tu voluntad». Abroga lo primero para establecer lo segundo (Heb 10,5-9).

Y desde que se autorrevela en las bodas de Caná ya está claro que o creerán en Él, o querrán matarle. Tendrá que andar huido y escondido hasta que llegue la hora de la pasión. Más de una vez se tendrá que escapar de las manos de los que ya querían matarle.

Y en la transfiguración nos da a conocer que de eso tan asombroso, de su muerte, era de lo que se hablaba en el cielo:

Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante, y he aquí que conversaban con él dos hombres, que eran Moisés y Elías; los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén (Lc 9,29-31).

1er anuncio

"Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que
Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día.
Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: «¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!»
Pero él, volviéndose, dijo a Pedro:
«¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!».
Entonces dijo Jesús a sus discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?»
«Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
Yo os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino».
Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto.
Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él... una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía:
«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle»".
(Mt 16,21-28; 17,1-3; 17,5)

"Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días.
Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle.
Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: «¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».
Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? Pues ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque quien se avergüence de Mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles».
Les decía también:
«Yo os aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios».
Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos.
Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús... Se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube:
«Este es mi Hijo amado, escuchadle»".
(Mc 8,31-38; 9,1-2; 9,4; 9,7)

"Dijo: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día».
Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará.
Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?
Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras, de ése se avergonzará el Hijo del hombre, cuando venga en su gloria, en la de su Padre y en la de los santos ángeles.
«Pues de verdad os digo que hay algunos, entre los aquí presentes, que no gustarán la muerte hasta que vean el Reino de Dios».
Sucedió que unos ocho días después de estas palabras, tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar.
Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante,
y he aquí que conversaban con él dos hombres, que eran Moisés y Elías;
los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén...
Se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor.
Y vino una voz desde la nube, que decía:
«Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle»".
(Lc 9,22-35).

2º anuncio de la Pasión

"Yendo un día juntos por Galilea, les dijo Jesús:
«El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará».
Y se entristecieron mucho.
(Mt, 22-23) Cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.
Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de «resucitar de entre los muertos».
Y le preguntaban: «¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero?»
El les contestó:
«Elías vendrá primero y restablecerá todo; mas, ¿cómo está escrito del Hijo del hombre que sufrirá mucho y que será despreciado? Pues bien, yo os digo:
Elías ha venido ya y han hecho con él cuanto han querido, según estaba escrito de él»".
(Mc 9,9-13).

"Atravesaron Galilea; Él no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.
Les decía:
«El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará».
Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle.
Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó
«¿De qué discutíais por el camino?».
Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.
Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».
(Mc 9,30-34).

«Poned en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».
Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto.
(Lc 9,44-45).

 

3er anuncio de la Pasión

"Cuando iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomó aparte a los Doce, y les dijo por el camino:
«Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas; le condenarán a muerte
y le entregarán a los gentiles, para burlarse de él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará».
Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo.
El le dijo: «¿Qué quieres?»
Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino».
Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo voy a beber?»
Dícenle: «Sí, podemos».
Díceles: «Mi cáliz, sí lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre»".
(Mt 20,17,23)

 

"Iban de camino subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que le seguían tenían miedo. Tomó otra vez a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder:
«Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles,
y se burlarán de él, le escupirán, le azotarán y le matarán, y a los tres días resucitará».
Se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: «Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos».
El les dijo: «¿Qué queréis que os conceda?»
Ellos le respondieron: «Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda».
Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado
Ellos le dijeron: «Sí, podemos».
Jesús les dijo: «La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo conque yo voy a ser bautizado;
pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado»".
(Mc 10,32-40).

 

"Tomando consigo a los Doce, les dijo: «Mirad que subimos a Jerusalén, y se cumplirá todo lo que los profetas escribieron para el Hijo del hombre;
pues será entregado a los gentiles, y será objeto de burlas, insultado y escupido; y después de azotarle le matarán, y al tercer día resucitará».
Ellos nada de esto comprendieron; estas palabras les quedaban ocultas y no entendían lo que decía".
(Lc 18,31-34)

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Cuarto anuncio de su Pasión:

"Dijo a los discípulos:
«Tiempo vendrá en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: 'Está allí, está aquí'. No vayáis, ni os precipitéis. Porque como el relámpago fulgura en una parte del cielo y brilla hasta la otra, así será el Hijo del hombre en su día. Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación».
(Lc 17,22-25).

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Otro anuncio, en el evangelio del Buen Pastor:

«Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Yo doy mi vida por las ovejas. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla.
Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».
(Jn 10,11;10,15;10,17-18. Bibl CEE)

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Jesús, en su despedida reuerda los anuncios de su Pasión.

Explica santo Tomás de Aquino que fue necesario que Jesús, el Verbo hecho carne, padeciese por la liberación del género humano por razón de un fin que era cumplir la decisión divina sobre la pasión de Cristo preanunciada en las Escrituras y prefigurada en las observancias del Viejo Testamento. Estar profetizados los padecimientos de Cristo, significaba que era decisión divina que nuestra redención la realizase Cristo siendo obediente hasta la muerte y una muerte de cruz. (S Th, III, 46, 1 C). Y de ahí las frecuentes expresiones que aparecen en los evangelios de que esto se hizo para cumplir las Escrituras en tal lugar y en tal otro. Era cumplir la voluntad divina y obedecer estrictamente. Santo Tomás trae allí mismo como resumen estas palabras en las que Jesús, el Verbo hecho carne, en su despedida, cuando ya resucitado no convivía con sus discípulos, les recuerda los anuncios de su Pasión; palabras que pone san Lucas al final de su evangelio:

«Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí"».
Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo:
«Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén» (Lc 24, 44-47).

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Y sobre todo hizo Jesús en la última cena el anuncio y ofrenda de su muerte inmediata:

Es fácil decir este pan es mi cuerpo, este vino es mi sangre. Lo difícil es decir este pan es mi cuerpo que será entregado, este vino es mi sangre que será derramada. Y cumplirlo enseguida y morir por nosotros para que sepamos que es verdadera su presencia real en la eucaristía y podamos creerlo con fe sobrenatural, además de beneficiarnos de ese rescate pagado con su sangre en la Cruz y del alimento con su carne para compartir su vida divina.

La presencia real de Cristo en la Eucaristía demostrada por la muerte de Cristo
Jesús, el Verbo hecho carne, con su muerte autoanunciada, demuestra su presencia real en la Eucaristía.

Y además, al no huir sabiendo que le iban a matar ya, demostró su divinidad. A la manera que Él demuestra las cosas; sin dejarse ver; para que tengamos el mérito de la fe, como dice santo Tomás.

Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, obtuvo la victoria de ser obediente a la voluntad divina, aunque le matasen en la cruz.

Nos dio la victoria a sus hermanos los hombres (varones y mujeres) de que uno de los nuestros fue obediente, aunque le matasen en la cruz.

Al padecer su muerte como hombre en su persona divina, sobrepasó infinitamente la compensación por todas nuestras desobediencias desde Adán y Eva, con una medida colmada, apretada, remecida, rebosante infinitamente.

Esa victoria que consiguió Jesús, el Verbo hecho carne, con su muerte desembocó en Su resurrección que es el principio de la plenitud consumada del Reino de Dios en nuestra alma, en las de todos los demás y en todas las naciones