NOTAS [COMENTARIOS DE RAMÓN GELPÍ]    Texto de los Evangelios Concordados    Índice de los Evangelios Concordados . . .......Textos.....INDEX

Nota 118

      Jesús fue crucificado cerca de la muralla de Jerusalén. El Gólgota no era una montaña, aunque se ha representado frecuentemente así; se trataba de una pequeña elevación rocosa en la que probablemente se realizaban este tipo de ejecuciones, que pretendían ser ejemplares. Los caminantes que cruzaban la puerta de Efraim, en dirección Noroeste, forzosamente debían toparse con ellas. La prueba de que era un lugar utilizado no sólo para Jesús, está en la ejecución simultánea de los dos ladrones. Estos reos nada tenían que ver con los motivos que se adujeron contra Jesús, que en realidad era condenado por cuenta de otros.

      Desde hace bastantes siglos, el Gólgota es venerado junto con el Santo Sepulcro en una Iglesia que los contiene a ambos. De hecho el sepulcro que albergó el cuerpo de Jesús tan sólo dista unos 20 ó 30 metros de la roca del Calvario. Esta Iglesia, como tantos monumentos de Tierra Santa, ha sido destruida y reconstruida varias veces, y en tiempo de los Cruzados tenía unas dimensiones bastante mayores.

      Ha habido algunos intentos de ubicar la Crucifixión en otros lugares. Hay cerca de la actual puerta de Damasco una colina que vista desde una determinada orientación asemeja algo una calavera (es lo que significa Gólgota), pero hace ya mucho tiempo que se ha descartado, porque las últimas excavaciones en la Iglesia del Santo Sepulcro no han hecho sino confirmar la autenticidad de la tradición. Hoy día no existe ninguna duda de que la roca que se encuentra bajo la capilla del  Calvario, es la roca en la que estuvo plantada la Cruz de Cristo

                                                              

      Esta capilla se encuentra elevada algunos metros por encima del suelo de la Iglesia del Santo Sepulcro, y se accede a ella por empinadas escaleras. Debajo del altar se encuentra la roca, que en la actualidad es visible gracias a un cristal. Se observa, por cierto, una profunda grieta de la que volveremos a hablar en el punto 312 cuando Jesús muere en la Cruz.

                                                                                 

      Jesús fue clavado con clavos, que le atravesaban las muñecas. No era la única forma de crucificar que utilizaban los romanos. De hecho el suplicio de la cruz, que era de una crueldad verdaderamente sádica, pretendía prolongar largo tiempo la agonía del reo. La muerte le sobrevenía por asfixia, debida a la tensión de los brazos extendidos, cuando le fallaba el apoyo de los pies; éstos, apoyados en un pequeño caballete inclinado, y atravesados por clavos, producían un dolor insoportable, al intentar elevarse para respirar. El agotamiento que se producía tras muchas horas, acarreaba la muerte.

      Las manos solían estar igualmente sujetas mediante clavos, pero para evitar su desgarro era frecuente atar los brazos por las muñecas, mediante cuerdas. Cuando los sayones eran expertos, clavaban las muñecas atravesando por un hueco (ver NOTA 107) en la articulación del antebrazo con la mano, que permitía una fijación sólida, y añadía un dolor suplementario al esfuerzo del reo por elevarse para respirar.

                                                                       

      El estudio de la Sábana Santa (ver APENDICE 1) ha permitido analizar todo esto con mucho detalle. Allí se observan las manos clavadas por la muñeca, cosa que a principios del siglo XX resultaba sorprendente. Experimentos de un notable científico, el Dr. Barbet, realizados con cadáveres, han añadido mucha luz sobre este tremendo suplicio, que Nuestro Señor quiso padecer voluntariamente por nuestra Redención.

     Jesús recibió además otras vejaciones insoportables. En primer lugar, antes de ser crucificado fue despojado de sus vestidos, que fueron repartidos entre la soldadesca. No se sabe si se le permitió cubrirse mínimamente como piadosamente aparece en la iconografía, es probable dado que los Judíos fieles tenían un alto sentido del pudor, pero sabemos que Jesús fue vejado hasta extremos inusuales y desde luego Satanás anduvo muy suelto. En las meditaciones del Vía Crucis, en esta décima estación, sin entrar naturalmente en este tipo de detalles, se suele considerar el dolor moral que nuestras deshonestidades causaron a Nuestro Señor, que sufrió estas vejaciones para liberarnos del pecado. También se suele contemplar la extrema pobreza de Jesús, despojado de toda posesión personal. En todo caso, el sufrimiento moral añadido al suplicio, fue terrible, insultado también por los que habían procurado su condena, en forma de burlas y escarnio: "... Si confía en Dios, que le libere ahora si le quiere; ya que ha dicho: Soy Hijo de Dios ..."