NOTAS [COMENTARIOS DE RAMÓN GELPÍ]    Texto de los Evangelios Concordados    Índice de los Evangelios Concordados . . .......Textos.....INDEX

Nota 82

      Los Peregrinos de Tierra Santa visitan en Betania la Iglesia y la tumba de San Lázaro. La Iglesia se supone aproximadamente en el lugar en que se encontraba la casa. Junto a esta Iglesia existe un antiquísimo molino de aceite, que aunque no es contemporáneo de Jesús, permite pensar en que probablemente la casa pudo contar con instalaciones parecidas y algún tipo de explotación agraria. La familia de Betania tenía sin duda una buena situación económica y social; tal parece deducirse de la narración evangélica, y sobre todo en lo descrito por San Juan a partir de la resurrección de Lázaro.

      La tumba está algo apartada del lugar en que se encontraba la casa. Es lógico dadas las costumbres judías con respecto a las sepulturas. Se da la circunstancia de que esta tumba se encuentra ubicada bajo una Mezquita, y por ello, en principio sin acceso. Sin embargo, gracias a un acuerdo entre las distintas confesiones, algo muy frecuente en Tierra Santa, se puede visitar utilizando un acceso lateral, que llega a la tumba por una larga escalera subterránea.

                                                                             

      La Resurrección de Lázaro es sin duda el milagro más importante de Jesús. No es la única resurrección descrita en los evangelios. En el punto 92 (Mt 11, 5) dice Jesús a los enviados de San Juan Bautista: "Los ciegos recobran la vista, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados". En los Evangelios, además de la resurrección de Lázaro, hay constancia de al menos dos resurrecciones: La del hijo de la viuda de Naim (punto 90; Lc 7, 11 - 17) y la de la hija de Jairo (punto 114; Mt 9 y Mc 5).

      Sin embargo la resurrección de Lázaro constituye un milagro especialmente relevante. No se trata de resucitar a alguien que acaba de morir y está aún en el lecho de muerte. Lázaro llevaba cuatro días muerto  y estaba enterrado. Una creencia judía extendida en tiempo de Cristo, suponía que la separación entre el alma y el cuerpo se producía después del tercer día, por tanto a los ojos de los que lo vieron, el milagro que hizo Jesús con Lázaro era más evidente, si cabe, que las otras resurrecciones descritas en los Evangelios.

      Es sorprendente, sin embargo, que un hecho tan importante no sea narrado por los otros Evangelistas. Esto ha servido a los relativistas como pretexto para negar la autenticidad histórica, y pretenden convertir el relato en una especie de parábola. No es este el lugar para entablar una controversia escriturística, pero debemos advertir que la descripción que hace San Juan es de una minuciosidad, y riqueza de detalles que sólo son posibles en alguien que explica algo que ha vivido personalmente. Lo contrario sería admitir que San Juan miente de forma realmente perversa, y esto no lo puede pensar nadie que de verdad sea creyente. Hay que buscar, por tanto, una explicación razonable en la seguridad de que existe.

      En primer lugar hay que advertir que el silencio de los otros Evangelistas, no puede ser nunca un argumento sólido para desmentir al que sí lo narra. Este silencio puede ser debido a alguna causa que lo justifique, y aunque no logremos descubrirla, podemos y de hecho debemos tener por cierta la narración de San Juan, considerada por la Iglesia Católica como inspirada.

      Nosotros vamos a esbozar una explicación, perfectamente verosímil. No es la única posible, pero a la vez sirve muy bien para la contemplación de la vida de Cristo que estamos desarrollando, y por esto nos detenemos un poco en ella:

      Jesús resucita a un hombre que ya está legalmente muerto. La administración romana era rigurosa con los censos, recordemos el de Cirino, que motivó el nacimiento de Jesús en Belén. Lázaro, una vez resucitado se encontró en una situación de clandestinidad. Pero aún hay un argumento más claro. San Juan dirá en Jn 12, 9 - 11 (ver punto 248) que Lázaro es también perseguido por los judíos: "9 Conoció luego una gran muchedumbre de judíos que Jesús estaba allí, y acudieron no sólo para ver a Jesús, sino también a Lázaro, a quien resucitara entre los muertos. 10 Entonces los jefes de los sacerdotes acordaron matar también a Lázaro, 11 pues a causa de éste, muchos judíos los abandonaban y creían en Jesús". Así pues Lázaro sin duda debió de ocultarse.

      Los Evangelios de San Mateo y San Marcos fueron escritos en plena persecución en Jerusalén (véanse los Hechos de los Apóstoles). Recordemos que estos Evangelios procedían de la enseñanza oral. En ella, posiblemente se narraría de viva voz la resurrección de Lázaro (sin duda con menos detalles de los que más tarde aportará San Juan), pero una vez escrito el texto Evangélico, este pasaje debió quedar suprimido por razones de prudencia; incluso los Evangelios aprendidos de memoria debieron omitir esta referencia. La familia de Betania debió vivir escondida algún tiempo hasta que, en un momento dado, y siguiendo con lo descrito en la NOTA 67 (punto 175), pudieron ser apresados y embarcados, o tal vez ellos mismos pudieron huir. El hecho es que su rastro aparece algún tiempo más tarde en la Provenza francesa, como ya se ha dicho.

      Hay todavía otra referencia digna de consideración. Se trata del Evangelio de San Lucas. El escriturista J.M. Igartua le atribuye al pasaje del mendigo y el rico (Lc 16, 19 - 31) y que se ha contemplado en el punto 223 de este trabajo, una especie de sentido en "clave" sobre el hecho de la resurrección, transmitido de palabra pero ocultado en los escritos. En su obra "El Misterio de Cristo" escribe:

      " ...Esta Parábola, original entre las demás es la única en la que el protagonista aparece con su nombre personal ... ... en ninguna otra hallamos nombre alguno personal sino en ésta, y es precisamente el de Lázaro ... ... no es casual el nombre ..."

      " ...el nombre de Lázaro en la Parábola puede transformarse en una alusión -indirecta- a la resurrección del Lázaro de Betania, pues dicha Parábola termina así: Te ruego padre Abraham, que envíes (a Lázaro) a mis hermanos para avisarles de lo que aquí -el Infierno- les espera y se arrepientan ... ... padre, si va un muerto a avisarles harán penitencia  -  Responde Abraham: Si no oyen a Moisés y los Profetas, aunque resucite un muerto (Lázaro, en este caso), no le creerán (Lc 16, 30 - 31)."

      ¿Por qué San Lucas, al narrar la Parábola explicada por Jesús, había de utilizar esta especie de "clave" con el nombre del mendigo?. Esta clave, si se refería a Lázaro de Betania, debía haber alguna razón para que no pudiera escribirse, y esta razón podría ser la misma que hemos explicado referente a San Mateo y San Marcos.

      Resumiendo. Se puede establecer como probable la cronología siguiente:

      - Jesús resucita a Lázaro y es celebrado por amigos, vecinos y discípulos durante algunos días

      - Se produce la cena en casa de Simón el leproso (punto 248) en Betania, estando Lázaro entre los convidados. San Juan referirá la decisión del Pontífice de matar a Lázaro. Este se oculta.

      - Los Evangelios de San Mateo y San Marcos se escriben sin la referencia a la Resurrección de Lázaro.

      - San Lucas escribe su Evangelio, indagando los hechos por su cuenta, durante un tiempo en que se hallaba en Jerusalén, con San Pablo encarcelado. San Lucas todavía no narra la resurrección, pero da un texto en "clave" para ser comprendido por los que conocen la evangelización oral

      - La familia de Betania aparece en la Provenza francesa. Dice una tradición que fueron capturados y embarcados, etc.

      - Ya no hay razón para ocultar la resurrección de Lázaro. Más tarde, después de la destrucción de Jerusalén, San Juan escribe su Evangelio, completando a los anteriores. El sí describe el hecho, con toda clase de detalles.

      Toda esta deducción, naturalmente puede no ser exacta. No es la única explicación posible. Pero el hecho de que exista una, nos demuestra que las prevenciones de los relativistas están fuera de lugar. A nosotros, en cambio, nos ayuda para nuestra finalidad contemplativa. Nos hace sentir más cerca de esta familia de Betania, los amigos de Jesús.