Aportaciones urgentes a la teología de la historia: la plenitud intrahistórica del reino de Dios.....Artículos.......Textos....Fátima....INDEX.
La firme y segura esperanza de la Iglesia, proclamada en el
Concilio Vaticano II:
"La Iglesia, juntamente con los profetas y con el mismo Apóstol, espera el día,
que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con
voz unánime y le servirán hombro con hombro"
(Nostra aetate, 4).
Lo cual es proclamar con toda seguridad, como esperanza de la Iglesia,
la fe consecuente de todos los pueblos en el futuro, la unidad
religiosa mundial: y no mediante la exclusión legal de la libertad religiosa de
los no creyentes, sino porque la población de todos los pueblos formará
parte de la descendencia espiritual de Abraham, con los judíos a la
cabeza de los creyentes en el Mesías Jesús, el Verbo hecho carne, toda la
población de todos los pueblos formará parte del Israel de Dios,
formará parte de la Iglesia católica, toda la población de todos los pueblos
será católica consecuente, todas las naciones serán católicas consecuentes; es
proclamar con toda seguridad, como esperanza de la Iglesia, la unidad católica
mundial.
En el padrenuestro, Jesús,
el Verbo hecho carne, nos enseñó a pedirle a Dios Padre, entre
otras cosas, "venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo". En ambas peticiones, pedimos
vivir y obrar según la voluntad de Dios, que es nuestro máximo
bien, el máximo designio divino para con nosotros y lo que más
desea Jesús con su corazón de hombre que aceptemos como un
retorno de amor receptivo nuestro a su amor donante.
En la primera, "venga a nosotros tu reino", le pedimos
al propio Dios, que nos conceda ya su reinado liberador en todos y cada uno; en
la presente situación, en la que cada vez más se impone
desde el poder vivir como si Dios no existiera; se impone
en nombre del colectivo
humano, ante el cual, cada uno de sus miembros somos cada vez
más ninguneados. Y aun así pedimos vivir según Dios todos y cada uno,
le pedimos a Dios que reine en uno mismo y en todos y cada uno. Y lo pedimos en plural. Sinodalmente. Pedimos que todos y cada uno, todos juntos en unión,
vivamos y obremos según Dios. No según el cada vez más enorme
poder anticristiano que pretende mandar excluyendo a Dios en nombre del
colectivo humano y ninguneando así a sus miembros. La otra petición, "hágase
tu voluntad en la tierra como en el cielo", es que reine Dios
en todas las naciones, en el colectivo humano mundial. Es pedir el reino
de Dios en todas y cada una de las naciones. Además en la tierra. En el cielo no hay naciones. Pero
es que además pedimos explícitamente el Reino de Dios en la
tierra. Así nos lo enseñó Jesús. Y lo pedimos no en vano. Se
hará. Está concedido. Se realizará cuando Dios quiera. En
cualquier momento, desde la
Ascensión,
puede ser ya. Y será por intervención divina en el momento peor
y de mayor ninguneamiento persecutorio anticristiano.
La Cristiandad es el conjunto
de Estados que, incipientemente desde la Edad Media hasta las revoluciones
modernas, acataban en la fe y en la moral la
autoridad de la Iglesia en virtud de su fe en la divinidad de
Jesucristo. Y con un acatamiento que se producirá plenamente en el
futuro de forma universal, como es la firme y segura esperanza de la Iglesia,
proclamada en el Concilio Vaticano II:
"La Iglesia, juntamente con los profetas y con el mismo
Apóstol, espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos
los pueblos invocarán al Señor con voz unánime y le
servirán hombro con hombro" (Nostra
aetate, 4).
Lo cual es proclamar con toda seguridad, como esperanza de la
Iglesia, la catolicidad consecuente de todos los pueblos en
el futuro, la unidad católica mundial: y no mediante la
exclusión legal de la libertad religiosa de los no católicos,
sino porque la población de todos los pueblos será católica,
con los judíos a la cabeza de los creyentes en el Mesías Jesús,
el Verbo hecho carne, todos los pueblos formarán parte
del Israel de Dios, de la descendencia espiritual de
Abraham. Es la esperanza segura y firme de la Iglesia en el establecimiento por
la acción divina de la civilización del amor, según la terminología introducida
por san Pablo VI y desarrollada por san Juan Pablo II.
«No todo el que me dice Señor, Señor
entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad
de mi Padre que está en los cielos.
Aquel día muchos dirán: Señor, Señor, ¿no hemos
profetizado en tu nombre y en tu nombre hemos echado demonios, y
no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?. Entonces
yo les declararé: Nunca os he conocido. Alejaos de mí,
los que obráis la iniquidad.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se
parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó
la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y
descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba
cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no
las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó
su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los
ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se
derrumbó. Y su ruina fue grande».
Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su
enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como sus
escribas.
(Mt 7, 21-29).
La
profecía de Joel
Después de todo esto, derramaré mi espíritu
sobre toda carne...
y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.
Habrá supervivientes en el monte Sión, como lo dijo el Señor,
y también en Jerusalén entre el resto que el Señor
convocará (Jl 3,1-4).
La civilización del amor es el reinado
social del Sagrado Corazón de Jesucristo en la tierra::
El primero que introdujo esta expresión
"Civilización del amor" fue el papa san Pablo
VI en 1970, el que la desarrolló fue el papa san
Juan Pablo II...
La salvación es por
la gracia
Para conseguir la vida eterna, la salvación, que Dios nos da,
Él también nos da hacer las obras de misericordia requeridas para ello
(Mt 25, 31-46)
y nos da también la gracia para conseguir el perdón y la reparación de los
incumplimientos (LEER
MÁS).