NOTAS [COMENTARIOS DE RAMÓN GELPÍ]    Texto de los Evangelios Concordados    Índice de los Evangelios Concordados . . .......Textos.....INDEX

 

 

HILO CONDUCTOR Y DIRECTRICES DE LA OBRA

 

TITULO COMPLETO:

 

      "Vida de Jesús. Evangelios concordados, comentados por un peregrino de Tierra Santa [RAMÓN GELPÍ]"

 

      Aportación de datos complementarios procedentes de la Historia, la Geografía, la Arqueología, y la lógica del lector respetuoso, que acepta y contempla gozoso y fiel la rigurosa veracidad narrativa de los evangelios.

 

  

1.- JUSTIFICACION:

 

      Un Peregrino de Tierra Santa vuelve conmovido y siente el deseo de vivir con el pensamiento lugares y situaciones. Simplemente releyendo los evangelios se da cuenta de la riqueza inmensa de matices y detalles descriptivos. Descubre una edición antigua de evangelios concordados y se encuentra con una narración ordenada y coherente que ayuda extraordinariamente a revivir su peregrinación por los Santos Lugares. Entonces descubre una nueva forma de meditar y contemplar la Vida de Cristo: el Peregrino, habiendo estado en los Lugares Santos, lee los evangelios recorriendo con la imaginación lo que ha visto.

 

       San Ignacio en la tercera y cuarta semanas de sus Ejercicios Espirituales propone meditar la Vida de Jesús, y en cada meditación se plantea al principio una composición de lugar. El ejercitante debe imaginar los lugares para ilustrar la contemplación. Así por ejemplo el punto 202 muestra el segundo preámbulo de la meditación sobre la Oración del huerto: "... El segundo es ver el lugar: será aquí considerar el camino desde el monte Sión al valle de Josaphat, y asimismo el huerto, si ancho, si largo, si de una manera, si de otra ..."

 

      San Ignacio había estado en los Lugares Santos, sabía por tanto que el Cenáculo estaba en el promontorio de Jerusalén que se conoce como Monte Sión y conocía el camino que desciende hasta el Huerto de los Olivos. San Ignacio propone al ejercitante recorrer con la imaginación el lugar donde Nuestro Señor oraba y sufría. No es necesario haber estado allí para meditar la Vida de Cristo, pero sin duda la composición de lugar, aunque sea imaginaria, ayuda a la contemplación.

 

      Los "Evangelios Concordados" se elaboran refundiendo las cuatro narraciones de los evangelistas: para cada pasaje, se elige el evangelista que mejor lo narra, pero se intercalan los detalles complementarios aportados por los otros tres.  La narración ha de ser completa, sin ninguna mutilación, y formando un texto único, ordenado cronológicamente. Es como una Vida de Jesucristo, pero realizada única y exclusivamente con textos evangélicos. Estos Evangelios Concordados son muy útiles para contemplar la Vida de Cristo, y si se les ilustra con notas y referencias de lugar y tiempo ayudan todavía más a vivir con el pensamiento los hechos narrados, como proponía San Ignacio.

 

      En la actualidad existe alguna reticencia a editar este tipo de textos, por un cierto escrúpulo purista. Hay quien cree que esto es alterar la Palabra de Dios. Este escrúpulo es improcedente; por supuesto no se trata de "añadir o quitar una tilde..." (Ap 22, 18 - 19) al texto sagrado, sino tan sólo organizar su lectura ordenada. Pero hoy existen en algunos exégetas, "manías" relativistas de influencia protestante, que al hacer el análisis de los textos, y buscando significados doctrinales, catequéticos, etc. a veces ponen en tela de juicio el rigor histórico de la narración.

 

      Hemos leído en una edición moderna de la Biblia, que no es posible seguir los pasos de Jesús, ni su itinerario por el mundo, porque los evangelios no son una crónica narrada en forma histórica, sino algo así como un texto ejemplificante, basado en la vida de Jesús pero narrada según la conveniencia docente de los evangelistas. Esto es absolutamente falso: Las cuatro narraciones, aunque no son completas, son  verdaderas y hablan de hechos reales. La Iglesia Católica ha defendido siempre la autenticidad histórica de la narración, sin menoscabo de la intención didáctica de cada evangelista.

 

      Un lector respetuoso, se da cuenta de que las cuatro narraciones evangélicas concuerdan perfectamente y se enriquecen de matices y detalles entre sí, con un relato puro y directo de todo aquello que la Providencia Divina ha querido que llegue a nosotros de la vida de Jesús y el fundamento de la Doctrina que El mismo enseñó.

 

      Cierto que, además, y en consonancia con todas las Sagradas Escrituras, en la Palabra de Dios se encierra un contenido catequético y doctrinal que en este caso, cada evangelista se encarga de resaltar según su propia vivencia personal, pero esto no excluye jamás el rigor histórico de la narración. En todo caso debemos admitir que todo cuanto se puede conocer a través de la narración evangélica es justamente lo que Dios mismo ha querido que podamos conocer. Como dice el propio S. Juan al final de su evangelio, a modo de epílogo "Este es el discípulo que da fe de estas cosas y las ha escrito. Y sabemos que su testimonio es fidedigno. Hay todavía muchas cosas que realizó Jesús, que si se redactaran una por una, creo yo que ni en todo el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir" (Jn. 21, 24-25). Es por tanto posible estudiar los hechos narrados, en la medida de lo que Dios ha querido que llegue a nuestro conocimiento.

 

      Pero como es sabido por los católicos, no son los evangelios la única fuente doctrinal de la Iglesia, existe además la Tradición. No debe confundirse lo que llamamos "Tradición" en el Catecismo, con el significado que tiene coloquialmente esta palabra. Lo que significa la Tradición, como fuente de la Revelación, es lo que conocemos como el Magisterio de la Iglesia, es decir, todo lo que han enseñado los Papas, como sucesores de San Pedro, y los Concilios Ecuménicos con el Papa. Cuando alguien pretende prescindir de todo ello, y ceñirse exclusivamente a lo que algunos llaman "espíritu evangélico", suele equivocarse irremisiblemente. Cristo quiso que sus enseñanzas, que aparecen sin duda en los evangelios, fueran realizadas por los Apóstoles y sus sucesores "Id y enseñad" y "El que a vosotros oye, a mí me oye". Por esto, aunque los evangelios son realmente la fuente de la narración histórica, la doctrina que contienen, es misión de los sucesores de los apóstoles explicarla y desarrollarla. Los católicos vemos al Papa como sucesor del Pedro del evangelio, al que Cristo le otorga poder de enseñar y perdonar los pecados.

 

      Por todo ello, no pretende esta obra estudiar doctrinal o teológicamente los evangelios, y hemos omitido intencionadamente todas la notas de este tipo que figuraban en las ediciones utilizadas. No somos teólogos ni exégetas, y nuestro trabajo pretende solamente facilitar la contemplación, como hemos dicho, de aquella "composición de lugar" que S. Ignacio propone en las meditaciones. Nuestras notas añaden o comentan los detalles, que pueden ser aportados por el estudio de la historia, o simplemente analizando con respeto y sentido común lo que se deduce del texto narrativo de los evangelios.

 

      No es necesario haber estado en Tierra Santa para ello, claro está, pero sin duda quien haya tenido el privilegio de haber ido, podrá recordar lugares y situaciones a lo largo de esta narración, y ojalá esta obra le ayude a recordar y ordenar aquellas intensas vivencias espirituales que, sin duda le produjo la Peregrinación.

 

 

2.- LOS CUATRO EVANGELISTAS

 

      Como es sabido, son cuatro las narraciones evangélicas que la Iglesia reconoce como inspiradas. De estas cuatro narraciones, tres de ellas siguen una estructura muy similar, con algunas variaciones, si bien algunos pasajes sólo salen en alguna de las tres. Estos tres evangelios son denominados Sinópticos, porque se puede realizar perfectamente un cuadro sinóptico con los pasajes comunes, intercalando huecos en aquellos que alguno de ellos no narra. Son los de San Mateo, San Marcos y San Lucas.

 

      El cuarto Evangelio, de San Juan, es realmente distinto. La Iglesia lo atribuye inequívocamente al Apóstol San Juan "el discípulo amado" que como se sabe era el más joven de los doce. Fue escrito no obstante a finales del siglo primero, cuando el Apóstol era un anciano. Se centra en algunos detalles y narra algunas escenas que no han sido descritas por los Sinópticos pero, como es natural, no se aparta de un orden cronológico en la narración en forma parecida a estos. De forma un tanto sorprendente, omite pasajes muy notables de la vida de Cristo, por ejemplo la institución de la Eucaristía. San Juan, en cambio dedica a Ella una parte fundamental en su evangelio, cuando Jesús la anuncia a los discípulos diciendo que les va a dar a comer su Cuerpo. Es evidente que San Juan da por ya conocido lo que no narra en su evangelio, porque ya es conocido por los cristianos. La celebración de la Eucaristía era sin duda práctica habitual entre dichas comunidades cristianas cuando San Juan lo escribió

 

      Algunos exégetas interpretan torcidamente estas diferencias y siembran dudas sobre algunos pasajes que sólo San Juan ha descrito (p. ej. la resurrección de Lázaro). La interpretación de los Santos Padres, corroborada por la autoridad de la Iglesia es taxativa: el evangelio de San Juan se considera Inspirado como los otros tres y su veracidad está fuera de toda duda.

 

      Una cosa que debe tenerse muy presente al leer y analizar los evangelios, es que durante unos treinta años sólo se transmitieron de forma oral. Fue después cuando se iniciaron las distintas transcripciones que dieron lugar a las redacciones que luego la Iglesia ha autentificado. El origen oral de las narraciones no debe extrañar, era lo propio de la época en que la memoria era fundamental para la transmisión de los conocimientos de generación en generación. Piénsese en la dificultad de elaboración de los libros, copiados a mano. De hecho ya los judíos aprendían de memoria el Pentateuco y los Profetas, y sería envidiable para la gente de hoy esta capacidad, pero no por ello se perdían o tergiversaban las narraciones. Por esto, cuando San Mateo en primer lugar, y San Marcos y San Lucas más tarde, escribieron sus Evangelios, la tradición oral se había mantenido sin alteraciones.

 

      Veamos pues brevemente la personalidad de cada Evangelista y las circunstancias en las que redactó el texto:

 

      SAN MATEO :  Es el apóstol a quien Jesús llamó de la mesa de trabajo de recaudador de impuestos. Fue el primer redactor del evangelio, y su primera versión, sin duda la más breve, la escribió en arameo, es decir, la lengua común en Israel. Esta versión se ha perdido, pero afortunadamente San Mateo escribió otro evangelio en griego, para su uso fuera de la comunidad judía. El Evangelio griego de San Mateo es posterior y más completo que el de San Marcos, pero se le sigue considerando el primer evangelista.

 

      El evangelio de San Mateo que conocemos (el griego), es bastante rico en detalles, pero sobre todo es un texto estructurado y sistemático, como un acta notarial. No sorprende esto dada su profesión anterior: Recaudador de impuestos, es decir, hombre letrado.

 

      Mateo, hijo de Alfeo (según afirma San Marcos), era oriundo de Galilea. Se llamaba también Leví, aunque desde su vocación apostólica se le conoce con el nombre con el que le llamó Jesús. Mateo significa "dado por Dios". Su oficina, o mesa de recaudador, la tenía en Cafarnaum, lugar de paso en el camino de Damasco hacia el mar, y por tanto zona de mucho comercio. En la NOTA 14 correspondiente al número 26  (Lc 3, 12) se da una breve aclaración sobre el trabajo de los publicanos

 

      SAN MARCOS:  Su evangelio es el más breve, por lo mismo que se ha comentado antes. Su redacción es más parecida a lo que debió ser la enseñanza oral, y así debió ser el de San Mateo que se escribió en lengua aramea. Es breve, pero contiene algunos detalles exclusivos y llenos de matices que lo hacen especialmente útil en el compendio de los Evangelios Concordados. (ejemplos: Mc 7, 31-37; Mc 8, 22-26; Mc 14, 50-52)

 

      De  la vida de San Marcos, anterior a su vocación apostólica, se sabe poco. Algunos creen verle en la escena de Getsemaní, contada únicamente por S. Marcos en que se menciona "un joven que seguía a Jesús envuelto en una sábana" y que al ser aprehendido, huyó soltando la sábana. Sin embargo no parece que se contara entre los discípulos del Señor. Sí parece, según refieren los Hechos de los Apóstoles, que su casa sirvió para reunión de los primeros Cristianos y que fue colaborador de San Pedro, de quien recibió la instrucción. Se suele considerar el evangelio de San Marcos como el evangelio escrito bajo la inspiración de San Pedro.

 

      SAN LUCAS:  Escribió un evangelio bastante posterior y dirigido al mundo gentil o pagano al que evangelizaba San Pablo, del que fue colaborador. En su introducción hace una dedicatoria a un tal Teófilo, al que también dedica su libro de los Hechos de los Apóstoles y se sabe que era médico de profesión.

 

      Su evangelio, el más completo narrativamente hablando, contiene muchos datos de la infancia de Jesús (que además se complementan muy bien con la narración de San Mateo) que se cree oyó de viva voz de la Virgen María. El evangelista en su introducción afirma haber indagado entre los que conocieron a Jesús y redactar escrupulosamente los hechos (ver punto 2: Lc 1, 1-4)

 

      Según el historiador Eusebio, San Lucas nació en Antioquía, metrópoli de Siria. No se sabe con certeza si era judío o gentil antes de abrazar el cristianismo; de sus escritos parece deducirse que era griego de raza y de educación. En la epístola a los colosenses, San Pablo deja entrever que San Lucas era gentil de nacimiento, porque en ella, después de enumerar a sus discípulos circuncisos, pasa a los demás, entre los cuales nombra a Lucas (Colos. 10, 11-14). En este mismo pasaje le da San Pablo el título de médico: "Salúdaos Lucas, médico carísimo". Se sabe que estuvo en Jerusalén, durante la prisión de su maestro. Allí se documentó para escribir su evangelio y seguramente fue allí donde la Virgen pudo explicarle los detalles específicos de la infancia de Jesús y los propios de la Anunciación, etc.

 

      SAN JUAN:  Era el Apóstol más joven, el "Discípulo Amado" de Jesús sin duda porque conservaba su inocencia: Jesús ama la inocencia de espíritu y en San Juan se daba sin duda la pureza y la virginidad. Como sabemos, después del Calvario, recibió como madre a María Santísima, "la recibió en su casa" (Jn 19, 27)

 

      Después de Pentecostés, San Juan permaneció en Jerusalén durante bastante tiempo, probablemente todo el tiempo de vida mortal de la Santísima Virgen. Tardó, pues, más que los otros Apóstoles en iniciar su actividad por todo el mundo. Los Hechos de los Apóstoles hablan de la curación de un cojo en la "puerta hermosa" del Templo, realizada por San Pedro en compañía de San Juan. Después, la vida de éste queda fuera de la narración de los Hechos.

 

      Tras el tránsito de Nuestra Señora (la llamada "Dormición"), dejó Juan la ciudad de Jerusalén y se estableció en Asia Menor, de acuerdo con el reparto previsto por los Apóstoles, y fundando iglesias en las principales ciudades, fijó su residencia en Éfeso.

 

      Al haber escrito San Juan su evangelio ya en su madurez - y en una comunidad extranjera -  además de la narración histórica, con gran precisión de detalles por cierto, tiene también una intención doctrinal muy concreta: Resaltar con nitidez la divinidad de Jesucristo. Por esto en su texto la narración está plagada de fragmentos con las palabras de Jesús y existen muchos puntos de controversia con escribas, fariseos, etc. que San Juan transcribe literalmente. No es una opinión del evangelista, es su testimonio de lo que Jesús enseñó, pero como ya hemos comentado al principio de este capítulo "muchas otras cosas hizo Jesús que no están escritas en este libro ..."; son palabras del propio San Juan, y naturalmente confirman que, aunque todo lo que narra es verdad, no excluye sino que complementa a los otros que escribieron la vida de Jesús.

 

      Este evangelio es una verdadera maravilla, y es un regalo de la Providencia a los efectos de la redacción concordada de los cuatro. Gracias al evangelio de San Juan, la combinación con los sinópticos se complementa de forma mucho más equilibrada, y se le añaden detalles cronológicos inestimables, al tiempo que conocemos "más de cerca" las palabras de Jesús.

 

 

3.- LA VULGATA

 

      San Jerónimo, recibió del Papa Dámaso I, del que era secretario y consejero, el encargo de traducir al Latín los textos Bíblicos, de los que se utilizaban las versiones en lengua griega de los Santos Padres de la Iglesia. Esta recopilación griega procedía de la denominada "Septuaginta" realizada por los judíos durante la helenización, y naturalmente afectaba sólo al Antiguo Testamento y más concretamente los textos de lo que denominaban la "Torah" (el Pentateuco). El Nuevo Testamento tenía como fuentes, las mucho más recientes versiones, copias de los originales que fueron escritos en lengua griega, como ya se ha dicho en el punto 2.

 

      Precisamente para situarse mejor en el ambiente bíblico, y contemplar más de cerca los Santos lugares, instaló su residencia en la misma cueva de Belén, en una de sus ramificaciones subterráneas (Ver NOTA 5). El texto de la Vulgata de San Jerónimo fue, declarado auténtico por el Concilio de Trento.

 

      A la hora de estudiar las escrituras, es importante partir de la versión más fidedigna. El Nuevo Testamento ha sido traducido por muchos y "versionado" por diversos editores, a veces sin el rigor exigible. Sin embargo los que creemos en la providencial tutela de Nuestro Señor sobre la Iglesia ("Yo estaré con vosotros hasta el fin de los siglos") sabemos que ciñéndonos a los textos aprobados por la Santa Sede a través de los siglos estaremos en el más veraz de los caminos.

 

      Apartarse de los trabajos de los Santos Padres, los Doctores de la Iglesia, es una forma muy segura de equivocarse. Creemos sinceramente que no puede hablarse de traducciones de los Evangelios sin tener en cuenta La Vulgata y a S. Jerónimo

 

 

4.- LA AUTENTICIDAD DE LOS LUGARES SANTOS:

 

      Los denominados Lugares Santos de la Tierra de Nuestro Señor Jesucristo, son conocidos y venerados desde muy antiguo, a pesar de los continuos ataques y destrucciones sufridos. Muchas veces se ha discutido sobre la posibilidad de que la localización se haya alterado con las persecuciones y el paso de los años, pero cada vez que esto se ha planteado, nuevas excavaciones o estudios arqueológicos han demostrado con creces que lo que desde antiguo se ha venerado, corresponde a la versión más fiable de dicha localización. 

 

     Esta localización se basa en el hallazgo de restos de culto de las primitivas comunidades cristianas. Casi todas las edificaciones, basílicas, iglesias, etc. han sido destruidas y reconstruidas sucesivamente varias veces, y estas demoliciones en aquella época se realizaban terraplenando con los materiales del derribo (no disponían de otros medios). Para localizar los restos primitivos casi siempre es necesario alcanzar capas más profundas en la excavación. El hallazgo de restos anteriores a la primera destrucción (año 70) suele ser ya una garantía. Hay lugares, no obstante en que además de restos del culto se han hallado posteriormente huellas mucho más evidentes, que no han hecho sino confirmar la creencia anterior y la tradición popular. Tal es el caso p. ej. del Gólgota (aún en curso de nuevos descubrimientos) y de la casa de S. Pedro en Cafarnaum. Algún caso puede ser dudoso o bien porque haya diversidad en la narración evangélica (Iglesia de la Multiplicación) o porque existe otra tradición distinta y simultánea (Iglesia de Santa Ana). De estos casos se hablará cuando corresponda.

 

      De todos modos la autenticidad absoluta de las "piedras" es de una relevancia menor, si se piensa en la verdadera autenticidad de los hechos que allí ocurrieron. No son cuestiones de Arqueología clásica. Así, como veremos, la autenticidad del Gólgota hoy está fuera de toda duda, pero su ubicación dentro de la nave de la Iglesia del Santo Sepulcro, aunque permite ser venerado por los fieles Peregrinos, carece de la perspectiva exterior que tiene, por ejemplo, el Lago de Genesaret. El Peregrino "siente" la presencia de Jesús en aquellos lugares, con un sentimiento que está por encima del simple estudio de autenticidad arqueológica. Es este sentimiento el que esta obra pretende transmitir, aunque sólo sea imaginativamente, con los detalles, fotografías y anotaciones que se adjuntan al texto de los Evangelios Concordados.

 

 

5.- EL "TESTIMONIO FLAVIANO":

 

      El historiador Flavio Josefo es una de las fuentes históricas complementarias que se manejan para situar los Evangelios en el tiempo. Es un autor judío, cuya historia personal es muy chocante ya que, antes de escribir sus "Antigüedades Judaicas" y su "Guerra de los Judíos", fue un militar que dirigió la defensa de Galilea durante la poderosa ofensiva de las tropas de Tito, que invadían desde Siria. Capturado por los Romanos fue obligado a narrar la guerra, lo que finalmente le convirtió en el historiador más fiable de los hechos acaecidos en tiempos de Jesús, y sobre todo de la destrucción de Jerusalén que profetiza Cristo ante la vista de la ciudad (ver punto 268)

 

      Por Flavio Josefo hemos conocido algunos elementos en la narración de la muerte de San Juan Bautista, se han comprobado algunos detalles evangélicos y desde luego el ambiente de expectación mesiánica que se vivía en aquellos días. Sin embargo, lo más notable del testimonio de este historiador, es que en sus "Antigüedades judaicas" existe un texto sobre Jesús, que describe brevemente su vida, muerte y Resurrección. Algunos autores niegan la autenticidad de este fragmento (lo creen interpolado) porque no les parece posible que un judío se exprese así sobre el origen del cristianismo, especialmente por la admiración que se desprende de él, pero no hay ninguna razón objetiva porque se contiene en todos los códices conocidos. Muchos historiadores lo consideran auténtico y a este respecto cabe citar al contemporáneo César Vidal, autor de una tesis doctoral que versa precisamente sobre el "Testimonio Flaviano"

 

       Testimonio Flaviano según César Vidal

 

      Lo cierto es que, aunque no existiera tal fragmento, o fuera realmente apócrifo, todos los datos aportados por Flavio Josefo en su obra no hacen sino confirmar el contexto histórico de los Evangelios.

 

 

6.- LAS REPRESENTACIONES ESPECTACULARES

 

(Pasiones representadas en Teatro y Películas de cine):

 

      Es muy frecuente, en este tipo de representaciones obviar la situación real, en tiempo y espacio, mezclando indiscriminadamente hechos ocurridos en Judea con otros de la predicación por Galilea y la zona del lago. Esto hace que se sitúen algunos personajes (María Magdalena, por ejemplo) fuera de su entorno, y en situaciones o junto a personas que no corresponden. No tiene mucha importancia si no se tergiversan los Evangelios, pero lo habitual es que se desfigure la realidad. En las películas de cine, por ejemplo, a veces se presenta a Jesús como un revolucionario, otras se desvía la historia con parámetros impropios de la época, y con intencionalidad política.

 

      Una de las cosas más deleznables que se han escrito (y representado) sobre la vida de Cristo, pretenden relacionar de forma blasfema a Jesús con María Magdalena. No hace falta entrar en detalles para que se entienda lo que queremos decir. Sólo diremos que en la resurrección de Lázaro, San Juan dice textualmente: "Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro" (por este orden). Es obvio que esto descarta cualquier preferencia personal hacia ninguno de los tres.

 

      LA PELICULA DE MEL GIBSON:

 

      La película "La Pasión de Cristo" de Mel Gibson en cambio, es otra cosa. Ha sido estrenada mientras se estaba realizando esta recopilación y en cierto modo ha servido de estímulo para su elaboración. No podemos realizar, para no alargar esta Presentación, un comentario tal como merecería esta extraordinaria película. Es sin ninguna duda la mejor película que se ha hecho sobre la vida de Cristo, la única además, que inspira sentido sobrenatural en la figura de Jesús. Sentido que no se desvirtúa, ni siquiera con el atroz sufrimiento, que con toda su crudeza se manifiesta en la Pasión.

 

      Después de esta película, todas las representaciones tanto pictóricas como cinematográficas, aparecen como difusas ante el tremendo realismo de las imágenes de esta Pasión de Mel Gibson. Pero para quien crea que se ha exagerado, nos permitimos recomendar la contemplación de la imagen de la Sábana Santa (Ver APENDICE 1), y las señales de la flagelación que en ella se aprecian.

 

      Dos o tres advertencias tan sólo queremos hacer. En primer lugar la película, aunque fiel al Evangelio, sigue con bastante exactitud las revelaciones de la Beata Ana Catalina Emmerich. No son infalibles, pero impresiona cómo una monja de clausura del siglo XVIII, da tantos detalles de la Pasión. El hecho es que algunas escenas de la película, que parecen inventadas, sólo se entienden si se ha leído el libro de la vidente. Por ejemplo aquella en que la Virgen, y la que aparece como María Magdalena, recogen la sangre después de la flagelación, con paños que les proporciona la mujer de Poncio Pilato. O la escena del prendimiento en que Jesús es arrojado por un puente, colgado por sus propias cadenas.

 

       Otra cuestión está en el personaje femenino que acompaña a la Virgen. Parece, aunque no se dice, que se trata de María Magdalena (en el Evangelio aparecen varias mujeres en realidad). Sin embargo, en un "flash back" con la misma actriz, se rememora la mujer adúltera a la que Jesús salva de ser lapidada en los atrios del Templo. No hay que considerarlo un defecto, sino en todo caso una simplificación.

 

      Por último, hay que reseñar que los diálogos en arameo y latín son espléndidos y ambientan extraordinariamente el realismo de la Pasión. Falta, no obstante la lengua griega. No es demasiado importante, pero no es creíble que los romanos "se rebajaran" a hablar Arameo con los Judíos. Ciertamente oír la lengua Aramea, la que empleaba Jesús es muy emotivo. Expresiones como Abba, Adonai, Kefas (por Pedro), etc. se entienden perfectamente. Un detalle, por cierto magnífico: Jesús le responde en latín a Poncio Pilato.

 

 

8.- Bibliografía:

 

  - Evangelios Concordados: (Buenaventura de Santamaría)

    Difusora Bíblica (Edic. 1968)

 

  - Vulgata Latina, Nuevo Testamento: (Trad. Félix Torres Amat)

    Biblioteca "La verdadera Ciencia española" (Edic. 1885)

 

  - Historia Sagrada y vida de N.S. Jesucristo: (F. S. C.)

    Biblioteca: Curso de Instrucción Religiosa. Editorial Bruño (Edic. 1956)

 

  - Etudes Bibliques: (J. Lagrange)

    J. Gabalda et Cie, Editores (Ed. 1948)

 

  - Nuevo Testamento Trilingüe: (Bover - O'Callaghan)

    Biblioteca de Autores Cristianos (Edic. 1977)

 

  - El Misterio de Cristo: (J.M. Igartua)

    Editorial Balmes

 

  - Los Evangelios ante la Historia: (J.M. Igartua)

    Ediciones Acervo

 

  - El Enigma de la Sábana Santa: (J.M. Igartua)

    Ediciones Mensajero

 

  - Y la Biblia tenía razón: (Werner Keller)

    Ediciones OMEGA

 

  - Guía de Tierra Santa: (Florentino Díaz)

    Ed. Verbo Divino

 

  - Biblia Claretiana: Algunas notas y planos

    La Sagrada Biblia, edición manual. Editorial Regina 1968

 

  - Las Revelaciones de la Pasión y Muerte de Jesús (Beata Sor Ana Catalina Emmerich)

    Editorial Difusión (Buenos Aires) Ed. 1953

 

  - "El Santo de cada día": (Fray Justo Pérez de Urbel)

    Editorial Luis Vives 1948