NOTAS [COMENTARIOS DE RAMÓN GELPÍ]    Texto de los Evangelios Concordados    Índice de los Evangelios Concordados . . .......Textos.....INDEX

Nota 70

      El ciego de Jerusalén, o el ciego de nacimiento, según dice la narración, pedía limosna probablemente en una de las puertas del Templo. Hay quien piensa en la llamada "Puerta Hermosa", porque en los Hechos de los Apóstoles se narra la curación de un cojo, por acción de San Pedro, y estando presente San Juan. Pero no hay ningún fundamento, el Evangelio dice "al pasar", cuando salían.

      Este episodio no necesita muchos comentarios: es una de las más vivas y deliciosas narraciones de San Juan y es para ser contemplada tal cual. Nos limitaremos, por tanto a explicar los movimientos y las situaciones.

      Jesús, después de aplicarle el barro al ciego, le envía a lavarse a la piscina de Siloé. Esta piscina tenía en Jerusalén una función primordial porque constituía el aljibe del que se suministraba el agua a la población. En el plano de la ciudad se observa la existencia de la piscina, y de una fuente llamada "Guijón" que, como se ve, se hallaba fuera de la muralla. El piadoso rey Ezequías, ante el inminente asedio de Jerusalén por el asirio Senaquerib, mandó excavar un túnel de conducción de agua que permitiera disponer de ella desde el interior de la fortificación. La piscina de Siloé era el depósito de este manantial.

      De esta piscina se conserva una pequeña parte (era mucho más grande) que puede ser visitada por los Peregrinos de Tierra Santa, aunque naturalmente está fuera de la muralla actual, que deja extramuros el barrio de Siloé.

                                                                     

      En la narración se observa que son los fariseos los que interrogan sucesivamente al ciego y a sus padres. No se dice aquí si hubo también sacerdotes, pero se ve claramente que las acusaciones de no guardar el sábado, etc. procedían de esta secta de los fariseos, que al parecer tenían gran influencia en el pueblo Judío. Los fariseos no eran propiamente ni sacerdotes ni estaban al servicio del Templo. Para buscar un paralelismo actual, tendríamos que decir que eran una especie de teólogos, que se arrogaban el derecho a interpretar la Ley, apoyados en su "sabiduría". Jesús les denuncia repetidamente y les acusa, entre otras cosas, de practicar una "tiranía intelectual" sobre el pueblo (ver NOTA 72: ADVERTENCIA SOBRE ZACARIAS, punto 196).