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EL CARDENAL CISNEROS
Fray Francisco Jiménez de Cisneros
Gobernador (Regente) de los Reinos de Castilla 1506-1507 y 1516-1517

Fraile franciscano. Confesor de Isabel la Católica. Reformador de los franciscanos y de otros sectores del clero por encargo de los Reyes Católicos, actuando con enorme energía. Arzobispo de Toledo y Cardenal. Inquisidor General.
Promotor de la cultura: fundó la Universidad de Alcalá de Henares, la Complutense, dirigió y financió la edición de la Biblia Políglota, que fue una de las hazañas culturales de la época renacentista, en la que se invirtieron 50.000 ducados y quince años de trabajo de numerosos y selectos humanistas.
Ejerció tareas de gobierno como Gobernador (Regente) de los Reinos de Castilla en dos períodos durante la época de las regencias, actuando con enorme decisión frente a las pretensiones renovadas de la nobleza: "Estos son mis poderes", dijo, señalando a las tropas que había hecho formar con toda su artillería, como advertencia a los nobles que le interpelaron sobre su derecho a la regencia.
Y fue el que promovió más activamente la liberación de
plazas fuertes en el Norte de África como bases para reactivar la Cruzada continuadora de la Reconquista o al menos para impedir o refrenar nuevas invasiones. A él se debe la conquista de Orán en 1509, empresa que dirigió personalmente con 73 años de edad, secundado por Pedro Navarro, conde de Oliveto, y al año siguiente Bujía y en 1511 Trípoli.
Su nombre va asociado también al "estilo Cisneros": arquitectura renacentista con elementos mudéjares, como en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá con su artesonado mudéjar.

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Ceuta

Ceuta había sido reconquistada y liberada en 1415 por el rey Juan I de Portugal. La unión de la corona de Portugal en 1580-1581 con las de los demás reinos de España, la antigua Hispania, de la que formaba parte Portugal, trajo consigo la unión de Ceuta. Cuando la rebelión de 1640, apoyada por Francia e Inglaterra, consigue separar Portugal de España, proclamando al duque de Braganza como rey de Portugal con el nombre Juan IV, Ceuta permanece por decisión voluntaria de sus habitantes unida a España, fiel a su rey Felipe IV. El escudo de Ceuta aún tiene las quinas de los blasones de la casa real portuguesa heredados de su madre por Felipe II en 1580 y que seguían siendo los de sus sucesores como línea primogénita y los de Ceuta. En el tratado de Lisboa en el que la Casa de los Austrias de España reconoce la separación de Portugal bajo la corona de Juan IV, ésta reconoce la pertenencia de Ceuta a España, como habían querido los ceutíes.

 

Escudo de Ceuta

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Melilla

Melilla en 1497 será reconquistada en el contexto de la recuperación de plazas fuertes en la costa norteafricana para preparar la liberación de esos territorios o al menos impedir que desde allí se expansionase de nuevo el Islam como lo venía haciendo por los Balcanes y el Mediterráneo Oriental y amenazando el Occidental.

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Cazaza

Fuerzas de Melilla liberaron en el año 1506 la ciudad de Cazaza, en la costa occidental de la Península de Las Tres Forcas, conquista que valió al Duque de Medina Sidonia el título de Marqués de Cazaza, pero desgraciadamente fue efímera la liberación, pues terminó a fines de 1533 al ser asaltada la ciudad y degollada su guarnición.

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Trípoli en la Tripolitania

Trípoli es la capital de la Tripolitania en la actual Libia. Es Trípoli de Berbería o Trípoli de África o de Occidente, así llamada para diferenciarla de Trípoli de Levante o de Siria. Fue ocupada por los islamistas dentro de la expansión islámica del siglo VII. En el siglo XVI era una república de marinos y mercaderes colocada bajo la soberanía de los monarcas afjásidas de Túnez. Fue liberada del Islam por Pedro Navarro en 1511dentro de lo que la historiografía islámica denomina «la guerra de los Trescientos años» (1497-1782). Llaman así al periodo iniciado por la liberación Melilla en 1497 por Castilla, seguida de la de Mazalquivir, Orán, Bujía (Bedja’ía), Annaba, Tabarka, Bizerta, La Goleta, Mahdiya, Yerba, Trípoli y otras varias. Se termina ese periodo en 1782 con la firma de un tratado de paz, amistad y comercio con el Imperio otomano, precedido de otros varios con Marruecos, y seguido por los concertados en 1784, 1786 y 1791 con los gobiernos locales (regencias) de Trípoli, Argel y Túnez, dependencias de Turquía pero de hecho independientes. Fue la política de José Moñino, conde de Floridablanca en la época de Carlos III.

Trípoli había sido cedida por Carlos V en 1530 a los caballeros de San Juan de Jerusalén o de Malta, pero en 1551 Dorghút Rais («Dragut» para los europeos) les arrebató la plaza y desde entonces era una dependencia del Imperio turco.

En 1711 el bajá turco Ahmad Caramanli independizó de hecho de la Puerta otomana, y fundó en Trípoli un estado autónomo, aunque sometido nominalmente al sultán de Turquía. Esta situación perduró hasta que en 1835 los turcos restablecieron su dominación efectiva, situación prolongada hasta la conquista italiana en 1911.

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MELILLA

http://www.camelilla.es/portal/ciudad/historia/index.jsp#c1

Melilla queda integrada en el entorno norteafricano de Kelaya o "lugar de castillos"; su territorio está situado en la parte noroeste del Magreb, en la región del Gareb, que significa poniente. Melilla está bañada por el Mediterráneo, en la costa septentrional del continente africano, frente a las costas andaluzas correspondientes al Mar de Alborán. La costa de Melilla es el punto medio de inflexión que viene a separar de forma notoria un litoral bajo de finas arenas situado hacia su oriente, de los fuertes acantilados salpicados de pequeñas calas y playas aisladas hacia el occidente.

La demarcación del municipio melillense, es un semicírculo de 12,33 kilómetros cuadrados, con un radio de 2.900 metros producido por el disparo del cañón “El Caminante”. De los 20 kilómetros de perímetro de Melilla, 9 corresponden a límites marítimos y 11 a límites terrestres; arrojando una densidad de población de 5.181 hab./km2

Situada en la parte oriental de la península de Tres Forcas -el promontorium Rusadir, de fenicios y romanos- se extiende la ciudad de Melilla, asentada, su parte más antigua, sobre una gran roca calcárea, de unos 30 metros de altura, que a manera de pequeña península se interna sobre el mar latino.

Fue Rusadir de indudable fundación fenicia, como lo atestigua, a través de los siglos, la necrópolis encontrada en sus inmediaciones, en el cerro llamado de San Lorenzo, desaparecido hoy por necesidades de urbanización de la ciudad moderna.

Pasó sucesivamente a las manos de Cartago y de Roma y, bajo el Imperio Romano, Claudio concedió los honores de Colonia a Rusadir, que aparece en el Itinerario del Emperador Antonino como cabecera de la región oriental de la provincia Hispania Nova Ulterior Tingitana, o la Mauritania Tingitana, delimitada por el Muluia Flumen (el río Muluya) que la separaba de la Cesariense.

En el año 429 desembarcaron los vándalos en Ceuta, procedentes de la Península, pasando a sangre y fuego a las provincias mauritanas, siendo también Melilla víctima de tan terrible invasión, a consecuencia de la cual fue destruída, y reedificada más tarde por visigodos y bizantinos.

Es de nuevo Rusadir y su región, durante el siglo VII, escenario de luchas entre sus pobladores y los invasores árabes islámicos.

Después de una fuerte resistencia opuesta por los naturales del país, capitaneados por una mujer llamada Cahína (La Hechicera), hubieron de someterse a sus invasores (año 696), aunque muchos optaron por refugiarse en las ásperas montañas del Rif y del Atlas, donde continuaron durante algún tiempo la resistencia.

Es por esta época cuando pierde Rusadir su viejo nombre, siendo sustituido por el de Melilia, que le dieron los invasores.

Suponen algunos que esta palabra se deriva de Mílila; otros, que la ciudad tomó el nombre de un prestigioso bereber llamado Melil, y, en la realidad, en la cabila de Ulad Setut existe una tribu denominada los Ulad Melil, que significa los hijos de Melil.

Melilla debió alcanzar un floreciente comercio, pero el año 859 entraron los vikingos en el Mediterráneo, saqueando numerosas poblaciones del Norte de África y, entre ellas, Melilla, que fue incendiada.

Respuesta del ataque, el año 926 fue unida a sus dominiod por el califa de Córdoba Abderrahamán III.

En el año 1067, el célebre polígrafo andaluz Abbu Obeid el Bekri, visitó Melilla, a la que cita en su Descripción del África Septentrional como cabecera de una extensa comarca en la que continuaba reinando Almosta Alí. Era por esta época Melilla una ciudad bien edificada, que encerraba una ciudadela muy fuerte, donde existían mezquitas, baños y bazares.

El florecimiento que alcanzó Melilla en los siglos XIV y XV excita la ambición de los Reyes de Tlemencen, que intentan incorporarla a sus dominios originándose una serie de guerras, entre aquellos Sultanes y los de Fez, que contribuyeron no poco a la decadencia de la Ciudad, que fue abandonada por sus moradores, huyendo de los horrores de la guerra.

En octubre de 1493 el rey Boabdil, en unión de sus familiares y cortesanos, desembarcaba en Cazaza, a 18 kilómetros de Melilla, una vez rendido su Reino de Granada ante los ejércitos victoriosos de los Reyes Católicos en 1492.

Para continuar la liberación de poblaciones sometidas a los invasores islámicos y por razones estratégicas como la de impedir en el futuro nuevas invasiones, decidieron los Reyes Católicos establecer en la costa norteafricana cierto número de bases, y con este objeto enviaron emisarios que informaran sobre la situación de aquellas costas.

Pasó en primer lugar, el Comendador Martín Galindo, quien después de reconocer la ciudad de Melilla y ante el gran número de habitantes que vivían en sus proximidades, informó al Rey que la conquista era harto difícil de realizar y aún en el caso de que se tomase Melilla, antes se llamaría carnicería de cristianos que población de ellos y ante tales informaciones se desanimaron los católicos monarcas, acordando el aplazamiento sine-die de la conquista de la plaza.

Noticioso el Gobernador de Andalucía, don Juan Alonso de Guzmán, III Duque de Medina Sidonia, de que los Reyes abandonaban el propósito de conquistar Melilla, decidió tomar la empresa a su cargo, a cuyo efecto y obtenida la competente autorización Real, comisionó a su comendador don Pedro de Estopiñán Virúes, para que pasara a explorar la península de Tres Forcas, cosa que realizó disfrazado de mercader en unión del famoso artillero Francisco Ramírez de Madrid, muerto años más tarde, durante la sublevación de los moriscos, en el desastre de Sierra Bermeja.

Decidido el Duque a efectuar a su costa la conquista de Melilla, mandó juntar -dice Barrantes, el cronista de la Casa Ducal- "cinco mil ombres de apié e alguna gente a cavallo, e mandó aparejar los navíos en que fuesen, e hizolos cargar de mucha harina, vino, tocino, carne, aceyte e todos los otros mantenimientos necesarios; e de artilleria lanças, espingardas e toda monición".

"E asimismo llevaron en aquel viaje gran cantidad de cal e madera para reedificar la ciudad. E con toda esta Armada e gente, partió Pedro de Estopiñán, Contador del Duque, por su mandato del puerto de San Lucar en el mes de septiembre del año 1497 e hízolos buen tiempo, e se detuvieron en el mar para no llegar de día, e allegando la noche, la primera cosa que hicieron fue sacar a tierra un enmaderamiento de vigas que se encaxavan e tablazón que llevavan hecho de Hespaña. E trabaxaron toda la noche de lo hacer e poner a la redonda de la muralla derribada a la parte de fuera, donde andaban los alárabes... que cuando el otro día amaneció, los moros alábares que andaban por los campos que avian visto el día antes Melilla asolada e la vieron amanecer con muros e torres, e sonar atambores e tirar artillería, no tuvieron pensamiento que estuvieran en ella cristianos sino diablos, e huyeron de aquella comarca a contar por los pueblos cercanos lo que avían visto." "E dióse tanta prisa e diligencia en hacer los adarves que en pocos dias se puso la obra a tan altor, que cuando los moros se juntaron e vinieron a dar sobre ello, se pudieron muy bien defender en la Ciudad... E ansí peleando e trabaxando en las obras, acabaron de reparar los adarves e torres. E costó al Duque de Medina, Don Juan de Guzmán, doze cuentos de maravedís solamente reedificar a Melilla de muralla, cava e barrera e quedando por Alcaide el Capitán Gómez Suárez, criado del Duque de Medina e Alcaide de la su villa de Chiclana esforzado cavallero e diestro en la guerra, se tornó Pedro de Estopiñán a dar cuenta al Duque, su Señor de lo que quedaba hecho..."

Tuvo lugar, pues, la reconquista de Melilla, el 17 de septiembre de 1497, hecho del que recibieron gran satisfacción don Fernando y doña Isabel, que pasaban en aquellos días por el amargo trance de haber perdido al heredero de su Reino, el malogrado Príncipe don Juan, que murió de amor, y que duerme su sueño eterno, en el bellísimo sepulcro del Convento de Santo Tomás, de Ávila.

Celebraron tanto los Reyes el éxito de la Empresa de Estopiñan, que en carta que enviaron al Duque con fecha 18 de octubre del citado año le decían: "que el placer que hobimos con la buena nueva que nos enviasteis, nos ha aprovechado, para templar en algo el dolor que tenemos, porque esperamos en Dios, que desto será mucho servido..."

El Capitán Gómez Suárez, primer Alcaide de Melilla, dedicó todos sus esfuerzos a perfeccionar su sistema defensivo, robusteciendo sus murallas y dotándolas por parte de tierra de un gran foso conocido más tarde por Foso de Santiago, para asegurar la plaza de los ataques del enemigo, labor ésta de fortificación, que puede decirse que continuaron sin excepción cuantos Alcaides le sucedieron a través de los años y de los siglos.

Muy destacada también, en los años que siguieron a la conquista, fue la actuación del Alcaide Gonzalo Mariño de Rivera, al que algunos cronistas denominan Andino. Hombre valeroso, "muy siestro e plático en la guerra con los moros", bajo cuyo mandato, fuerzas salidas de Melilla ocuparon en el año 1506 la ciudad de Cazaza, situada en la costa occidental de la Península de Tres Forcas, conquista que valió al Duque de Medina Sidonia el título de Marqués de Cazaza, aunque desgraciadamente fue efímera nuestra dominación, que terminó, según Fernández de Castro, a fines del año 1533 al ser asaltada la ciudad y degollada su guarnición.

En los primeros años del reinado de Carlos I, visitó Melilla el famoso Ingeniero militar Tadino de Martinengo, Prior de Barleta, que mejoró su perímetro defensivo, terminando la bellísima puerta de Santiago o Puerta del Campo, sobre cuya entrada campean todavía las gloriosas Armas del César Carlos.

De esta época es también la Torre de la Concepción, llamada primeramente de San Sebastián, en lo más alto de la Ciudad, desde donde se domina el mar a larga distancia y todas las avenidas de tierra.

En 1556, y a consecuencia de los cuantiosos gastos que les ocasionaba la "guarda e proveimiento de Melilla", renunciaron los Duques a la plaza a favor de la Corona, designando Felipe II como Alcaide al Muy magnífico senor don Alonso de Urrea, bajo cuyo mando estuvo a punto de perderse la villa por la inconcebible traición de algunos de sus más caracterizados oficiales, que pagaron con la vida su terrible delito.

A don Alonso de Urrea sucedió D. Pedro Venegas de Córdoba, ilustre de linaje y valeroso de condición, que intervino, como Embaiador del Rey Prudente, en las negociaciones para conseguir la devolución del cadáver del infortunado Rey D. Sebastián, muerto con la flor de la nobleza portuguesa en la desgraciada batalla de Mehacén o Alcazarquivir.

Bajo el gobierno de Venegas, atacaron los fronterizos la plaza, siguiendo las instigaciones del morabito Mohamed Ben Al-lal, quien había conseguido convencer a los suyos de que estaba dotado de poder suficiente para adormecer a los cristianos defensores. Noticioso Venegas de estos propósitos, ordenó dejar abierta la puerta inmediata a Torrequemada (baluarte de San Fernando), previniendo a la guarnición para que estuviera toda sobre las armas y preparada para hacer fuego al primer aviso.

Llegados los fronterizos el lunes 26 de abril de 1564, con el Morabito a la cabeza, pasaron la puerta del campo que a propósito se había dejado abierta, siendo de improviso atacados por la guarnición, que les ocasionó grandes bajas, quedando cautivos los supervivientes.

Este suceso prodigioso está recogido en una de las obras de nuestro  teatro clásico, llamada La Manganilla de Melilla, de Juan Ruiz de Alarcón, que fue publicada en 1634.

Durante el gobierno de don Francisco Sánchez de Córdoba, se construyeron debajo de la plaza principal unos grandes algibes, que fueron cerrados en 1571, existiendo en la actualidad, al pie de los mismos, una inscripción que dice: En 1 de febrero de 1571 se cerraron estos algibes, siendo Alcaide y Capitán de esta Ciudad por S. M. Francisco Sánchez de Córdoba.

En estos años -dice Gabriel de Morales- hasta bien entrado el siglo XVII debió transcurrir la época más tranquila de la plaza, pues apenas se encuentran referencias de sucesos, sin duda por el prestigio alcanzado por nuestras armas que imponían respeto a los belicosos vecinos; pero al iniciarse la decadencia de nuestro imperio con los últimos Reyes de la Casa de Austria, vivió Melilla una época de continuas zozobras, motivadas de una parte por los tenaces ataques enemigos y, de otra, porque el desastroso estado de la Hacienda Nacional condenaba frecuentemente a Melilla y a sus sufridas guarniciones a las mayores estrecheces. Son frecuentísimas las exposiciones de los Alcaides al Rey, comunicándole la situación angustiosa de la plaza y el peligro en que se encuentra de perderse por falta de bastimentos.

Coincide esta época de miseria, con la mayor agresividad de las cabilas fronterizas: el 18 de julio de 1646 el valiente Gobernador don Carlos Ramírez de Arellano, Caballero del Hábito de Santiago, fue derrotado y muerto en una salida. Igual suerte corrió el 6 de mayo de 1649 el Maestre de Campo don Luis de Sotomayor.

Once años después, el día 5 de agosto de 1660, se sintió un terremoto de tal intensidad que arruinó las principales obras de defensa, de tal forma, que fue opinión unánime que, de haber atacado los moros, se hubieran apoderado de la plaza; pero la violencia misma del terremoto les infundió tal pánico que les impidió toda acción ofensiva.

LOS SITIOS DE MELILLA.

En 1672 sube al Trono de Marruecos el famoso Sultán Muley Ismail Ben Cherif, hombre enérgico e inteligente bajo cuyo mando se recrudecieron, en todo el Imperio, las tradicionales hostilidades contra las plazas del litoral ocupadas por los europeos.

Melilla fue también duramente atacada, y aunque resistió esforzadamente los ataques enemigos, hubo que lamentar el año 1679 la pérdida de los fuertes exteriores de Santiago y San Francisco, quedando la ciudad estrechamente bloqueada.

En refuerzo de su agotada guarnición, llegó a Melilla en 1687 el Tercio Viejo de la Armada Real del Mar Océano, al Mando de su Maestre don Antonio Domíngez Durán, en momentos en que era crítica la situación de los fuertes de La Albarrada y Santo Tomás de la Cantera, en cuyo socorro se dispuso una salida el 5 de octubre en la que encontró gloriosa muerte el Gobernador y Alcaide de la ciudad don Francisco López Moreno. Puede decirse que durante todo el largo Reinando de Muley Ismail, fallecido en 1727, no se interrumpieron ni un solo momento los ataques enemigos a la ciudad, siendo especialmente encarnizados los que tuvieron lugar en los años 1694-95 y 1715, en que -según el Brigadier Conde des Allois, militar de origen francés al servicio de España, que se encontraba casualmente en Melilla al ser atacada- las fuerzas enemigas estaban mandadas personalmente por uno de los hijos del Sultán, y el peso de los ataques corrió a cargo de la famosa Guardia Negra creada por Muley Ismail, que en la noche del 17 de agosto del citado año de 1715 se apoderaron de los cuatro Fuertes: Santiago, Santo Tomás, San Lorenzo y San Francisco, pasando a cuchillo a sus defensores, con lo que quedó la plaza privada de sus defensas avanzadas y estrechamente bloqueada, hasta el 11 de febrero de 1716 en que, desesperando las fuerzas del sultán de conseguir su propósito, levantaron el sitio.

Es por estos años (1721) cuando empezaron los fronterizos a usar artillería en sus ataques a la plaza, lo que añadió una nueva penalidad a las muchas que venían padeciendo sus defensores. Y para evitarlo, la guarnición, en una vigorosa salida, bajo el el mando del Gobernador don Antonio de Villalba y Angulo, se apoderó del Cubo o Cerro de la Horca, pues de ambas formas era llamado el sitio, desde donde los moros dominaban la plaza con su artillería, construyéndose en el indicado lugar el Fuerte de Victoria Grande, que se terminó el año 1736, y que en unión de los de Rosario, Victoria Chica, San Carlos y San Miguel, enlazados entre sí por la correspondiente muralla, cerraban por completo el recinto defensivo sobre la Torre de Santa Bárbara, que estuvo situada en las inmediaciones del actual Banco de España. Y de esta forma, disfrutó la guarnición de mayor libertad de movimiento, al propio tiempo que con la construcción de los referidos Fuertes quedó asegurada la defensa de la ciudad por su frente de tierra contra los mayores ataques, como se demostró con ocasión del famoso sitio en 1774-75 puso a Melilla el ejército del Sultán Muley Mohamed Ben Abdalá, mandado en persona por el referido Sultán.

Reinaba a la sazón en España el Monarca don Carlos III, que noticioso de los preparativos enemigos y de su propósito de apoderarse de Melilla, violando la paz existente en dicha época entre España y Marruecos, adoptó previsoras medidas para poner la ciudad en estado de defensa, reforzándola con tropas y toda clase de elementos, al mismo tiempo que enviaba a Melilla para que se hiciera cargo de su mando, al veterano Mariscal de Campo don Juan Sherlock, hombre de gran experiencia y probada energía, como acreditó a lo largo del sitio.

El 9 de diciembre de 1774 comenzaron a llegar, procedentes del Atalayón, las primeras fuerzas enemigas, que tomaron inmediatamente posiciones envolviendo a la plaza de costa a costa y sometiéndola  a  un terrible bombardeo que redujo a ruinas la mayor parte de sus edificios, sobre los que dispararon los cañones del Ejército del Sultán, mientras duró el sitio, 8.239 bombas y 3.129 balas rasas, que llegaron a hacer tan insoportable la vida de la ciudad, que sus defensores, tuvieron necesidad de ampararse en ruinas y subterráneos, ante la intensidad del fuego, que no llegó a quebrantar la moral de los heroicos defensores de Melilla, quienes en distintas ocasiones efectuaron vigorosas salidas que ocasionaron grandes pérdidas  al  enemigo.

Desanimado el Sultán de conquistar la fortaleza, tan gallardamente defendida, se decidió a levantar el sitio, lo que realizó completamente el día 19 de marza de 1775, festividad de San José, desde cuya memorable fecha, el pueblo de Melilla viene celebrando anualmente una solemne función religiosa, en acción de gracias y conmemoración, del fin del duro asedio puesto a la ciudad por los ejércitos del Emperador de Marruecos.

Justo es decir que el Gobierno, en esta ocasión, atendió cumplidamente a sostener la plaza sitiada, a la que proveyó a través del mar de cuanto fue necesario para su defensa, al propio tiempo que se mantuvo frente a Melilla una fuerte Escuadra al mando del Capitán de Navío don Francisco Hidalgo de Cisneros, para prestar a la ciudad los socorros que precisara. Durante este famoso Sitio, formó parte de las fuerzas defensoras el Capitán de Infantería don Francisco de Miranda, quien andando el tiempo, había de llegar a General en la Revolución Francesa y compañero, más tarde, de Bolívar en la tarea de la emancipación de la América Española. Francisco de Miranda publicó un Diario del Sitio de Melilla, del que fue testigo presidencial.

El 30 de mayo de 1780 se firmaba el tratado de Paz con el Imperio de Marruecos, que fue ratificado por el Sultán el 25 de diciembre del mismo año.

A la firma de la Paz, siguió un periodo de tranquilidad sólo interrumpido por las tradicionales agresiones de los fronterizos.

MELILLA EN EL SIGLO XIX

Llegamos a través de esta breve síntesis de la Historia de Melilla a una de sus épocas más calamitosas. En los primeros años del siglo XIX atraviesa la ciudad una época llena de inquietudes  y privaciones, consecuencia de la difícil situación de la Península tan plagada de conmociones políticas y guerreras.

A la invasión francesa, respondió Melilla, negándose a reconocer como Rey a José Bonaparte y constituyendo una Junta de Guerra para sostener la Plaza por el Rey legítimo. Y júzguese cuán difícil sería la situación de la ciudad, una vez ocupada Málaga por los ejércitos franceses.

Después de la batalla de Bailén, llegaron a Melilla numerosos prisioneros del Ejército invasor, que contribuyeron a agravar la difícil situación alimenticia en que se encontraba la ciudad.

La reacción absolutista, que tuvo lugar a la vuelta de Fernando VII, destinó a este presidio en calidad de confinados, a numerosos prohombres, distinguidos en las Cortes de Cádiz o significados por sus ideas liberales, entre los que citaremos a Calatrava, Sánchez Barbero y Pérez Sobrino, el segundo de los cuales murió en el destierro.

En 1838, y ardiendo España en el incendio de su primera guerra civil, tuvo lugar el alzamiento de los prisioneros carlistas de Melilla quienes, apoderándose de las autoridades, constituyeron la Real Junta Gubernativa por don Carlos V, que presidida por el eclesiástico desterrado don Gregorio Alvarez y Pérez gobernó la ciudad durante tres meses, al cabo de los cuales volvió a la obediencia de la Reina, sin que afortunadamente hubiera efusión de sangre. Los carlistas, para devolver la plaza, pusieron como condición que se les permitiera salir con sus armas para incorporarse a luchar en las filas de don Carlos.

Consecuencia de nuestras guerras civiles fue la pérdida de prestigio en el exterior, y con ello, el recrudecimiento de los ataques de fronterizos contra las plazas de Soberanía en Äfrica y los frecuentes asaltos de los cárabos armados procedentes de la ensenada de Betoya, que hicieron víctimas de sus piraterías a las embarcaciones que, procedentes de la Península, intentaban llegar al puerto de Melilla. Islas Chafarinas

En medio de esta serie de contratiempos, cabe apuntar un hecho ventajoso: el día 6 de enero de 1848, una escuadra salida de Málaga, al mando del Capitán General don Francisco Serrano, tomada posesión de las islas Chafarinas en nombre de la Reina Isabel II, dejándolas guarnecidas bajo el mando de un Gobernador que dependía del de Melilla.

Islas Chafarinas

Continuando las agresiones a la plaza, se vió obligado nuestro Gobierno a presentar enérgicas reclamaciones al Sultán, quien, reconociendo, la mayor parte de las veces, el derecho que les asistía, carecía sin embargo de autoridad efectiva sobre las cabilas vecinas a la ciudad. Ello hizo que se plantease, como solución, el ensanchamiento de los límites, para ponerla a cubierto de esas agresiones, firmándose, después de largas negociaciones, el Tratado de 24 de agosto de 1859, ratificado en el Tratado de Paz de 1860, por el que cedía en propiedad a España el Territorio inmediato a Melilla, tomando como base el alcance del cañón de a 24 y estableciéndose una zona neutral entre la plaza y el campo, además de obligarse el Sultán a mantener una guardia en las proximidades de Melilla, como medio eficaz de evitar las agresiones de las cabilas que, por cierto, se opusieron tan tenazmente al cumplimiento de los Tratados, que no pudieron tener efectividad hasta el 14 de junio de 1862, en que a presencia de los comisionados españoles y marroquíes, fueron colocados los hitos que delimitaron el campo exterior de Melilla, basándose -según lo acordado- en el alcance de una bala de cañón (2900 metros) disparado desde el Fuerte de Victoria Chica.

No obstante el perfecto derecho que asistía a España para construir en su territorio los fuertes que considerase conveniente para su defensa, las cabilas se opusieron tenazmente a la construcción del de Sidi Guariach, atacando a los que trabajaban en las citadas obras, y dando lugar con ello a la campaña de 1893, denominada también Guerra de Margallo, en memoria de este infortunado General Gobernador de Melilla merto el 28 de octubre de dicho año, en el Fuerte de Cabrerizas Altas.

En los combates que tuvieron por escenario el indicado Fuerte, se distinguió por su heroísmo, que fue premiado con la más alta recompensa militar, la Cruz Laureada de San Fernado, el Teniente de Infantería don Miguel Primo de Ribera y Orbaneja, el mismo que 30 años más tarde había de regir la Nación durante 6 años, como Jefe del Gobierno.

LAS CAMPAÑAS DE PACIFICACIÓN EN LA ZONA VECINA DE MARRUECOS

En el año 1902 hizo aparición en los alrededores de Melilla un agitador, el Rogui Bu Hamara, que se hacía pasar por el Príncipe Muley Mohamed, hijo mayor del Sultán Muley Hasan.

Muley Abdelazzis envió sus Mehal-las contra él, pero derrotadas y acorraladas por las Fuerzas del Pretendiente, tuvieron que refugiarse en Melilla (29 de enero de 1908). La humanitaria intervención del General Marina Vega, salvó a las tropas del Sultán de un total exterminio.

Al cabo de 7 años, cansadas las cabilas de soportar las exacciones del Rogui, se sublevaron contra él, viéndose obligado a abandonar la Alcazaba de Zeluán, donde había instalado su corte, para caer finalmente prisionero del nuevo Sultán de Marruecos, Muley Hafid, quien después de exhibirlo en una jaula y de hacerle sufrir atroces suplicios, lo arrojó a sus leones hambrientos.

La desaparición del Rogui Bu Hamara, que con su presencia mantenía el orden en las cábilas próximas a Melilla, trajo consigo un periodo de anarquía. El 9 de julio de 1909, unos obreros españoles que trabajaban en la construcción del ferrocarril que había de unir las Minas del Uixan con el Puerto de Melilla, fueron asesinados. Y el General Marina tuvo que salir con sus tropas para proteger los trabajos, produciéndose fuertes combates, que obligaron a traer refuerzos de la Península.

El día 27 de julio de 1909, en el Barranco del Lobo, del Monte Gurugú, murió el General Pintos, y el enemigo ocasionó sensibles bajas.

La población civil tomó parte en la lucha, formando compañías de voluntarios, que apoyaron la acción de las tropas. Más tarde, por su participación en estos combates, el Rey don Alfonso XIII concedió a la Ciudad el titulo de Valerosa y Humanitaria.

Las continuas luchas intestinas entre las cabilas, la falta de autoridad de los Sultanes y la creciente anarquía que dominaba Marruecos, hicieron inevitable la implantación de un Protectorado.

Por el Convenio de 27 de noviembre de 1912, entre Francia y España, se asignó a ésta su Zona de influencia. Pero la Zona Norte fue siempre un país guerrero y turbulento, tradicionalmente hostil al poder central, y para imponer la autoridad del Mahzen o Gobierno Marroquí, España tuvo que someter y desarmar a las cabilas, en costosas y sangrientas campañas militares, que duraron desde 1909 a 1927, en que se consiguió pacificar totalmente el país.

Melilla, por su situación geográfica, fue la base de operaciones desde donde irradió la acción militar y política sobre el Marruecos Oriental.

La principal resistencia contra la implantación del Protectorado estuvo a cargo de los rifeños, dirigidos por Mohamed Abdelkrim el Jatabi, de la cabila de Beni Urriaguel (Alhucemas), quien después de ser amigo y colaborador de los españoles, encarnó el espíritu de lucha y rebeldía contra España.

Mohamed Abdelkrim el Jatabi Mohamed Abdelkrim el Jatabi

Las tropas de la Comandancia General de Melilla, llevaron el peso de la lucha contra los rebeldes rifeños. Pero los vaivenes de la política nacional entorpecieron frecuentemente la acción militar.

En el año 1921, en Anual, los rifeños infringieron una sangrienta derrota a nuestras fuerzas, pereciendo el Comandante General don Manuel Fernández Silvestre, con todo su Estado Mayor. Todo el territorio pacificado a costa de grandes esfuerzos se unió a la rebeldía, con la sóla excepción de la cabila de Beni-Sicar, mandada por el Caid Abdelkader, que siempre permaneció leal. La situación de Melilla llegó a hacerse angustiosa. Pero rápidamente llegaron refuerzos que restablecieron la situación, reconquistando el territorio perdido. Finalmente, el día 8 de septiembre de 1925, las tropas españolas, en una arriesgada y decisiva operación, desembarcaban en Alhucemas, corazón de la rebeldía, derrotando completamente al cabecilla Abdelkrim, quien viéndose perdido se entregó prisionero a los franceses.

General don Manuel Fernández Silvestre

Dos años después, toda la Zona de Protectorado español quedaba completamente pacificada, sin que nunca más se volviera a turbar la Paz tan difícilmente conseguida.

En el mes de octubre de 1927, los Reyes de España Don Alfonso XIII y Doña Victoria Eugenia, después de un recorrido, por el recién pacificado Marruecos, llegaron a Melilla, donde fueron acogidos triunfalmente.

La ciudad prosperaba bajo la rectoría del primer Alcalde Civil, Don Cándido Lobera Girela, que realizó numerosas mejoras urbanas.

Pero en la noche del 26 de septiembre de 1928, una gran tragedia se abatió sobre Melilla. El Polvorín de Cabrerizas Bajas, situado junto al barrio del  mismo nombre hizo explosión, destruyendo el Barrio, con el triste balance de 46 muertos y 505 heridos, algunos de los cuales, fallecieron después.

La Ciudad entera se movilizó en socorro de las víctimas y de los supervivientes, a quienes procuró resarcir de cuanto habían perdido.

Poco tiempo después, el Gobierno concedería a Melilla el Título de "Muy caritativa".

El 14 de abril de 1931 se proclamó en España la República. Y al día siguiente, un Comité Republicano-Socialista se hacía cargo del Ayuntamiento.

Don Cándido Lobera Girela fue el último Alcalde de la Monarquía. Y Don Juan Mendizábal Echevarría el primero de la República. Pero bien pronto, el paro, las luchas políticas y los conflictos sociales, enfriaron el entusiasmo con que fue recibido el nuevo régimen.

Los acontecimientos de la Península tuvieron exacto reflejo en la Ciudad. Y por primera vez en su historia, Melilla tuvo sus huelgas generales, sus atentados y sus víctimas.

La sublevación militar de julio de 1936, origen de la Guerra Civil de 1936-39, se inició en Melilla con 24 horas de anticipación al resto de España, a causa de una circunstancia inesperada.

El 17 de Julio de 1936, el Delegado del Gobierno de la República, por una delación que había recibido, tuvo conocimiento de lo que se preparaba y ordenó a la Policía, que procediera a la detención de los dirigentes locales de la sublevación, que se encontraban reunidos en el edificio de la Comisión Geográfica del Ejército.

Al darse cuenta de la llegada de la fuerza pública, el Teniente Julio de la Torre, que se encontraba entre los comprometidos, solicitó por teléfono militar, la ayuda de las fuerzas de La Legión, que acudieron rápidamente, dominando a los Guardias de Seguridad, que acabaron por unirse a la sublevación.

Eran las 16 horas del día 17 de Julio de 1936. Poco después, el Teniente Coronel Maximino Bartomeu, al frente de una Compañía de Infantería, proclamaba el Estado de Guerra, dando lectura al Bando, que firmado por el General Franco, estaba preparado para el día siguiente.

Terminada la Guerra Civil, Melilla vivió una época de grandes realizaciones urbanas, bajo las iniciativas de Don Rafael Alvarez Claro, un emprendedor alcalde.

Durante los diez años que duró la gestión  municipal, se pavimentó el centro de la Ciudad, construyéndose la Plaza de Toros, el Estadio Municipal, el hermoso Palacio del Ayuntamiento, los Bloques de Viviendas Protegidas y otras muchas obras de interés para la Ciudad.

Fue una época de expansión y prosperidad, en la que Melilla alcanzó la población de noventa y cinco mil ochocientos cuarenta y un habitantes (95.841), la mayor de toda su Historia.

En 1956 tuvo lugar el fin de los Protectorados Español y Francés sobre Marruecos, y la Independencia del país protegido.

Antes, se hicieron desaparecer los antiguos cementerios de Guerra, y los restos de los héroes y mártires de las Campañas, fueron trasladados, desde Monte Arruit (Marruecos) al Cementerio de Melilla, para que reposaran definitivamente en tierra española, a la sombra de la Cruz, bajo la Bandera roja y gualda...

MELILLA FRONTERA DE EUROPA

Tras la Independencia de Marruecos, Melilla quedó separada del país vecino, por la frontera que fue delimitada por el pasado siglo, en virtud del acuerdo Hispano-Marroquí de 26 de junio de 1862. Si bien, en la época del Protectorado, la Ciudad Española, había venido siendo, -de hecho que no de derecho-, la capitalidad económica de la Provincia de Nador.

El fin del Protectorado y la construcción del Puerto Marroquí de Nador, y la disminución de efectivos militares, influyeron en el descenso de la población. Pero la Ciudad se adaptó bien a las nuevas circunstancias y no renunció a su mejoramiento urbano.

Se construyó el Parador Nacional de Turismo, el Auditorio Carvajal, la Estación Marítima, a cargo de la Junta de Obras del Puerto, se instaló una nueva red de distribución de aguas, por la Confederación Hidrográfica del Sur y se sanearon las playas construyéndose un Paseo Marítimo.

Puerto Marítimo

En 1969 se inauguraba un Aeropuerto, dentro del territorio de la Ciudad, lo que liberaba a los melillenses de la servidumbre de tener que trasladarse a Tauima, en territorio marroquí, para viajar por vía aérea.

En septiembre de 1970, para presidir los actos conmemorativos del L Aniversario de la Fundación de La Legión, llegaron a Melilla los Príncipes de España, Don Juan Carlos de Borbón y Doña Sofía de Grecia. La Ciudad les tributó un cariñoso recibimiento.

Comisiones de las Comunidades Musulmana, Israelita e Hindú, cumplimentaron a los Príncipes, a los que hicieron entrega de delicados obsequios.

En su visita al Palacio Municipal, los Príncipes firmaron en el Libro de Oro de la Ciudad.

Cinco años después, por fallecimiento del Jefe de Estado, D. Francisco Franco Bahamonde, el Príncipe D. Juan Carlos de Borbón fue proclamado Rey de España, iniciándose una nueva etapa democrática en la vida de la Nación.

Melilla y Ceuta, desde su irrenunciable españolidad, aspiran a ser los pacíficos caminos que unan la vieja Europa con los jóvenes pueblos africanos.

Así lo disponen tanto los lazos de vecindad, como los mandatos imperativos de la Geografía y de la Historia...

EL ESCUDO DE MELILLA

Desde el 11 de marzo de 1913, Melilla viene usando, como Escudo Oficial de la Ciudad, el de la Casa Ducal de Medina Sidonia, que organizó y costeó la expedición, que dio como resultado la Conquista de la Plaza.

Eran los Pérez de Guzmán una de las familias más ilustres y poderosas de la Nobleza Andaluza, que habían prestado grandes servicios a los Reyes, en las largas luchas a que dio lugar la Reconquista.

Duques de Medina Sidonia, Condes de Niebla, Señores de Sanlúcar, de Gibraltar y de otras muchas Villas, descendían del heroico defensor de Tarifa Guzmán el Bueno, por cuya razón, en la cimera de su escudo heráldico, figura una torre almenada y, sobre ella, su glorioso antepasado, en actitud de arrojar su puñal, consintiendo la muerte de su hijo antes que entregar la Plaza, cuya defensa le había sido confiada.

También procede del fundador de la Casa Ducal, el Dragón que campea al pie del Escudo, cuyo simbolismo explica una antigua y curiosa leyenda:

Encontrándose don Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, en Fez, al servicio del Sultán Ben Yusef, hizo su aparición, por aquellos contornos, una terrible sierpe o dragón alado que tenía aterrorizados a los habitantes del país, entre los que causaba grandes estragos, devorando frecuentemente a hombres y ganados.

Decidido a terminar con la fiera y, después de encomendarse al Apóstol Santiago, marchó Pérez de Guzmán a su encuentro, consiguiendo darle muerte, de una certera lanzada, cuando el Dragón, abriendo sus poderosas fauces, se disponía a abalanzarse contra él.

La Corte de Fez celebró como se merecía la hazaña del héroe castellano, que fue honrado y distinguido mientras vivió el Sultán. Pero a la muerte de Ben Yusef, tuvo dificultades con el nuevo Sultán Ben Yacob, envidioso del prestigio de que gozaba Pérez de Gúzman, por lo que éste decidió dejar su servicio, regresando a España.

Por cierto,-según cuentan los Cronistas de la Casa de Medina Sidonia-, que para poder sacar su dinero de Marruecos, tuvo que acudir a la estratagema de llevar en su impedimenta varias cargas de higos, en los que previamente había introducido en cada uno de ellos una dobla de oro...

Descendiente directo de Guzmán el Bueno, fue don Juan Alonso de Guzmán, Señor de Medina Sidonia y Sanlúcar, que casó con doña Beatriz de Castilla y Ponce de León, hija del Rey don Enrique II, quien la dio por Dote, el Condado de Niebla, que por este enlace, entró en el patrimonio de los Medina Sidonia. Desde entonces, el título de Conde de Niebla es usado por los primogénitos de la Casa.

También, como consecuencia de dicho matrimonio, los Pérez de Gúzmán incorporaron a su escudo los Castillos y Leones, propios de la Casa Real de Castilla. Como descendientes de ella, a través de doña Beatriz, hija y nieta de Reyes...

En 1445, don Juan II, -padre de Isabel la Católica- concedió el título de Duque de Medina Sidonia, al III Conde de Niebla, don Juan Alonso de Guzmán y Figueroa, quien añadió a sus Armas la Corona Ducal, quedando defenitivamente formado el Escudo de los Duques de Medina Sidonia, tal como lo conocemos en la actualidad.

Hasta principios del presente Siglo, Melilla no tuvo escudo propio, usándose en los documentos oficiales el Escudo Nacional. Y, si bien en diversos lugares de la Ciudad Vieja, existen Escudos de piedra, artísticamente labrados, son Escudos Reales, correspondientes a los distintos Monarcas, bajo cuyo reinado se terminaron las obras o construcciones donde están colocados.

El 11 de Marzo de 1913, un Real Decreto del Rey don Alfonso XIII dispuso lo siguiente:

"Queriendo dar una prueba de Mi Real Aprecio a la Plaza de Melilla, y en atención a los próceres de la Casa Ducal de Medina Sidonia, que fueron los que organizaron la expedición, que dio por resultado la Conquista de la misma, de la que se titularon Capitanes Generales, y de acuerdo con  mi Consejo de Ministros.

Vengo en conceder a la Plaza de Melilla, el uso del Escudo Oficial de la Casa Ducal de Medina Sidonia".

El Real Decreto, que lleva la firma de don Alfonso XIII, está refrendado por el Presidente del Consejo de Ministros, don Alvaro de Figueroa, Conde de Romanones.

Descripción del Escudo de Armas de Melilla.

Tiene Corona Ducal, que señorea Guzmán el Bueno, en actitud de lanzar un puñal desde el Castillo de Tarifa. Lo sostienen, las columnas del Estrecho de Hércules, con la inscripción "Non Plus Ultra".

Armas: Sobre campo de azur, dos calderas jaqueladas en oro y gules, gringoladas de siete serpientes en sinople, puestas al palo.

Bordura de las Armas Reales de Castilla y de León, de nueve piezas de gules, con Castillos de oro, alternadas, con nueve piezas de plata con Leones de gules.

Divisa: En su parte superior, detrás del Castillo de Tarifa, una cinta alada con la leyenda "Preferre Patriam Liberis Parentem Decet". (Conviene anteponer la Patria a la familia).

Al pie del Escudo, pero fuera de él, un Dragón en sinople. (1).

A este noble y bello escudo, que los Medina Sidonia forjaron a lo largo de los Siglos, Melilla añadió, por méritos propios, los honrosos títulos de "Valerosa, Humanitaria y Muy Caritativa Ciudad de Melilla".

El artículo 3º de los Estatutos de Autonomía de Melilla confirman también la oficialidad de este escudo  para la ciudad autónoma.

(1) Para la más fácil distinción de los colores del Escudo nos permitimos indicar que, en Heráldica, azur significa azul, oro, amarillo; gules, rojo; y sinople, verde.

Calderas jaqueladas quiere decir ajedrezadas. La expresión "puestas al palo" equivale a puestas una debajo de otra, en el mismo eje.

Gringoladas es lo mismo que rematadas o terminadas.

  • Historia, vicisitudes y políltica tradicional de España respecto de sus posesiones en las costas de África; León Galindo y de Vera; Imprenta y Fundición de Manuel Tello; Madird, 1884.
  • Historia de Marruecos; Fray Manuel P. Castellanos; Imprenta Hispano-Arábiga de la Misión Católica de España; Tanger, 1898.
  • Datos para la historia de Melilla; Gabriel de Morales; Tip. "El telegrama del Rif"; Melilla, 1909.
  • Efimérides y curiosidades; Gabriel de Morales; Tip. "El telegrama del Rif"; 1920.
  • Marruecos - Las etapas de la pacificación; General Goded; Cª Íbero- Americana de Publicaciones; Madrid, 1932.
  • Melilla Prehispánica; Rafael Fernández de Castro; Instituto de Estudios Políticos; Madrid, 1945.
  • Historia de las campañas de Marruecos (Servicio Histórico Militar); Imprenta del Servicio Geográfico del Ejército; Madrid, 1947.
  • Diccionario de Historia de España; Revista de Occidente; Madrid, 1952.
  • Tratados y convenios referentes a Marruecos; Isidro de las Cagigas; Instituto de Estudios Africanos; Madrid, 1952.
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    CEUTA

    http://www.ceuta.com/historia/c-historia1.html

    Ceuta está asentada en la orilla sur del Estrecho de Gibraltar, en la costa norteafricana, su localización exacta es: 35º 55' - 35º 32' Latitud Norte y 01º 35' - 01º 41' Longitud, tienen una superficie de 18,5km2 y un perímetro de 28km, veinte marítimos y ocho terrestres. La altitud máxima es de 345m.
          Ceuta es una pequeña península que se encuentra rodeada casi por completo por las aguas del estrecho, esta bañada por las aguas del mar Mediterráneo y las del océano Atlántico. DATOS DEMOGRÁFICOS
    Actualmente Ceuta cuenta con una población 74.093 personas, habiendo experimentado un crecimiento entre los años 1985-1998 de 9,01%, es decir de 66.203 a 72.167 personas.

    Identifican nuestro Monte Hacho como una de las miticas columnas del Herakles fenicio, el Hercules griego, -Abyla-, siendo la otra columna Gibraltar -Calpe-.

    Ambas columnas figuran en el actual escudo de nuestro pais, España.

    A la vista de los conocimientos actuales, se considera que el nacimiento de nuestra ciudad esta ligado al establecimiento de factorias de salazon -el garum fenicio- descubiertas por los arqueologos, en los ultimos años, en los yacimientos de Gran Via y Plaza de Africa, situados sobre el itsmo que une el Monte Hacho con la zona continental.

    Los CARTAGINESES, tras el periodo fenicio y griego, toman nuestra ciudad bajo el mando del general Anibal en el año 319 A.C. Estos ultimos, que ya tuvieron bases en Ceuta unifican sus territorios peninsulares con sus conquistas africanas.

    La INFLUENCIA ROMANA, llegara a la ciudad a consecuencia de los enfrentamientos entre Cartago y Roma. En este contexto se produce la primera mencion a la ciudad en un texto latino: En el año 240 a.c. se narra como los los restos de una flota punica (cuatro galeras), se refugian en la ciudad (Septum) despues de ser derrotadas por los romanos.

    Finalmente, dos siglos antes de Cristo, como consecuencia de la caida del Imperio Cartagines, nuestra ciudad queda bajo la influencia de Roma, pasando a ser denominada Septem Frates (siete hermanos). La intromision de los romanos en los asuntos de los reyezuelos indigenas y la participacion de estos en las luchas civiles de Roma, llevaron a los territorios de Numidia y Mauritania a pasar a control directo de la Urbe como provincias romanas. La fidelidad de sus pobladores al Emperador fue premiada, recibiendo sus habitantes carta de ciudadania: Civitas Romanorum.

    Es a partir de la definitiva vinculacion con Roma cuando los designios de la ciudad se unen estrechamente a los peninsulares. Durante este periodo, la ciudad aumenta su valor estrategico y comercial para el Imperio; se incrementa el numero de tropas y pobladores, hasta el punto que puede ser considerada como capital de facto de la Mauritania Tingitana, aunque comparta esta influencia con Tingis, la actual Tanger.

    A pesar de ello, Roma no pudo ejercer en estas provincias, extensas y distantes, una obra tan intensa de romanizacion como para que su huella perdudara durante siglos. Tan solo la zona septentrional de los territorios anteriormente reseñados, la Mauritania Tingitiana (agregada a la Diocesis de Hispania en el año 293 d.c. y al Convento Juridico de Cadiz), a la que acabaron replegandose en tiempos de Diodeciano, permanecera dentro de los limites del Imperio hasta la destruccion del mismo por los barbaros.

    Como resultado de las invasiones que, procedentes del Este de Europa, van estrangulando el poder de Roma, se produce la ocupacion de la Peninsula Iberica , en los albores del siglo V, por los pueblos barbaros.

    Uno de estos pueblos, los VANDALOS se establece en la Betica , (a la que denominaran Vandalusia), y en el curso de su expansion, deciden aventurarse por tierras africanas. Asi, el año 429 d.c. marcara una fecha nefasta para nuestra ciudad: Los Vandalos a las ordenes de su rey Genserico, arrasan la ciudad y sus pobladores, iniciandose un siglo de dominacion vandala sobre ambas orillas del Estrecho.

    El efimero dominio de los vándalos dio paso a los BIZANTINOS, los cuales, con Belisario, su general, al mando, tras apoderarse de Cartago y del Norte de Africa, reconquistan Ceuta en el año 534 d.c., asi como una amplia franja del sur de la peninsula.

    En 533, los bizantinos al mando del general Belisario toman Cartago, capital del Reino Vándalo.
    En 534, Juan, bucelario de Belisario, con un reducido destacamento asaltó y tomó Septem hasta entonces en poder de los vándalos. Otra sección, cuyo comandante era Apollinarius, toma las islas Baleares.

    Justiniano, ordenará reedificar la ciudad, levantando sus murallas y defensas, y la dotara de importante guarnicion y flota, como llave del Estrecho y capitalidad de la region, denominándola Vestibulo del Imperio.

    El emperador Justiniano I convirtió Ceuta en una poderosa base bizantina, quizás la más importante del Mediterráneo occidental con una tropa permanente que, con las tropas auxiliares llegarían al millar de efectivos; las murallas se reharán, incluyendo barbacanas. Se añaden baños, conducciones de agua, un palacio, almacenes, mercado y una catedral dedicada a la Teótocos (Madre de Dios), protectora del imperio y de la ciudad, que ahora, como Nuestra Señora de Africa se venera por los ceutíes cristianos.
    El mando efectivo estaría a cargo de un Tribuno militar que también sostendría la administración civil.

    San Isidoro de Sevilla dice que en 547, el rey visigodo Teudis intentó un golpe de mano contra Ceuta y fracasó.

    Desde Ceuta, en 552, las tropas imperiales saltan hasta Málaga.
    Parte de la península fue integrada también en el imperio, entre el 555 y el 628.

    De nuevo, ambas márgenes del Estrecho, se hallan bajo los mismos designios, los del Emperador Justiniano I, que aspira a reconstruir el fragmentado Imperio Romano.

    Se instituyó un obispado en la ciudad.
    (Un presbítero Crescens, de Septem, estampó su firma en las actas de la Conferencia de Cartago hacia el 484. Algo más tarde hay constancia de un obispo a cargo de los fieles de la ciudad)

    La administración que había establecido en la ciudad Justiniano I parece mantenerse durante todo el periodo aunque debieron existir matices. Está claro que se dominó un pequeño territorio en el país o entorno, ("hinterland"), que tal vez incluiría Tingis, (tanger), y una franja de costa que incluso miraría a la vertiente atlántica.

    Un tribunus continuó manteniéndose al frente. Es probable que se creara una eparquia llamada Mauritania B que englobaría Septem, la península y las islas Baleares, y que tendría un grado muy notable de autonomía respecto al Magister Millitum y Prefecto del Pretorio del exarcado africano, con sede en Cartago. No en balde las comunicaciones con la Mauritania A y el resto del Africa sólo eran posibles por navegación de cabotaje y la importancia del enclave muy tenida en cuenta por los gobernantes bizantinos que se esforzaron en dotarla de medios y "capacidad propia de decisión y ejecución".
    (Creemos que existió un interés marcado en que los gobernantes locales tuvieran capacidad de ejercer con propia iniciativa, sin tener que esperar instrucciones de otros mandos intermedios que siempre podrían carecer de información adecuada

    En el reinado de Sisebuto, con la incorporacion a la monarquia visigoda, la ciudad es designada capital de la Hispania Transfretana, con jurisdicción sobre otras diez ciudades norteafricanas.

    En 682, el gobernador de Ceuta, Simplicius, al frente de una poderosa guarnición, se enfrentara con éxito a una incursión árabe dirigida por el jefe Uqba.

    Diez años después, el jefe Hassan consiguió doblegar la resistencia bizantina en Byzacena, Proconsular y Numidia

    La Mauritania A fue el último eslabón. Aseguran las fuentes árabes que cuando los conquistadores islámicos entraron en Cartago, para nunca más abandonarla, en el fatídico año del 698, ya restaban "pocos moradores y de escasa categoría". Al parecer los bizantinos no tuvieron "más refugio que el de sus barcos... Los rum pudieron huir en sus naves con muy poca impedimenta".

    Entre el territorio de Cartago y Septem, para los árabes todavía quedaba un importante obstáculo por tierra: los belicosos bereberes de la cordillera del Atlas. No sería, en ningún caso, fácil adentrarse por aquellas latitudes. El mar todavía pertenecía a los dromones de Bizancio.

    Hacia el 702, las fuentes árabes nos hablan de un rum, cristiano o infiel, llamado Iulianus, autoridad que domina en la vertiente africana del estrecho. Y también reconocen que los hombres bajo su mando eran "diferentes" a los bereberes, mucho más disciplinados y difíciles de doblegar.

    El jefe Musa tomó el relevo de Hassan en el año 704. Sabemos que derrotó a varios grupos bereberes y trasladó hacia el oriente millares de cautivos. Sin duda, diezmó a la poderosa tribu de los Auraba. En el 706 apareció frente a los muros de Septem. Allí, los árabes insisten en la mayor "dificultad" que encuentran. Entendemos que de nuevo fracasaron en el asalto directo. De hecho, sabemos que Musa decidió entonces asolar el país; descendió hasta el oasis de Sidjilmessa, (en el mismo Sahara) y retornó a través de la región costera atlántica para acabar tomando Tánger. Pudo volver en el 709 a Kairouan con un "enorme botín".

    Y, tal vez, con la sumisión nominal de Iulian, al que sólo le restaría ya la estrecha franja de terreno más próxima a Ceuta y el estrecho.

    (Servidumbre que venía a romper una previa colaboración y tratado de vasallaje con el reino visigodo. No cabía una situación más precaria que la de aquellos rumíes en esos años finales. Las comunicaciones con Bizancio serían en extremo difíciles; tal vez se trataba ya de una región semi-independiente de facto, que escasa ayuda podía recibir desde la metrópoli. Aunque tampoco podían ser considerados un aliado fiable, se mantendría "in extremis"una alianza tácita con el reino visigodo del otro lado del estrecho.
    Después de la campaña de Musa, Septem estaba al límite de su capacidad de supervivencia geográfico-estratégica. No debe extrañar que, al final, el juego de alianzas terminara por mudar. Podría ser más razonable aliarse con los árabes que mantener el pacto con los godos).

    Hacia el 711 los musulmanes presionaron de nuevo a Iulian. El último romano de la ciudad, a cambio de un tratado en virtud del cual se respetarían la vida y propiedades de los rumíes, (soldados y funcionarios bizantinos), afranj (propietarios fundiarios) y afariqa (bereberes cristianos bilingues); consintió en aportar sus barcos para el traslado de tropas árabes hasta Algeciras en la costa de la península.

    El ultimo rey visigodo, Don Rodrigo, tenia en Ceuta como gobernador y vasallo, al legendario Conde Don Julian, señor de Consnepam que tras contemporizar algun tiempo, cede la ciudad al caudillo arabe -Muza-, que la ocupa, cruzando finalmente el Estrecho en el año 711 d.c.

    Las huestes de Muza y Tarik, caudillos arabes, derrotaron a Don Rodrigo y ocuparon la península en tan solo siete años.

    Muza pasa a cuchillo a los habitantes de Ceuta, destruyó sus templos y saqueó sus riquezas. Se inicia entonces un largo periodo de dominación musulmana, paralelo al de Al-Andalus, que pasa por el Califato de Damasco, los idrissies, Califato de Cordoba, un periodo de independencia en el siglo XI, hasta las invasiones almoravide, almohade y benimerín.

    Los invasores del Califato de Damasco la arrasaron en el 740, siendo reconstruida años más tarde por los gomaris del entorno, quienes se sometieron al imperio de los Idrisíes, dueños de casi todo el norte de Africa.

    Ya constituido en el sur de la Peninsula Iberica, Al-Andalus, verdadero estado independiente regido por la dinastía de los Omeyas españoles, su califa Adb-Al-Rahman III, persistiendo en la constante histórica y con el fin de prevenirse ante nuevas invasiones procedentes del sur, ocupa la ciudad de Ceuta el 25 de marzo del año 931 d.c., con tropas al mando del general Faray Ben Ufair.

    Esta situación de plaza de soberania dependiente del Califato de Cordoba se mantendrá durante un siglo, en el cual, se poblará la ciudad con andaluces y se robustecerán sus defensas, convirtiéndose en una sólida base de operaciones para asegurar el dominio sobre una gran parte de lo que hoy constituye el Reino de Marruecos.

    Cuando se produce la desintegracion del Califato Cordobes, Ceuta se constituye en un reino taifa, Sebta, acuñando su propia moneda. Su primer caudillo, Ali Ben Hammud, con el pretexto de liberar a Hixan II, resuelve adueñarse del poder en Cordoba, haciendo su entrada triunfal en la capital en el año 1016, donde es reconocido como Califa con todas las formalidades legales.

    Como siempre, de Ceuta partiran las invasiones Almoravide, Almohade y Benimerin.

    El almoravide Yusuf Ben Taxufin fijara su corte en Ceuta y que su hijo, y futuro monarca, Ali Ben Yusuf Ben Taxufin naciese aqui. En su reinado nace también en Ceuta el geógrafo Al-Idrisis.

     

    Algo más de medio siglo después, son los almohades quienes se asoman al Estrecho, conquistan la población y luego saltan sobre la península. Alcanza entonces nuestra medina sus mejores momentos, conviviendo con la avanzada sociedad islámica, comunidades judías y cristianas, esta última formada por mercaderes aragoneses, marselleses, genoveses...; ambas tenían su residencia en arrabales y fondaqs en los cuales comerciaban y practicaban su religión pacíficamente y sin ostentación.

    Sabemos, no obstante, que los almohades en ocasiones perseguían a los judíos, a los que confinaban en mellahs, y se producían casos de martirio de misioneros franciscanos, como los dos efectuados en Marraquech en 1219 y 1232, y el de San Daniel Fassanella y sus seis compañeros en la Ceuta de 1227, por lo que años después serían proclamados Patronos de la Ciudad.

    El mandato almohade fue, sin duda, de los más revueltos, sometiéndose Ceuta en 1231 al Rey de Murcia, interviniendo a su favor una escuadra de Génova denominada de los Calcurinis y volviendo a declararse Señoría Independiente entre 1232 y 1237. Después de una corta transición, se hacen con el control local los azafíes, a quienes los encontramos alineados, ora con los benimerines –el sur– ora con los nazaríes –el norte– y teniendo como fiel de la balanza los pactos que con unos y con otros hacen y deshacen los monarcas aragoneses del siglo XIII y XIV.

    Los benimerines construyen Ceuta La Vieja y tambien levantan el poblado de Beliunex en la Bahia de Benzu, que les servira como residencia de verano y lugar de recreo y descanso.

    Durante los siglos XII y XIII actua como ciudad casi libre, aislada del Norte y del Sur, comerciando con ambos y con los restantes paises ribereños del Mediterraneo. Genoveses, Venecianos, Marselleses, Catalanes, etc, levantan sus consulados y depositos de mercancias para el comercio, contribuyendo asi la prosperidad de la ciudad.

    En el siglo XIV, ocupada ya por Granada, la ciudad entra en el juego de la politica mediterranea de Castilla, Granada, Aragon y Marruecos, hasta el punto de que, en el año 1309-1310, es conquistada para Fez por tropas y naves aragonesas de Jaime II.

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    A comienzos del siglo XV, Portugal, bajo el reinado de Don Juan I, tenia finalizada la reconquista de su suelo, decide enviar sobre Ceuta una flota al mando de sus hijos, los infantes Don Duarte y Don Enrique -mas conocido como El Navegante-, futuro impulsor de la politica portuguesa de ultramar.

    Las razones fueron múltiples: Religiosas (continuar con la cristianización en tierras de infieles), políticas (reforzar la posición de la monarquía lusa), caballerescas (armar caballeros a los hijos de Juan I en hecho de guerra), económicas (interceptar las rutas comerciales europeas y africanas)...

    El desembarco portugues, que se llevo a cabo el dia 14 de agosto de 1415, se produjo simultaneamente en dos zonas de la ciudad, San Amaro y Fuente Caballo. En pocas horas de lucha, la ciudad queda en manos portuguesas. Conviene recapitular que la toma acontecio mucho antes de finalizar la Reconquista, pues no puede olvidarse que la capitulacion de Granada ante los Reyes Catolicos data de 1.492.

    Fue conquistada por una armada a cuyo frente venía Juan I de Portugal, el 21 de agosto de 1415. Las crónicas medievales nos hablan de razones religiosas y caballerescas para justificarla, mientras que autores más modernos se fijan en las necesidades de expansión, de interrupción de las rutas de oro, marfil y especias que venían del interior de Africa; el situar un punto de socorro a las naves que transitaban el Estrecho y constituir una base para acabar con la piratería que reducía sensiblemente el volumen del tráfico de mercancías que salían del Mediterráneo al norte de Europa.

    Juan I de Portugal, permaneció en Ceuta hasta el 2 de septiembre de aquel mismo año, fecha en la cual dejó al mando de la Plaza a D. Pedro de Meneses y con él las bases para su gobierno. He aquí la razón por la que la Asamblea de la Ciudad Autónoma consensuó este día, 2 de septiembre, como el más apropiado para celebrar nuestra festividad institucional.

    Meneses organizó, con los efectivos que dejó el monarca, compañías de infantería, caballería y marina, que son el origen de nuestra guarnición; con los caballeros un consejo consultivo, que luego fue Cámara, Ayuntamiento y hoy es nuestra Asamblea; con los más eficientes hidalgos se sirvieron los puestos de Juez, Veedor, Escribano, Tesorero...; y con los profesionales el Hospital del Infante y la Botica, entre otros servicios.

     

     

    Tampoco se descuidó la vertiente espiritual y pronto se afincaron las comunidades de Franciscanos y Dominicos, son fundados los conventos de Santiago y San Jorge..., nacieron templos y cofradías y se logra de la Santa Sede el nombramiento de Obispo de Ceuta, desde 1421, hubo Obispo, Catedral y Cabildo para regir esta última.

    Ni siquiera olvidó el Rey el socorro exterior, que encomendó a la Orden de Cristo, cuyo Gran Maestre sería desde muy pronto el Infante D. Enrique –verdadero motor de la conquista– ni los símbolos: en las murallas quedó tremolado el Pendón Real y la Bandera de Lisboa. Del primero procede nuestro escudo, que con ligeras variantes es el del reino lusitano, adoptándose la bandera de San Vicente como la de Ceuta y, junto a ellos, el áleo, bastón de nudos con el que D. Juan confirió el mando de la Plaza a Meneses ha continuado, hasta hoy, en las manos de la Virgen de Africa, simbolizando su gobierno. Se trata de la misma imagen que nos enviara D. Enrique hacia 1418.

    Tras la toma, se nombrara Gobernador con categoria de Capitan General a D. Pedro de Meneses, que comienza a construir los fosos y murallas destinados a resistir las embestidas islámicas. Las lucha contra estos fue dura, continuada y plagada de hechos heroicos.

    Dejamos atras, por tanto, una ciudad islamica -benimerin- en decadencia, para poner las bases de una plaza militar medieval que se abre al futuro. Las mezquitas se convierten en iglesias, sus debiles murallas se transforman en impresionantes fortificaciones y el Rey, Don Juan I, funda en Ceuta el presidio destinado para aquellos que cometan delitos graves en territorio portugues.

    La corona portuguesa cuida la ciudad con mimo, considerandola un preciado tesoro, como demuestran los hechos relativos al cautiverio del infante Don Fernando, hermano menor de Don Enrique. Ceuta se constituyó en cabeza de puente para un imperio luso en Africa, el primero de los ultramarinos, que vería éxitos y fracasos en Arcila, Tánger, Alcazarquivir (Alcázar Seguer, donde fue cautivado el Infante D. Fernando, quien diera su vida porque no fuese entregada nuestra ciudad).

    La ciudad se transformó fortificándose su istmo. En tan estrecho recinto vivía una población compuesta por nobles, militares, religiosos y gentes de oficio, que combatían, convivían y a veces, también, redimían errores pasados. En ella nacerían Santa Beatriz de Silva y el Beato Amadeo, trabajaría como obrero San Juan de Dios y podemos resaltar que el gran escritor portugues Luis de Camoens, perdio un ojo en la defensa de la ciudad.

    Se nombrara tambien una Cámara para consejo del Capitan General;

    Asi mismo, durante el reinado de Don Alfonso V, este manda acuñar moneda en la ciudad, denominandose "ceitiles" o "ceuties", empleandose en los primeros intercambios con America.

    Tambien estuvieron radicadas en Ceuta fabricas de papel. Muchos archivos españoles se encuentran repletos de libros y documentos que fueron confeccionados con el papel procedente de nuestra ciudad.

    Como plaza fuerte africana, Ceuta tendra tambien un destacado papel en la planificacion y logistica de otras conquistas portuguesas en el continente africano.

    Continuamente atacada por los moradores fronterizos, que intentaran en vano reconquistarla en multiples ocasiones, es necesario, durante este periodo, reducir el perimetro del casco urbano con el objeto de facilitar su defensa. La ciudad se contituye sobre el istmo, defendida por el mar en sus limites Norte y Sur, y con sus grandes fosos amurallados en el Este y Oeste. El gran escritor portugues Mascarenhas describira la vida en la plaza y su recontruccion durante este periodo.

    Finalmente, tras la muerte sin herederos del Rey de Portugal, Don Sebastian la corona portuguesa pasa a Felipe II, Rey de España (y Portugal) y con ella, la ciudad de Ceuta. Ello sucedia en el año 1.581.

    En 1.578, el rey Sebastian I de Portugal fallece en la batalla de Alcazarquivir y, dos años despues, su tio y asesor el Cardenal Don Enrique. Tras una pequeña lucha interna por la sucesion, el Rey Felipe II de España , al que correspondia legitimamente la corona Portuguesa por linea de sangre, anexiona finalmente Portugal al resto de sus reinos ibericos y, con aquellos, la Ciudad de Ceuta. El Rey y sus sucesores respetaran las instituciones y privilegios obtenidos por la ciudad bajo el manto portugues.

    En 1578 falleció en la batalla de Alcazarquivir el Rey Sebastián. Felipe II había ordenado a D. Alvaro de Bazán que vigilara en el Estrecho las posibles represalias contra la ciudad, que pudieran conducir a su pérdida. No fue necesario y así, cuando se produjo el fallecimiento del Cardenal D. Enrique, el ya Rey Felipe I de Portugal pudo mandar al Corregidor de Gibraltar a tomar posesión de ella, tremolando el Pendón Real que hoy día conservamos, con las armas de España por una cara y las de Portugal por la otra, en un hermanamiento que continúa en la historia y los sentimientos de los ceutíes.

    Los Felipes (I, II y III de Portugal, II, III y IV de Castilla) conservaron la Plaza respetando sus instituciones, fueros y privilegios, pero cuidaron de forma especial que no le faltara el apoyo defensivo y de abastecimiento que podía ofrecer Andalucía con mayor prontitud que el Algarve.

    El primero de diciembre de 1.640, se inicia el alzamiento de independencia portugues en una confabulacion denominada de Terreiro Dao Paço y, el quince de diciembre del mismo año fue coronado como Rey de Portugal, por el Obispo de Lisboa, el Duque de Braganza, bajo el nombre de Juan IV de Portugal.

    Esta noticia no tarda en ser conocida en Ceuta. La ciudad, legitimista, mantiene su reconocimiento como Rey natural a Felipe IV (o Felipe III para los Portugueses) y por tanto no se une al pronunciamiento, siendo la unica ciudad de la orbita portuguesa que seguira siendo fiel al monarca.

    Los ceutíes decidieron en plebiscito continuar bajo la corona de los Austrias, bajo la Corona Española, solicitando la incorporación a la Corona de Castilla con todas sus prerrogativas, fueros y privilegios, lo que le serían reconocido por Portugal al fin, con el tratado de Paz y Amistad firmado entre ambos reinos en 1668.

    La muestra de lealtad es reconocida por el Rey Felipe IV que en Real Celula, dada en Aranjuez el treinta de abril de 1.656, concede a la ciudad Carta de Naturaleza y añade el titulo de Fidelisima a los que ya ostentabamos de Noble y Leal y al de Ciudad, que ostentaba desde la bula papal de 1421.

    	"Mi intención y deliberada voluntad es que dicha ciudad de Zeuta  quede 
    	y este por comprendida en estos dichos mis Reinos y se juzgue y  repute 
    	como yo la juzgo y reputo por uno de ellos, con los honores,     atributos, 
    	franquezas y demas cosas que por Ley y derecho, usos  y  costumbres, o 
    	en otra forma tienen y tuvieren, pueden y deben,  pudieren  y    debieren 
    	haber  y  tener  las  ciudades  de  estos  dichos  mis    Reinos:    gozando 
    	generalmente, sin limitacion ni reserva, de lo  que  ellos  gozan,  como  si 
    	desde   un    principio   y   primera   fundacion   fuera   inconclusa;   y    lo 
    	estuvieran en ellos."
    
    	
    	* Nota: En definitiva, por real orden, se nos reconoce los mismos 
    		derechos que  cualquier otro territorio de España,  como
    		si hubiesemos pertenecido al mismo desde su fundacion. 
    		Y eso desde 1.656
    	
    	

    Los ceuties se siguieron considerando portugueses y anhelaron la continuidad de la union de ambas coronas. Algunos acontecimientos que tuvieron lugar durante los años de la lucha, prueban estos sentimientos. Cuando muere Felipe IV, en la procesion de sus honras funebres se clama en nuestra ciudad: "Llorad, pueblo; llorad por vuestro Rey Felipe III de Portugal".

    En 1.668, en la firma del tratado que reconoce la independencia de Portugal, se refrenda la decision de la ciudad de Ceuta de permanecer fiel a la Corona Española.

    La reina Doña Mariana de Austria refuerza la Cedula del Rey Felipe IV:

    	- De fecha 19 de mayo de 1668 por la que indica  que  "para  favorecerla
    	y honrarla (la ciudad de CEUTA) ha mandado que se guarden a la ciudad 
    	las Leyes y Costumbres con que hasta entonces se habia gobernado".
    
    	
    	- De fecha 3 de julio de 1.668, otra Real Cédula,  por  la  que  ratifica   la 
    	anterior  proclamacion,  diciendo:  "Siempre  tendre  especial  cuidado  a 
    	vuestra  asistencia  y  gobernacion;  y  atendiendo  tambien  a  vuestros
    	meritos,   he  acordado  que   se  conserven  a   vuestros  naturales  los
    	Oficios,  Fueros,  Leyes  y Costumbres que habeis tenido".
    	
    
    	
    	* Nota:  Aqui se fundamenta el peculiar "fuero" que ha disfrutado
    		nuestra	ciudad. Tal legislacion ha subsistido bajo  todos  
    		los regimenes  y  en  ella  se  ha  basado,  con  ligeras 
    		modificaciones, el regimen especial de territorio franco,
    		la Transitoria Quinta de la Constitucion  y,  finalmente, 
    		el Estatuto de Autonomia.

    "La fidelidad de la ciudad al legitimo monarca, durante la revuelta portuguesa, sera premiada por la corona española con los titulos de NOBLE, LEAL y FIDELISIMA, una Carta de Naturaleza sin restricciones y el manifiesto respeto a los fueros y derechos..."

    El siglo XVII se va a cerrar con la declaración de un Cerco que impondrá Sultan Mulay Ismail, que puso sitio a la plaza convocando la "Yihad" o "Guerra Santa" y del cual no cejará hasta su muerte, acontecida en 1727. Es un período conflictivo en el cual surgirán nuevas fortificaciones exteriores para la defensa de la plaza, exigiendo la demolición de barrios enteros y el traslado de muchos de sus habitantes a la Almina, en lo que se ha dado en llamar la fundación de una nueva población.

    Durante estos años de asedio musulman la poblacion civil se ve obligada a abandonar el cuadro fortificado que va desde el foso de la Almina al foso Real y replegarse a las faldas del Monte Hacho, concretamente al llamado Arrabal de la Almina, situado entre el foso que lleva su nombre y Cortadura del Valle.

    El nuevo asentamiento de la poblacion obligara a construir nuevos edificios en esta zona, como las Iglesias de San Francisco y Los Remedios, la Maestranza de Obras y algunos otros edificios que van desapareciendo implacablemente. Durante el asedio, resulta fuertemente dañada nuestra Iglesia Catedral, situada en la actual Plaza de Africa y por tanto cercana al limite Oeste de nuestras fortificaciones, frente a los sitiadores arabes.

    Simultaneamente, estalla la Guerra de Sucesion a la Corona española. Ello, obligara a otear tambien nuestro flanco marino, alerta ante el enemigo.

    En 1.704, la escuadra del Archiduque Carlos conquista Gibraltar. A continuacion, cuatro dias después, se produce un ataque conjunto contra la plaza de Ceuta. Los moros atacaran la ciudad por tierra mientras, una flota Anglo-Holandesa cañonea e intenta el desembarco en la ciudad, salvándose Ceuta por la valentía de su gobernador, el marqués de Gironella y por la reaccion de la poblacion civil y de la guarnicion de la plaza que es heroica. Tropas de guarnicion, voluntarios, mujeres e incluso niños toman las armas y se enfrentan heroicamente a los invasores hasta que estos, viendo la imposibilidad de tomar la plaza, deciden finalmente abortar el ataque.

    Consecuencia de la pérdida del Peñón será la aparición de varios núcleos de población como La Línea, San Roque y Los Barrios pero, sobre todo, la reconstrucción de Algeciras, asolada desde hacía cerca de dos siglos y cuyo proyecto tendrá como razón principal ofrecer un nuevo puerto de apoyo y abastecimiento a Ceuta.

    Pero el asedio islámico continuara. Lo prolongado del mismo obliga al Rey Felipe V a tomar medidas mas radicales: Aprovechando el retorno desde Italia de las fuerzas del Marqués de Lepe, las envia a Ceuta para romper el asedio. El Marqués, vence a los musulmanes y rompe el cerco, pero a su regreso a la Peninsula, los moros vuelven a sitiar la ciudad hasta el año 1.728.

    Hasta 1.860 los esfuerzos musulmanes por apoderarse de la plaza fueron constantes y, las treguas, reducidas.

    Santa Iglesia Catedral, antes de su transformación de 1.947. Postal coloreada. A. Rubio.

    Con el afianzamiento de Felipe V en el trono, vendrá la remodelación del ejército, que transformará la guarnición; del Estado, que modificará la estructura tradicional de la economía local, basado en las tensas y moradías; y del urbanismo, en parte por la ampliación del recinto urbano aludida. Legalmente habrá también cambios: a pesar de la promesa de mantener sus privilegios, se elaborarán Reglamentos de Ciudad en 1715 y 1745, transformándose el Cabildo Municipal, para caer en manos del Gobernador, militarizándose todo.

    Respecto a los aspectos antropológicos, la población se españoliza rápidamente, ya que los nobles que mantienen el poder son los primeros interesados en hacerlo, mientras que los que por el estatuto castellano no son autorizados a trabajar, se insertan en el ejército, el clero o salen de la Plaza. Las clases populares, por su parte, se adaptan rápidamente mientras que las minorías son las que sufren el cambio: Se reducen sensiblemente los contactos con Marruecos y los judíos son expulsados en 1708, aunque un siglo más tarde vuelven a aparecer, ante la impotencia de las autoridades religiosas. También en este siglo, en 1792 concretamente, se asienta una pequeña comunidad de argelinos, la Compañía de Mogataces, evacuados de Orán por nuestras tropas al temer que su fidelidad a España les llevara a la muerte.

    Con los Borbones se refuerza la imagen de plaza fortificada y guarnición militar de Ceuta, pero también se gana en la de ciudad. América ya no lo es todo y volvemos la mirada a Africa. Se reconstruyen Catedral, iglesias y conventos; se levantan edificios públicos como hospitales, botica, veeduría, casas consistoriales, correo, estanco...; se urbanizan calles y plazas, se reforman jardines, cuida el abastecimiento de aguas y se cambia la fisonomía de la vivienda privada. Pero no todo es positivo y así se sufren enfermedades contagiosas en 1721 ó 1743-44; asedios como el de 1791 y el reforzamiento del penal, a comienzos ya del XIX.

    El cambio de siglo supone una crisis en la historia de España, que venía precedida de lo sucedido en otros países de Europa. El reflejo del paso del Antiguo Régimen a la Ilustración, con la Guerra de la Independencia y el principio de la pérdida de las colonias, tiene sus consecuencias en Ceuta: Respecto a lo primero, la población se ve dividida entre partidarios de la monarquía absoluta y el nuevo orden político, pero su posición geográfica, dependiente de Cádiz y preservada de los franceses por las aguas del Estrecho, provocará que muchos nobles y religiosos, entre los que se contarán los duques de Medinaceli y de Abrantes, marqueses de Ariza, el arzobispo de Laodicea o el Tribunal de la Inquisición de Sevilla se refugien aquí. La guerra se sigue al día y junto a Daoiz y Velarde, se destaca en los hechos del Parque de Monleón el Teniente Jacinto Ruiz Mendoza, un héroe ceutí. En cuanto a los movimientos revolucionarios americanos, serán numerosos los desterrados a Ceuta, como Francisco Iznardi, secretario de la Junta Revolucionaria de Caracas o el peruano Juan Bautista Tupac-Amaru, a los que seguirán liberales como el padre de la Constitución de Cádiz, Agustín de Argüelles.

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    Las tropas napoleonicas invaden la Penincula Ibérica. A esta invasion respondera Ceuta negándose a reconocer a José Bonaparte y a su representacion en las Cortes de Bayona.

    Ceuta, con su hermana Melilla constituyen Juntas de Defensa para sostener la lucha contra el invasor y los derechos del rey legítimo. Como antes comentamos, cuando toda España aparecia ocupada por las tropas de napoleon, solo Ceuta, Melilla y Cadiz permanecen libres del yugo frances.

    La resistencia mostrada frente a la invasion, se materializo en la activa participacion de nuestros regimientos en la Guerra de la Independencia. Asi mismo, algunos ceuties, como el Teniente Jacinto Ruiz de Mendoza, ganaron la consideracion de heroes nacionales en esta contienda. El Teniente Ruiz, junto a los Capitanes Daoiz y Velarde, tuvo activa participacion en los sucesos del dos de mayo en el Acuartelamiento de Moncloa en Madrid.

    Asi mismo, durante la guerra, nuestra ciudad sirve de seguro refugio para muchas personalidades, como los Duques de Medinaceli, el Obispo de Laodicea y un largo etc. Otra heroina de nuestra Guerra de Independencia, Agustina de Aragon, residio tras la misma y hasta su muerte en nuestra ciudad de Ceuta.

    Finalizada la guerra, con la Constitucion de 1.812, la Junta de la ciudad se transforma en Ayuntamiento Constitucional.

    Con las desamortizaciones se exclaustra a las órdenes religiosas, lo que tiene efectos desastrosos en la enseñanza y la sanidad, así como en la pérdida de cofradías y templos.

    En 1.859 los cabileños de Anyera destruyen parte de las obras de defensa de la ciudad y arrancan el escudo de España de la piedra que marcaba el limite del campo español. Este incidente, en realidad de poca importancia, toma naturaleza de "Casus Belli" para España.

    En la Peninsula, todos los partidos politicos olvidan sus diferencias para fundirse en un solo frente patriotico. El Congreso entero se levanta al grito de ¡Viva España!, alcanzando el sentimiento de unidad nacional a toda la nacion, que se apresta a vengar la afrenta.

    Para financiar la campaña militar que se avecinaba no fue necesario implantar nuevos tributos; desde la Reina que ofrecio sus joyas para sufragar los gastos de guerra hasta el ultimo labriego, toda España se prodiga en actos de patriotismo. Las provincias, ciudades, villas, las corporaciones, el clero y hasta el mas pobre de los españoles se apresuran a ofrecer dinero, viveres y efectos con un sentimiento de dignidad nacional zaherida.

    En Ceuta comienzan a concentrarse tropas para el inicio de las operaciones de guerra, bajo el mando principal de los generales Prim y O'Donnel. En un primer momento, las tropas han de abandonar la proteccion del recinto amurallado y salir al campo exterior para tomar las posiciones que dominan la ciudad por el Oeste. En este contexto se producira la Batalla del Serrallo, a escasos tres kilometros de las murallas de Ceuta, que sera un exito total para las tropas españolas, ocupando las posiciones elevadas, asegurandolas y despejando, por tanto, el camino a posteriores avances.

    Seguidamente, en el transcurso del avance hacia el interior, tendran lugar la Batalla de los Castillejos y la de Tetuan. Es de recibo mencionar la extraordinaria y heroica actuacion del cuerpo de Voluntarios Catalanes a las ordenes del General Prim, durante las operaciones militares de esta campaña.

    Termina la campaña con la firma de la Paz de Wad-Rass por el Sultan de Fez, ampliandose en el tratado los limites territoriales de nuestra ciudad. España no exige del Sultan el reconocimiento de la soberania española sobre Ceuta, toda vez que su adhesion a la corona española era anterior a la propia existencia del Reino de Marruecos y se daba por sentado. Asi, los unicos puntos del tratado haran referencia a los nuevos limites del "Campo Exterior" de la ciudad y a las seguridades dadas a la misma.

    Esta campaña sera objeto de abundantes relatos y testimonios, quedando inmortalizada por la pluma de Pedro Antonio de Alarcon y por el pincel de Fortuni.

    En nuestra ciudad tambien dejara huellas imborrables. La disposicion de una zona de seguridad, permitira proteger adecuadamente a la poblacion y permitir la expansion de la misma. Los fuertes levantados en las alturas conquistadas (entre ellos, Piniers, Aranguren, Isabel II) pertenecen a este periodo.

    Asi mismo, presidiendo la Plaza de Africa, pilar basico de la ciudad, rodeada por la Comandancia General, Asamblea y Santa Iglesia Catedral, se levanta un monumento en recuerdo a los Caidos en la Guerra de Africa de 1.860. Dicho momumento, que cuenta con unos magnificos bajorelieves en bronce rememorando la Batalla de los Castillejos realizados por el escultor Susino, dispone en su base de una cripta en la cual se hallan depositados los restos de una decena de oficiales y soldados muertos heroicamente en esta campaña.

    A partir de la vuelta de la democracia en nuestro pais, Ceuta sigue una marcha similar a la del resto de España. Nuestra actual Constitucion recibe, al igual que en otras comunidades, el apoyo mayoritario de los ceuties.

    En el ordenamiento juridico vigente desde la aprobacion de la Constitucion se establece que Ceuta contara con un representante en el Congreso (Diputado) y dos en el Senado.

    Nuestros primeros representantes electos pertenecian a la extinta UCD, durante cuyo gobierno se planteo la posibilidad de que Ceuta, al igual que Melilla, quedasen constituidas en el seno de la naciente Comunidad Autonoma Andaluza, ya que secularmente habian estado unidas y/o dependientes de Andalucias como provincias integradas en la misma. Sin embargo, esta opcion fue rechazada por las fuerzas de izquierda ( PSOE / IU ) y los andalucistas por intereses meramente partidistas.

    A partir de este desengaño, Ceuta inicia un movimiento tendente a alcanzar la autonomia en las mismas condiciones que el resto de las Comunidades Autonomas de la nacion. Con distintos matices sobre el alcance y competencias de la misma, esta reivindicacion es apoyada por los partidos politicos presentes en la ciudad y alcanza su maxima expresion en la manifestacion convocada el 6 de Octubre de 1.994 que contituye el mayor evento de este tipo en la milenaria historia de la ciudad.

    La prosperidad que parece respirar nuestra ciudad tras la muerte, en 1.833, de Fernando VII "El Deseado" y el prometedor futuro que se vislumbra en tierras de Marruecos hara que arriben a la ciudad muchas familias en busca de mejores perspectivas. El desembarco de gaditanos, algecireños y malagueños producira una transformacion en los estamentos e instituciones de la la ciudad que se iran amoldando a la nuevos situacion de la misma.

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    CEUTA 2

    http://www.ceuta.com/historia/c-historia1.html

    Ceuta está asentada en la orilla sur del Estrecho de Gibraltar, en la costa norteafricana, su localización exacta es: 35º 55' - 35º 32' Latitud Norte y 01º 35' - 01º 41' Longitud, tienen una superficie de 18,5km2 y un perímetro de 28km, veinte marítimos y ocho terrestres. La altitud máxima es de 345m.
          Ceuta es una pequeña península que se encuentra rodeada casi por completo por las aguas del estrecho, esta bañada por las aguas del mar Mediterráneo y las del océano Atlántico.

    Actualmente Ceuta cuenta con una población 74.093 personas, habiendo experimentado un crecimiento entre los años 1985-1998 de 9,01%, es decir de 66.203 a 72.167 personas.

    identifican nuestro Monte Hacho como una de las miticas columnas del Herakles fenicio, el Hercules griego, -Abyla-, siendo la otra columna Gibraltar -Calpe-.

    Ambas columnas figuran en el actual escudo de nuestro pais, España.

    A la vista de los conocimientos actuales, se considera que el nacimiento de nuestra ciudad esta ligado al establecimiento de factorias de salazon -el garum fenicio- descubiertas por los arqueologos, en los ultimos años, en los yacimientos de Gran Via y Plaza de Africa, situados sobre el itsmo que une el Monte Hacho con la zona continental.

    Los CARTAGINESES, tras el periodo fenicio y griego, toman nuestra ciudad bajo el mando del general Anibal en el año 319 A.C. Estos ultimos, que ya tuvieron bases en Ceuta unifican sus territorios peninsulares con sus conquistas africanas.

    La INFLUENCIA ROMANA, llegara a la ciudad a consecuencia de los enfrentamientos entre Cartago y Roma. En este contexto se produce la primera mencion a la ciudad en un texto latino: En el año 240 a.c. se narra como los los restos de una flota punica (cuatro galeras), se refugian en la ciudad (Septum) despues de ser derrotadas por los romanos.

    Finalmente, dos siglos antes de Cristo, como consecuencia de la caida del Imperio Cartagines, nuestra ciudad queda bajo la influencia de Roma, pasando a ser denominada Septem Frates (siete hermanos). La intromision de los romanos en los asuntos de los reyezuelos indigenas y la participacion de estos en las luchas civiles de Roma, llevaron a los territorios de Numidia y Mauritania a pasar a control directo de la Urbe como provincias romanas. La fidelidad de sus pobladores al Emperador fue premiada, recibiendo sus habitantes carta de ciudadania: Civitas Romanorum.

    Es a partir de la definitiva vinculacion con Roma cuando los designios de la ciudad se unen estrechamente a los peninsulares. Durante este periodo, la ciudad aumenta su valor estrategico y comercial para el Imperio; se incrementa el numero de tropas y pobladores, hasta el punto que puede ser considerada como capital de facto de la Mauritania Tingitana, aunque comparta esta influencia con Tingis, la actual Tanger.

    A pesar de ello, Roma no pudo ejercer en estas provincias, extensas y distantes, una obra tan intensa de romanizacion como para que su huella perdudara durante siglos. Tan solo la zona septentrional de los territorios anteriormente reseñados, la Mauritania Tingitiana (agregada a la Diocesis de Hispania en el año 293 d.c. y al Convento Juridico de Cadiz), a la que acabaron replegandose en tiempos de Diodeciano, permanecera dentro de los limites del Imperio hasta la destruccion del mismo por los barbaros.

    Como resultado de las invasiones que, procedentes del Este de Europa, van estrangulando el poder de Roma, se produce la ocupacion de la Peninsula Iberica , en los albores del siglo V, por los pueblos barbaros.

    Uno de estos pueblos, los VANDALOS se establece en la Betica , (a la que denominaran Vandalusia), y en el curso de su expansion, deciden aventurarse por tierras africanas. Asi, el año 429 d.c. marcara una fecha nefasta para nuestra ciudad: Los Vandalos a las ordenes de su rey Genserico, arrasan la ciudad y sus pobladores, iniciandose un siglo de dominacion vandala sobre ambas orillas del Estrecho.

    El efimero dominio de los vándalos dio paso a los BIZANTINOS, los cuales, con Belisario, su general, al mando, tras apoderarse de Cartago y del Norte de Africa, reconquistan Ceuta en el año 534 d.c., asi como una amplia franja del sur de la peninsula.

    En 533, los bizantinos al mando del general Belisario toman Cartago, capital del Reino Vándalo.
    En 534, Juan, bucelario de Belisario, con un reducido destacamento asaltó y tomó Septem hasta entonces en poder de los vándalos. Otra sección, cuyo comandante era Apollinarius, toma las islas Baleares.

    Justiniano, ordenará reedificar la ciudad, levantando sus murallas y defensas, y la dotara de importante guarnicion y flota, como llave del Estrecho y capitalidad de la region, denominándola Vestibulo del Imperio.

    El emperador Justiniano I convirtió Ceuta en una poderosa base bizantina, quizás la más importante del Mediterráneo occidental con una tropa permanente que, con las tropas auxiliares llegarían al millar de efectivos; las murallas se reharán, incluyendo barbacanas. Se añaden baños, conducciones de agua, un palacio, almacenes, mercado y una catedral dedicada a la Teótocos (Madre de Dios), protectora del imperio y de la ciudad, que ahora, como Nuestra Señora de Africa se venera por los ceutíes cristianos.
    El mando efectivo estaría a cargo de un Tribuno militar que también sostendría la administración civil.

    San Isidoro de Sevilla dice que en 547, el rey visigodo Teudis intentó un golpe de mano contra Ceuta y fracasó.

    Desde Ceuta, en 552, las tropas imperiales saltan hasta Málaga.
    Parte de la península fue integrada también en el imperio, entre el 555 y el 628.

    De nuevo, ambas márgenes del Estrecho, se hallan bajo los mismos designios, los del Emperador Justiniano I, que aspira a reconstruir el fragmentado Imperio Romano.

    Se instituyó un obispado en la ciudad.
    (Un presbítero Crescens, de Septem, estampó su firma en las actas de la Conferencia de Cartago hacia el 484. Algo más tarde hay constancia de un obispo a cargo de los fieles de la ciudad)

    La administración que había establecido en la ciudad Justiniano I parece mantenerse durante todo el periodo aunque debieron existir matices. Está claro que se dominó un pequeño territorio en el país o entorno, ("hinterland"), que tal vez incluiría Tingis, (tanger), y una franja de costa que incluso miraría a la vertiente atlántica.

    Un tribunus continuó manteniéndose al frente. Es probable que se creara una eparquia llamada Mauritania B que englobaría Septem, la península y las islas Baleares, y que tendría un grado muy notable de autonomía respecto al Magister Millitum y Prefecto del Pretorio del exarcado africano, con sede en Cartago. No en balde las comunicaciones con la Mauritania A y el resto del Africa sólo eran posibles por navegación de cabotaje y la importancia del enclave muy tenida en cuenta por los gobernantes bizantinos que se esforzaron en dotarla de medios y "capacidad propia de decisión y ejecución".
    (Creemos que existió un interés marcado en que los gobernantes locales tuvieran capacidad de ejercer con propia iniciativa, sin tener que esperar instrucciones de otros mandos intermedios que siempre podrían carecer de información adecuada

    En el reinado de Sisebuto, con la incorporacion a la monarquia visigoda, la ciudad es designada capital de la Hispania Transfretana, con jurisdicción sobre otras diez ciudades norteafricanas.

    En 682, el gobernador de Ceuta, Simplicius, al frente de una poderosa guarnición, se enfrentara con éxito a una incursión árabe dirigida por el jefe Uqba.

    Diez años después, el jefe Hassan consiguió doblegar la resistencia bizantina en Byzacena, Proconsular y Numidia

    La Mauritania A fue el último eslabón. Aseguran las fuentes árabes que cuando los conquistadores islámicos entraron en Cartago, para nunca más abandonarla, en el fatídico año del 698, ya restaban "pocos moradores y de escasa categoría". Al parecer los bizantinos no tuvieron "más refugio que el de sus barcos... Los rum pudieron huir en sus naves con muy poca impedimenta".

    Entre el territorio de Cartago y Septem, para los árabes todavía quedaba un importante obstáculo por tierra: los belicosos bereberes de la cordillera del Atlas. No sería, en ningún caso, fácil adentrarse por aquellas latitudes. El mar todavía pertenecía a los dromones de Bizancio.

    Hacia el 702, las fuentes árabes nos hablan de un rum, cristiano o infiel, llamado Iulianus, autoridad que domina en la vertiente africana del estrecho. Y también reconocen que los hombres bajo su mando eran "diferentes" a los bereberes, mucho más disciplinados y difíciles de doblegar.

    El jefe Musa tomó el relevo de Hassan en el año 704. Sabemos que derrotó a varios grupos bereberes y trasladó hacia el oriente millares de cautivos. Sin duda, diezmó a la poderosa tribu de los Auraba. En el 706 apareció frente a los muros de Septem. Allí, los árabes insisten en la mayor "dificultad" que encuentran. Entendemos que de nuevo fracasaron en el asalto directo. De hecho, sabemos que Musa decidió entonces asolar el país; descendió hasta el oasis de Sidjilmessa, (en el mismo Sahara) y retornó a través de la región costera atlántica para acabar tomando Tánger. Pudo volver en el 709 a Kairouan con un "enorme botín".

    Y, tal vez, con la sumisión nominal de Iulian, al que sólo le restaría ya la estrecha franja de terreno más próxima a Ceuta y el estrecho.

    (Servidumbre que venía a romper una previa colaboración y tratado de vasallaje con el reino visigodo. No cabía una situación más precaria que la de aquellos rumíes en esos años finales. Las comunicaciones con Bizancio serían en extremo difíciles; tal vez se trataba ya de una región semi-independiente de facto, que escasa ayuda podía recibir desde la metrópoli. Aunque tampoco podían ser considerados un aliado fiable, se mantendría "in extremis"una alianza tácita con el reino visigodo del otro lado del estrecho.
    Después de la campaña de Musa, Septem estaba al límite de su capacidad de supervivencia geográfico-estratégica. No debe extrañar que, al final, el juego de alianzas terminara por mudar. Podría ser más razonable aliarse con los árabes que mantener el pacto con los godos).

    Hacia el 711 los musulmanes presionaron de nuevo a Iulian. El último romano de la ciudad, a cambio de un tratado en virtud del cual se respetarían la vida y propiedades de los rumíes, (soldados y funcionarios bizantinos), afranj (propietarios fundiarios) y afariqa (bereberes cristianos bilingues); consintió en aportar sus barcos para el traslado de tropas árabes hasta Algeciras en la costa de la península.

    El ultimo rey visigodo, Don Rodrigo, tenia en Ceuta como gobernador y vasallo, al legendario Conde Don Julian, señor de Consnepam que tras contemporizar algun tiempo, cede la ciudad al caudillo arabe -Muza-, que la ocupa, cruzando finalmente el Estrecho en el año 711 d.c.

    Las huestes de Muza y Tarik, caudillos arabes, derrotaron a Don Rodrigo y ocuparon la península en tan solo siete años.

    Muza pasa a cuchillo a los habitantes de Ceuta, destruyó sus templos y saqueó sus riquezas. Se inicia entonces un largo periodo de dominación musulmana, paralelo al de Al-Andalus, que pasa por el Califato de Damasco, los idrissies, Califato de Cordoba, un periodo de independencia en el siglo XI, hasta las invasiones almoravide, almohade y benimerin.

    Ya constituido en el sur de la Peninsula Iberica, Al-Andalus, verdadero estado independiente regido por la dinastía de los Omeyas españoles, su califa Adb-Al-Rahman III, persistiendo en la constante histórica y con el fin de prevenirse ante nuevas invasiones procedentes del sur, ocupa la ciudad de Ceuta el 25 de marzo del año 931 d.c., con tropas al mando del general Faray Ben Ufair.

    Esta situación de plaza de soberania dependiente del Califato de Cordoba se mantendrá durante un siglo, en el cual, se poblará la ciudad con andaluces y se robustecerán sus defensas, convirtiéndose en una sólida base de operaciones para asegurar el dominio sobre una gran parte de lo que hoy constituye el Reino de Marruecos.

    Cuando se produce la desintegracion del Califato Cordobes, Ceuta se constituye en un reino taifa acuñando su propia moneda. Su primer caudillo, Ali Ben Hammud, con el pretexto de liberar a Hixan II, resuelve adueñarse del poder en Cordoba, haciendo su entrada triunfal en la capital en el año 1016, donde es reconocido como Califa con todas las formalidades legales.

    Como siempre, de Ceuta partiran las invasiones Almoravide, Almohade y Benimerin.

    El almoravide Yusuf Ben Taxufin fijara su corte en Ceuta y que su hijo, y futuro monarca, Ali Ben Yusuf Ben Taxufin naciese aqui.

    Los benimerines construyen Ceuta La Vieja y tambien levantan el poblado de Beliunex (que puede observarse en la fotografia) en la Bahia de Benzu, que les servira como residencia de verano y lugar de recreo y descanso.

    Durante los siglos XII y XIII actua como ciudad casi libre, aislada del Norte y del Sur, comerciando con ambos y con los restantes paises ribereños del Mediterraneo. Genoveses, Venecianos, Marselleses, Catalanes, etc, levantan sus consulados y depositos de mercancias para el comercio, contribuyendo asi la prosperidad de la ciudad.

    En el siglo XIV, ocupada ya por Granada, la ciudad entra en el juego de la politica mediterranea de Castilla, Granada, Aragon y Marruecos, hasta el punto de que, en el año 1309-1310, es conquistada para Fez por tropas y naves aragonesas de Jaime II.

    los invasores del Califato de Damasco la arrasaron en el 740, siendo reconstruida años más tarde por los gomaris del entorno, quienes se sometieron al imperio de los Idrisíes, dueños de casi todo el norte de Africa. Abderrahman III tomó Ceuta en el 931 para el Califato Omeya de Córdoba, y así se vuelve a la dependencia peninsular, rota con la autoproclamación de la urbe como Taifa independiente, entre 1061 y 1084. Este intervalo de autogobierno de Sebta, finalizará con la invasión de los almoravides, que continuarán atravesando la península ibérica hasta llegar a Aragón. Es el momento de Yusuf ben Taxufín, de la instalación de su corte en nuestra ciudad y del nacimiento en ella de su hijo y sucesor, Alí, en cuyo reinado nacería también en Ceuta el geógrafo Al-Idrisis.

    Algo más de medio siglo después, son los almohades quienes se asoman al Estrecho, conquistan la población y luego saltan sobre la península. Alcanza entonces nuestra medina sus mejores momentos, conviviendo con la avanzada sociedad islámica, comunidades judías y cristianas, esta última formada por mercaderes aragoneses, marselleses, genoveses...; ambas tenían su residencia en arrabales y fondaqs en los cuales comerciaban y practicaban su religión pacíficamente y sin ostentación.

    Sabemos, no obstante, que los almohades no siempre fueron tan tolerantes. En ocasiones perseguían a los judíos, a los que confinaban en mellahs, y se producían casos de martirio de misioneros franciscanos, como los dos efectuados en Marraquech en 1219 y 1232, y el de San Daniel Fassanella y sus compañeros en la Ceuta de 1227, por lo que años después serían proclamados Patronos de la Ciudad.

    El mandato almohade fue, sin duda, de los más revueltos, sometiéndose Ceuta en 1231 al Rey de Murcia, interviniendo a su favor una escuadra de Génova denominada de los Calcurinis y volviendo a declararse Señoría Independiente entre 1232 y 1237. Después de una corta transición, se hacen con el control local los azafíes, a quienes los encontramos alineados, ora con los benimerines –el sur– ora con los nazaríes –el norte– y teniendo como fiel de la balanza los pactos que con unos y con otros hacen y deshacen los monarcas aragoneses del siglo XIII y XIV.

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