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El jubileo de la Porciúncula
Fuente: EWTN España
El 2 de agosto, es el jubileo de la Porciúncula. Desde la tarde del 1 de
agosto hasta la medianoche del 2 de agosto, se puede
conseguir indulgencia plenaria y sacar, aplicándosela, un alma del purgatorio,
visitando la parroquia y rezando allí un padrenuestro y un credo,
más los requisitos ordinarios de estar en gracia y aborrecer
todo pecado, tener intención de conseguir la indulgencia, rezar
un padrenuestro por el Papa y sus intenciones, comulgar ese día
y confesarse en los veinte días posteriores o haberse confesado
en los veinte días anteriores. Es también el día de Nuestra Señora
de los Ángeles, Patrona de la diócesis de Getafe y de las órdenes
franciscanas.
También se puede conseguir esta indulgencia haciendo lo mismo en
una catedral y en las iglesias de los franciscanos y capuchinos.
Pero este 2026 la celebración reviste un carácter excepcional, porque coincide con el Año Jubilar Franciscano, convocado por el Papa León XIV con motivo del 800 aniversario de la muerte de San Francisco de Asís, una conmemoración que invita a redescubrir el corazón de su legado: la misericordia, la reconciliación y la paz.
La Porciúncula es una pequeña capilla situada hoy en el interior de la gran Basílica de Santa María de los Ángeles de las afueras de Asís.
Porciúncula nombre significa literalmente "pequeña porción de tierra". Cuando Francisco llegó allí a comienzos del siglo XIII, la pequeña iglesia se encontraba prácticamente en ruinas. El joven de Asís decidió restaurarlo con sus propias manos y convertirlo en un lugar de oración. Sin imaginarlo, aquella humilde ermita acabaría convirtiéndose en el corazón del movimiento franciscano. Allí comprendió con mayor claridad su vocación evangélica, acogió a los primeros frailes, recibió a Santa Clara y pasó los últimos días de su vida antes de morir el 3 de octubre de 1226. Para San Francisco, la Porciúncula era mucho más que una iglesia: era el lugar donde Dios había transformado su vida y desde donde comenzó un movimiento espiritual basado en la pobreza, la fraternidad y el anuncio del Evangelio.
Una noche de 1216, mientras oraba en la Porciúncula, San Francisco tuvo una visión de Jesucristo y de la Virgen María rodeados de ángeles. En aquella aparición, Jesús, el Verbo hecho carne, le preguntó a Francisco qué gracia deseaba para la salvación de las almas.
La respuesta del santo sorprendió por su sencillez: no pidió honores para su Orden ni privilegios personales. Suplicó que todas las personas que acudieran arrepentidas a aquella pequeña capilla pudieran recibir el perdón pleno de sus pecados. Poco después, Francisco presentó esta petición al papa Honorio III, quien aprobó la concesión de la indulgencia. Con el paso de los siglos, el privilegio fue ampliándose progresivamente hasta que la Iglesia permitió obtener esta misma gracia espiritual en todas las iglesias parroquiales y franciscanas y catedrales durante los días 1 y 2 de agosto.