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APENDICE 1: La Santa Sábana de Turín
1. COMENTARIO GENERAL:
Aunque sea brevemente, conviene un comentario a la Sábana Santa de Turín. Recomendaremos, no obstante, para quien tenga interés en profundizar, el libro de J. M. Igartua SJ: "El Enigma de la Sábana Santa". Este autor que ha sido citado como escriturista en esta obra, también ha escrito magistralmente un estudio de la Pasión de Cristo a la vista de las huellas de la Sábana Santa.
Conviene saber ante todo, que aunque la Sábana Santa se ha venerado como la mortaja de Jesús desde la época de los Cruzados y se pierde en el tiempo su origen anterior, la verdadera certificación de autenticidad data prácticamente de principios del Siglo XX, cuando el fotógrafo Secondo Pia realizó una placa del lienzo. Se observó al examinar el negativo, que la figura que se adivinaba en la Sábana aparecía con una claridad desconocida hasta entonces. A partir de este momento se inicia un estudio sistemático, que ha ido aportando cada vez más evidencias de lo que se conocía simplemente por tradición. Después de estas primeras pruebas, las fotografías se han multiplicado, hasta que con las primeras técnicas digitales (fueron realizadas por un equipo de la NASA, utilizando medios que entonces no eran de uso común), se observó que la imagen era a su vez tridimensional.
En efecto, las manchas o sombras, que en realidad son muy tenues, constituyen en sí mismas un negativo, que pasa a ser positivo al realizar el negativo fotográfico; pero además, la intensidad de la imagen es inversamente proporcional a la distancia entre el lienzo y el Cuerpo, y esto ha permitido descubrir detalles que hasta hace relativamente poco no podían ni tan sólo ser intuidos. Mencionaremos tan sólo, a título de ejemplo, dos monedas romanas, de curso legal en la época de Cristo, que aparecen sobre los ojos de Jesús y se pueden identificar.
Se puede decir que la Sábana Santa constituye una prueba de credibilidad, que la Providencia ha reservado para nuestro tiempo. Para tener una perspectiva adecuada de ello véanse las imágenes siguientes:
La primera es una visión del aspecto natural de la Sábana: La imagen del rostro es escasamente visible, y claro está, en negativo. Son visibles las manchas de sangre, pero la cara queda muy difuminada. Es lo que han podido conocer los que la han venerado hasta el Siglo XX.
La segunda es la misma imagen fotografiada, pero con un fuerte contraste. La mayoría de las imágenes que se incluyen en libros y tratados de la Sábana Santa aparecen así, pero hay que tener en cuenta que sin el contraste (antes de la invención de la fotografía) este rostro en negativo tampoco era visible.
La tercera imagen es el negativo fotográfico de la imagen contrastada, que se convierte en positiva: El rostro de Jesús aparece de forma tan impresionante, que todo comentario queda pobre.
2. BREVE DESCRIPCIÓN:
Por razones de espacio estamos omitiendo muchos detalles, que el lector podrá encontrar en obras especializadas, como la que recomendamos de J. M. Igartua. Pero añadiremos un breve comentario a las imágenes de cuerpo entero, que conservamos en el original contrastado (es decir, sin pasar a negativo).
Para quien no lo sepa hay que hacer una advertencia sobre las manchas negras repetidas a trechos regulares y los triángulos blancos que las flanquean. Se trata de quemaduras producidas en un incendio en la Iglesia de la población alpina de Chambery, donde estuvo depositada la Sábana Santa hasta el año 1578. Los triángulos son remiendos añadidos después del incendio, por las religiosas que la custodiaban. Estas manchas dificultan, pero no impiden en absoluto el estudio de las huellas de la Pasión.
El misterio mayor que encierra la imagen de la Sábana Santa está en la causa de su impresión, véase la NOTA 127:
"... ¿Por que Juan vio y creyó?; ¿Qué es lo que vio, que no le hizo pensar que habían robado el cuerpo de Jesús, sino que había resucitado?: Juan vió y creyó, al ver la mortaja "desinflada" sobre el sepulcro.
El estudio de la Sábana Santa ha permitido comprender muy bien esta escena. La imagen de la mortaja de Jesús es probablemente de origen radiactivo. Es decir, si el resultado es fotográfico se debe a que es consecuencia de una muy fuerte radiación luminosa o térmica (o ambas cosas) pero de duración infinitesimal. Tal debió ser el efecto de la Resurrección de Nuestro Señor. Por esto el cuerpo debió desaparecer del interior de la Sábana, doblada y envolviendo, sin deshacerla. Debió ser algo sí como un fogonazo ..."
Reforzando esta hipótesis, se puede observar como, a diferencia de esta imagen del cuerpo de Jesús, las manchas de sangre sí son manchas claramente visibles y que permiten ver la marca del clavo en la muñeca visible, la lanzada, las marcas de la corona de espinas, etc. etc. De hecho estas manchas son más claramente visibles si se observan en el original (o la copia facsímil que se puede contemplar en Turín), sin intermediar técnica fotográfica alguna. Es curioso observar que la mayoría de los azotes son precisamente menos visibles (hace falta el contraste fotográfico) porque al morir Jesús, las tremendas llagas causadas ya no debían sangrar.
3. LA PRUEBA DEL CARBONO 14:
Hace algunos años (en 1988), al autorizar el Cardenal Ballestrero, con permiso de la Santa Sede, la realización de unas pruebas de datación del lienzo, mediante el método del Carbono 14, se produjo una contradicción con todo lo estudiado hasta el momento. El resultado databa dicho lienzo alrededor del Siglo XIII. Los medios de comunicación calificaron de "falsa" la Sábana Santa.
A este respecto hay que hacer la siguiente consideración: si la Sábana Santa fuera falsa como mortaja de Jesús, y datara del Siglo XIII como se pudiera deducir de la prueba, estaríamos ante una imagen inequívocamente milagrosa, impresa en un lienzo muy antiguo, y que sólo ha sido posible verificar en el Siglo XX, como ya se ha dicho. Esta imagen sólo puede corresponder al cuerpo de Jesús, porque los estigmas de la Pasión son absolutamente exclusivos, sobre todo la coronación de espinas, por tanto si la Sábana no fuera auténtica, el hecho sería mucho más extraordinario, y se podría calificar perfectamente de milagro.
De todas formas, la mayoría de los especialistas tienen serias dudas sobre la validez de estas pruebas, ante los avatares que ha sufrido la Sábana (Incendios, humo de cirios, etc.), y no falta quien duda a su vez de la buena fe de las manipulaciones de los análisis. Nosotros, sin entrar en discusiones de este tipo, sí queremos apuntar un hecho que podría explicar la alteración del Carbono 14. Se trata de la radiación que causó la imagen, que cabe suponer se produjo al resucitar Nuestro Señor. Es una radiación de origen y cualidades ciertamente desconocidos hasta hoy, aunque su rastro es evidente. Pues bien, las radiaciones electromagnéticas de onda muy corta, son capaces de alterar las fibras en el sentido de "rejuvenecer" la prueba del Carbono 14. ¿Es este rejuvenecimiento, tal, que salte del Siglo XIII al Siglo I? Esto es imposible saberlo, pero son tantas las evidencias de que la imagen corresponde a la Pasión y muerte de Nuestro Señor, que esta consideración llega a carecer de relevancia.