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"Las creencias no son el añadido,
sino la realidad, la realidad más real de nuestra vida (María
Zambrano).
La realidad verdadera es Dios
"La realidad es el cuerpo de
Cristo" (Col 2,17).
"Si acaso los llamados
filósofos han dicho alguna verdad en armonía con
nuestra fe, debemos reivindicarla de ellos para nuestro uso
como de injustos poseedores" (San Agustín: II De
doctrina Christi, C. 40, ML 34,63. Citado por Santo
Tomás de Aquino en Summa Theologiae, I, 84, 5 in c.)
21 de diciembre, san
Miqueas, profeta
«¡No babeéis - babean
ellos - que no babeen de esa manera!
¡El oprobio no nos alcanzará! ¿Es acaso
maldita la casa de Jacob? ¿Se ha cortado el
soplo de Yahveh? ¿Es ése su proceder? ¿Es
que no favorecen sus palabras a su pueblo
Israel?» Sois vosotros los que contra mi
pueblo como enemigos os alzáis. Al
irreprochable le arrancáis el manto; al que
pasa confiado le infligís los desastres de
la guerra. A las mujeres de mi pueblo
expulsáis de las casas de sus delicias; de
sobre sus niños arrancáis mi honor para
siempre:
«¡Levantaos, marchad, que esta no
es hora de reposo!».
Por una bagatela exigís una prenda agobiante.
Si un hombre anda al viento, inventando
mentiras: «Yo babeo para ti vino y licor»,
ése será el baboso de este pueblo.
(Mi 2,6-11)
Voy a reunir a Jacob todo
entero, voy a recoger al Resto de Israel; los
agruparé como ovejas en el aprisco, como
rebaño en medio del pastizal, harán
estrépito lejos de los hombres. El que abre
brecha subirá delante de ellos; abrirán
brecha, pasarán la puerta, y por ella
saldrán; su rey pasará delante de ellos, y
Yahveh a su cabeza.
(Mi 2,12-13).
Yo dije: Escuchad, pues,
jefes de Jacob, y dirigentes de la casa de
Israel: ¿No es cosa vuestra conocer
el derecho (Mi 3,1).
Así dice Yahveh contra los
profetas que extravían a mi pueblo,
los que, mientras mascan con sus dientes, gritan:
«¡Paz!», mas a quien no pone nada en su
boca le declaran guerra santa (Mi 3,5).
Sucederá en días
futuros que el monte de la
Casa de Yahveh será asentado en la cima de
los montes, y se alzará por encima
de las colinas. Y afluirán a él los
pueblos, acudirán naciones
numerosas y dirán: «Venid, subamos
al monte de Yahveh, a la Casa del Dios de
Jacob, para que él nos enseñe sus
caminos, y nosotros sigamos
sus senderos». Pues de
Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén la
palabra de Yahveh.
El juzgará entre pueblos numerosos,
y corregirá a naciones poderosas;
forjarán ellas sus espadas en
azadones, y sus lanzas en
podaderas. No blandirá más
la espada nación contra nación, ni
se adiestrarán más para la guerra.
Se sentará cada cual bajo su parra,
y bajo su higuera, sin que nadie le
inquiete, ¡la boca de Yahveh Sebaot
ha hablado!
(Mi 4,1-4 = Is 2,2-4).
Aquel día
- oráculo de Yahveh - yo recogeré a la
oveja coja, reuniré a la perseguida, y a la
que yo había maltratado.
De las cojas haré un Resto, de las alejadas
una nación fuerte. Entonces reinará
Yahveh sobre ellos en el monte Sión,
desde ahora y por siempre.(Mi
4,6-7 ).
Mas tú, Belén
Efratá, aunque eres la menor entre
las familias de Judá, de ti me ha de
salir aquel que ha de dominar en Israel,
y cuyos orígenes son de antigüedad, desde
los días de antaño.
Por eso él los abandonará hasta el tiempo
en que dé a luz la que ha de dar a luz.
Entonces el resto de sus hermanos volverá a
los hijos de Israel.
El se alzará y pastoreará con el
poder de Yahveh, con la majestad del
nombre de Yahveh su Dios. Se asentarán bien,
porque entonces se hará él grande hasta los
confines de la tierra. El será la
Paz.
(Mi 5,1-4 ).
Y será el Resto de
Jacob, en medio de pueblos numerosos, como
rocío que viene de Yahveh, como
lluvia sobre la hierba, él, que no espera en
el hombre ni aguarda nada de los hijos de
hombre.
Será entonces el Resto de Jacob
entre las naciones, en medio de
pueblos numerosos, como león entre las
bestias de la selva, como leoncillo entre los
rebaños de ganado menor, que si pasa,
pisotea, y si desgarra, no hay quien libre.
¡Que tu mano se alce contra los adversarios
y todos tus enemigos sean extirpados!
Y sucederá aquel día -
oráculo de Yahveh - que yo extirparé de en
medio de ti tus caballos, y haré desaparecer
tus carros;
extirparé las ciudades de tu tierra, y
demoleré todas tus fortalezas;
extirparé de tu mano las hechicerías, y no
habrá para ti más adivinos;
extirparé tus estatuas y tus estelas de en
medio de ti, y ya no podrás postrarte más
ante la obra de tus manos,
arrancaré de en medio de ti tus cipos y
aniquilaré tus ídolos.
¡Venganza tomaré con cólera y furor de las
naciones que no escucharon!
(Mi 5,6-14).
Escuchad ahora lo que dice
Yahveh: «¡Levántate, pleitea con los
montes y oigan las colinas tu voz!».
¡Escuchad, montes, el pleito de Yahveh,
prestad oído, cimientos de la tierra, pues
Yahveh tiene pleito con su pueblo, se
querella contra Israel:
«Pueblo mío, ¿qué te he hecho?
¿En qué te he molestado? Respóndeme.
¿En que te hice subir del país de Egipto, y
de la casa de servidumbre te rescaté, y
mandé delante de ti a Moisés, Aarón y
María?
Pueblo mío, recuerda, por favor
..., para que conozcas las justicias de
Yahveh».
(Mi 6,1-5).
«Se te ha declarado,
hombre, lo que es bueno, lo que Yahveh de ti
reclama: tan sólo practicar la equidad, amar
la piedad y caminar humildemente con tu
Dios» (Mi 6,8).
El hijo ultraja al padre,
la hija se alza contra su madre, la nuera
contra su suegra, y enemigos de cada cual son
los de su casa (Mi 7,6).
¿Qué Dios hay como tú,
que quite la culpa y pase por alto el delito
del Resto de tu heredad? No mantendrá su
cólera por siempre pues se complace en el
amor; volverá a compadecerse de nosotros,
pisoteará nuestras culpas. ¡Tú arrojarás
al fondo del mar todos nuestros pecados!
(Mi 7,18-19).
Profecía de Isaías
Lo que vio Isaías, hijo de
Amós, tocante a Judá y Jerusalén.
Sucederá en días futuros
que el monte de la Casa de Yahveh
será asentado en la cima de los montes y se
alzará por encima de las colinas.
Confluirán a él todas las naciones,
y acudirán pueblos
numerosos. Dirán:
«Venid, subamos al monte de Yahveh, a la
Casa del Dios de Jacob, para que él nos
enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus
senderos». Pues de Sión saldrá la Ley, y
de Jerusalén la palabra de Yahveh.
Juzgará entre las gentes, será árbitro de
pueblos numerosos. Forjarán de sus
espadas azadones, y de sus lanzas podaderas.
No levantará espada nación contra nación, ni
se ejercitarán más en la guerra.
Casa de Jacob, andando, y vayamos, caminemos
a la luz de Yahveh.
(Is 2,1-5 = Mi 4,1-4).
18 de diciembre, san Malaquías,
profeta
Yahveh es testigo entre tú
y la esposa de tu juventud, a la que tú
traicionaste, siendo así que ella era tu
compañera y la mujer de tu alianza. ¿No ha
hecho él un solo ser, que tiene carne y
espíritu? Y este uno ¿qué busca? ¡Una
posteridad dada por Dios! Guardad, pues,
vuestro espíritu; no traiciones a la esposa
de tu juventud. Pues yo odio el
repudio, dice Yahveh Dios de Israel,
y al que encubre con su vestido la violencia,
dice Yahveh Sebaot. Guardad, pues, vuestro
espíritu y no cometáis tal traición.
(Ml 2,14-16).
Vosotros cansáis a
Yahveh con vuestras palabras. - Y
decís: ¿En qué le cansamos?
- Cuando decís: Todo el que hace el mal es
bueno a los ojos de Yahveh, y él le acepta
complacido; o también: ¿Dónde está el
Dios del juicio?
(Ml 2,17).
He aquí que yo envío
a mi mensajero a allanar el camino
delante de mí, y enseguida vendrá a su
Templo el Señor a quien vosotros buscáis; y
el Angel de la alianza, que vosotros deseáis,
he aquí que viene, dice Yahveh Sebaot.
¿Quién podrá soportar el Día de
su venida? ¿Quién se tendrá en
pie cuando aparezca? Porque es él como fuego
de fundidor y como lejía de lavandero. Se
sentará para fundir y purgar. Purificará a
los hijos de Leví y los acrisolará como el
oro y la plata; y serán para Yahveh los que
presentan la oblación en justicia. Entonces
será grata a Yahveh la oblación de
Judá y de Jerusalén, como en los días de
antaño, como en los años antiguos.
(Ml 3,1-4)
Los que temen a Yahveh se
hablaron unos a otros. Y puso atención
Yahveh y oyó; y se escribió ante él un
libro memorial en favor de los que temen a
Yahveh y piensan en su Nombre.
Serán ellos para mí, dice Yahveh Sebaot, en
el día que yo preparo,
propiedad personal; y yo seré indulgente con
ellos como es indulgente un padre con el hijo
que le sirve.
Entonces vosotros volveréis a distinguir
entre el justo y el impío, entre quien sirve
a Dios y quien no le sirve.
Pues he aquí que viene el Día,
abrasador como un horno; todos los arrogantes
y los que cometen impiedad serán como paja;
y los consumirá el Día que viene,
dice Yahveh Sebaot, hasta no dejarles raíz
ni rama.
Pero para vosotros, los que teméis mi Nombre,
brillará el sol de justicia con la salud en
sus rayos, y saldréis brincando como
becerros bien cebados fuera del establo.
Y pisotearéis a los impíos, porque serán
ellos ceniza bajo la planta de vuestros pies,
el día que yo preparo, dice
Yahveh Sebaot.
Acordaos de la Ley de Moisés, mi siervo, a
quien yo prescribí en el Horeb preceptos y
normas para todo Israel.
He aquí que yo os envío al profeta
Elías antes que llegue el Día de Yahveh,
grande y terrible. El hará volver el
corazón de los padres a los hijos,
y el corazón de los hijos a los padres; no
sea que venga yo a herir la tierra de anatema.
(Ml 3,16-24)
3 de diciembre, san Sofonías,
profeta
Palabra de Yahveh que fue
dirigida a Sofonías... en tiempo de Josías,
hijo de Amón, rey de Judá (So 1,1).
Yo entonces volveré puro el labio de los
pueblos, para que invoquen todos
el nombre de Yahveh, y le sirvan bajo
un mismo yugo.
Desde allende los ríos de Etiopía, mis
suplicantes, mi Dispersión, me traerán mi
ofrenda.
Aquel día no tendrás ya que avergonzarte de
todos los delitos que cometiste contra mí,
porque entonces quitaré yo de tu seno a tus
alegres orgullosos, y no volverás a
engreírte en mi santo monte.
Yo dejaré en medio de ti un pueblo humilde y
pobre, y en el nombre de Yahveh se cobijará
el Resto de Israel. No cometerán más
injusticia, no dirán mentiras, y no más se
encontrará en su boca lengua embustera. Se
apacentarán y reposarán, sin que nadie los
turbe.
¡Lanza gritos de gozo, hija de Sión, lanza
clamores, Israel, alégrate y exulta de todo
corazón, hija de Jerusalén!
Ha retirado Yahveh las sentencias contra ti,
ha alejado a tu enemigo. ¡Yahveh,
Rey de Israel, está en medio de ti,
no temerás ya ningún mal!
Aquel día se dirá a
Jerusalén: ¡No tengas miedo, Sión, no
desmayen tus manos! Yahveh tu Dios
está en medio de ti, ¡un poderoso
salvador! El exulta de gozo por ti, te
renueva por su amor; danza por ti
con gritos de júbilo, como en los días de
fiesta. Yo quitaré de tu lado la desgracia,
el oprobio que pesa sobre ti.
He aquí que yo haré exterminio de todos tus
opresores, en el tiempo aquel;
y salvaré a la coja y recogeré a la
descarriada, y haré que tengan alabanza y
renombre en todos los países donde fueron
confundidas.
En aquel tiempo os haré
venir, en aquel tiempo os
congregaré. Entonces os daré renombre y
alabanza entre todos los pueblos de la tierra,
cuando yo vuelva a vuestros cautivos a
vuestros propios ojos, dice Yahveh.
(So 3,9-20).
El Día del Señor, el Día de
la Parusía, aquel día, significa en esta
terminología bíblica, el tiempo, la época de
la liberación, de una duración indeterminada,
que puede ser de varias docenas de siglos; época
en la que todos los pueblos invocarán el nombre
de Yahveh, y todos le servirán, le obedecerán
obrando consecuentemente. Como dice el versículo
9 de este capítulo 3 de Sofonías, que es el
versículo que cita el Concilio Vaticano II en
Nostra Aetate 4, al mismo tiempo que cita
también la profecía de san Pablo sobre la
conversión de los judíos:
"La Iglesia,
juntamente con los profetas y con el mismo
Apóstol, espera el día, que sólo Dios
conoce, en que todos los pueblos
invocarán al Señor con voz unánime y le
servirán hombro con hombro (So
3,9)"
(Concilio Vaticano II. Nostra aetate,
4).
Lo que es anunciar con plena
seguridad que se producirá la
confesionalidad de todos los pueblos y que todos
ellos obrarán en consecuencia en el
futuro, obedeciendo la ley de Dios.
2 de diciembre, san Habacuc,
profeta
Oráculo que tuvo en
visión el profeta Habacuc (Ha 1,1).
Por haber saqueado a
naciones numerosas, te saqueará a ti todo el
resto de los pueblos (Ha 2,8).
Es una advertencia a los
países que se han constituido en imperios sobre
otros. En la época de los Austrias, ya se dieron
cuenta nuestros antepasados cuando decían que
España eran las Indias de los demás reinos de
Europa.
Siguen las advertencias de
Yahveh por medio del profeta Habacuc:
¡Vergüenza para tu casa
has sentenciado: al derribar a muchos pueblos,
contra ti mismo pecas! (Ha 2,10)
¡Ay de quien edifica una ciudad con sangre,
y funda un pueblo en la injusticia! ¿No
viene de Yahveh Sebaot que los pueblos se
fatiguen para el fuego y las gentes se agoten
para nada? (Ha 2,12-13)
Y, sobre todo, la promesa del
gran día de la venida de Dios liberadora, la
Parusía que inicia la época de la liberación:
Viene Dios... Su
majestad cubre los cielos, de su
gloria está llena la tierra. Su
fulgor es como la luz, rayos tiene
que saltan de su mano, allí se oculta su
poder. (Ha 3,3,4).
¡He oído y mis entrañas se estremecen, a
esa voz titubean mis labios, penetra la
caries en mis huesos, bajo mí tiemblan mis
pasos! Tranquilo espero el día de la
angustia, que va a subir sobre el pueblo que
nos asalta. ¡Mas yo en Yahveh
exultaré, jubilaré en el
Dios de mi salvación! Yahveh mi
señor es mi fuerza, él me da pies como los
de ciervas, y por las alturas me hace caminar.
(Ha 3,16,18-19).
Profecía de Joel
¡Tiemblen todos los habitantes del
país, porque llega el Día de Yahveh, porque
está cerca! ¡Día de tinieblas y de
oscuridad, día de nublado y densa niebla! (Jl
2,1-2).
Es grande el Día de Yahveh, y muy
terrible: ¿quién lo soportará?
«Mas ahora todavía - oráculo de Yahveh -
volved a mí de todo corazón, con ayuno, con
llantos, con lamentos».
Desgarrad vuestro corazón y no vuestros
vestidos, volved a Yahveh vuestro Dios,
porque él es clemente y compasivo, tardo a
la cólera, rico en amor, y se ablanda ante
la desgracia. ¡Quién sabe si volverá y se
ablandará! (Jl 2,11-14).
¡Promulgad un ayuno! (Jl 2,15).
Entre el vestíbulo y el altar lloren los
sacerdotes, ministros de Yahveh, y digan:
«¡Perdona, Yahveh, a tu pueblo, y no
entregues tu heredad al oprobio a la
irrisión de las naciones! ¿Por qué se ha
de decir entre los pueblos: ¿Dónde está su
Dios?»
Y Yahveh se llenó de celo por su tierra, y
tuvo piedad de su pueblo.
Respondió Yahveh y dijo a su pueblo: «No os
entregaré más al oprobio de las naciones».
(Jl 2,17-19).
No temas, suelo, jubila y regocíjate, porque
Yahveh hace grandezas (Jl 2,21).
¡Hijos de Sión, jubilad, alegraos en Yahveh
vuestro Dios! (Jl 2,23).
Alabaréis el nombre de Yahveh vuestro Dios,
que hizo con vosotros maravillas. (¡Mi
pueblo no será confundido jamás!).
«Y sabréis que en medio de Israel estoy yo,
¡yo, Yahveh, vuestro Dios, y no hay otro!
¡Y mi pueblo no será confundido jamás!» (Jl
2,26-27).
«Porque he aquí que en
aquellos días, en el tiempo aquel, cuando yo
cambie la suerte de Judá y Jerusalén,
congregaré a todas las naciones y las haré
bajar al Valle de Josafat: allí entraré en
juicio con ellas, acerca de mi pueblo y mi
heredad, Israel. Porque lo dispersaron entre
las naciones, y mi tierra se repartieron.
Y echaron suertes sobre mi pueblo, cambiaron
el niño por la prostituta, y a la niña la
vendieron por vino para beber.»
«Y vosotros también, ¿qué sois para mí,
Tiro y Sidón, y distritos todos de Filistea?
¿Queréis exigir paga de mí? Mas, si
queréis cobrar de mí, ¡bien pronto he de
volver sobre vuestra cabeza vuestra paga!
Vosotros que arrebatasteis mi plata y mi oro,
que llevasteis a vuestros templos mis mejores
alhajas, y a los hijos de Judá y Jerusalén
los vendisteis a los hijos de Yaván, para
alejarlos de su término.
He aquí que yo los voy a reclamar del lugar
donde los vendisteis, y volveré sobre
vuestra cabeza vuestra paga: venderé
vuestros hijos y vuestras hijas en manos de
los hijos de Judá, y ellos los venderán a
los sabeos, a una nación lejana, ¡porque ha
hablado Yahveh!»
Publicad esto entre las naciones: ¡Proclamad
la guerra, incitad a los bravos!
¡Que avancen y suban todos los hombres de
guerra!
Forjad espadas de vuestros azadones y
lanzas de vuestras podaderas; y diga
el débil: «¡Soy un bravo!»
¡Daos prisa, venid, naciones todas
circundantes, y congregaos allá! (¡Haz
bajar, Yahveh, a tus bravos!)
«¡Despiértense y suban las naciones al
Valle de Josafat! Que allí me sentaré yo
para juzgar a todas las naciones circundantes.
Meted la hoz, porque la mies está madura;
venid, pisad, que el lagar está lleno, y las
cavas rebosan, tan grande es su maldad.»
¡Multitudes y multitudes en el Valle de la
Decisión! Porque está cerca el Día
de Yahveh, en el Valle de la
Decisión.
El sol y la luna se oscurecen, las estrellas
retraen su fulgor.
Ruge Yahveh desde Sión, desde Jerusalén da
su voz: ¡el cielo y la tierra se estremecen!
Mas Yahveh será un refugio para su
pueblo, una fortaleza para los hijos
de Israel.
«Sabréis entonces que yo soy Yahveh vuestro
Dios, que habito en Sión, mi monte santo. Santa
será Jerusalén, y los
extranjeros no pasarán más por
ella».
Sucederá aquel día que los
montes destilarán vino y las colinas
fluirán leche; por todas las torrenteras de
Judá fluirán las aguas; y una fuente
manará de la Casa de Yahveh que regará el
valle de las Acacias.
Egipto quedará hecho una desolación, Edom
un desierto desolado, por su violencia contra
los hijos de Judá, por haber derramado
sangre inocente en su tierra.
Pero Judá será habitada para siempre, y
Jerusalén de edad en edad.
«Yo vengaré su sangre, no la dejaré
impune», y Yahveh morará en Sión.
(Jl 4,1-21).
15 de junio, san Amós, «yo no soy
profeta ni hijo de profeta, yo soy vaquero y picador de
sicómoros. Pero Yahveh me tomó de detrás del rebaño,
y Yahveh me dijo: "Ve y profetiza a mi
pueblo Israel"».
Profecía de Amós
¡Ay de los que
ansían el Día de Yahveh! ¿Qué
creéis que es ese Día de Yahveh? ¡Es
tinieblas, que no luz!
Como cuando uno huye del león y se topa con
un oso, o, al entrar en casa, apoya una mano
en la pared y le muerde una culebra...
¿No es tinieblas el Día de Yahveh, y no luz,
lóbrego y sin claridad?
Yo detesto, desprecio vuestras fiestas, no me
gusta el olor de vuestras reuniones solemnes.
Si me ofrecéis holocaustos... no me
complazco en vuestras oblaciones, ni miro a
vuestros sacrificios de comunión de novillos
cebados.
¡Aparta de mi lado la multitud de tus
canciones, no quiero oír la salmodia de tus
arpas!
¡Que fluya, sí, el juicio como agua
y la justicia como arroyo perenne!
(Am 5,18-24)
Esto me dio a ver el Señor
Yahveh: He aquí que él formaba langostas,
cuando empieza a crecer el retoño, el
retoño que sale después de la siega del rey.
Y cuando acababan de devorar la hierba de la
tierra, yo dije: «¡Perdona, por
favor, Señor Yahveh! ¿cómo va a
resistir Jacob, que es tan pequeño?»
Y se arrepintió Yahveh de ello:
«No será», dijo Yahveh.
Esto me dio a ver el Señor Yahveh: He aquí
que el Señor Yahveh convocaba al juicio por
el fuego: éste devoró el gran abismo, y
devoró la campiña.
Y yo dije: «¡Señor Yahveh, cesa,
por favor! ¿cómo va a resistir
Jacob, que es tan pequeño?»
Y se arrepintió Yahveh de ello:
«Tampoco esto será», dijo el
Señor Yahveh.
Esto me dio a ver el Señor Yahveh: He aquí
que el Señor estaba junto a una pared con
una plomada en la mano.
Y me dijo Yahveh: «¿Qué ves, Amós?» Yo
respondí: «Una plomada.» El Señor dijo:
«¡He aquí que yo voy a poner plomada en
medio de mi pueblo Israel, ni una más le
volveré a pasar!
Serán devastados los altos de Isaac,
asolados los santuarios de Israel, y yo me
alzaré con espada contra la casa de Jeroboam.»
El sacerdote de Betel, Amasías, mandó a
decir a Jeroboam, rey de Israel: «Amós
conspira contra ti en medio de la casa de
Israel; ya no puede la tierra soportar todas
sus palabras.
Porque Amós anda diciendo: "A espada
morirá Jeroboam, e Israel será deportado de
su suelo."»
Y Amasías dijo a Amós: «Vete,
vidente; huye a la tierra de Judá;
come allí tu pan y profetiza allí.
Pero en Betel no has de seguir
profetizando, porque es el santuario
del rey y la Casa del reino.»
Respondió Amós y dijo a Amasías: «Yo
no soy profeta ni hijo de profeta, yo soy
vaquero y picador de sicómoros».
»Pero Yahveh me tomó de
detrás del rebaño, y Yahveh me dijo:
"Ve y profetiza a mi pueblo Israel".
»Y ahora escucha tú la
palabra de Yahveh. Tú dices: "No
profetices contra Israel, no vaticines contra
la casa de Isaac".
»Por eso, así dice Yahveh:
"Tu mujer se prostituirá en la ciudad,
tus hijos y tus hijas caerán a espada, tu
suelo será repartido a cordel, tú mismo en
un suelo impuro morirás, e Israel será
deportado de su suelo"».
(Am 7,1-17)
He aquí que vienen días -
oráculo del Señor Yahveh - en que yo
mandaré hambre a la tierra, no hambre de pan,
ni sed de agua, sino de oír la palabra de
Yahveh.
Entonces vagarán de mar a mar, de norte a
levante andarán errantes en busca de la
Palabra de Yahveh, pero no la encontrarán.
Aquel día desfallecerán de sed
las muchachas hermosas y los jóvenes.
(Am 8,11-13).
He aquí que los ojos del
Señor Yahveh están sobre el reino pecador;
voy a exterminarlo de la haz de la tierra,
aunque no exterminaré del todo a la
casa de Jacob - oráculo de Yahveh.
Pues he aquí que yo doy orden, y zarandearé
a la casa de Israel entre todas las naciones,
como se zarandea con la criba sin que ni un
grano caiga en tierra.
A espada morirán todos los pecadores de mi
pueblo, esos que dicen: «¡No se acercará,
no nos alcanzará la desgracia!»
Aquel día levantaré la cabaña de
David ruinosa, repararé sus brechas
y restauraré sus ruinas; la
reconstruiré como en los días de
antaño,
para que posean lo que queda de Edom y de
todas las naciones sobre las que se ha
invocado mi nombre, oráculo de Yahveh, el
que hace esto.
He aquí que vienen días - oráculo de
Yahveh - en que el arador empalmará con el
segador y el pisador de la uva con el
sembrador; destilarán vino los montes y
todas las colinas se derretirán.
Entonces haré volver a los
deportados de mi pueblo Israel;
reconstruirán las ciudades devastadas, y
habitarán en ellas, plantarán viñas y
beberán su vino, harán huertas y comerán
sus frutos.
Yo los plantaré en su suelo y no
serán arrancados nunca más del
suelo que yo les di, dice Yahveh, tu Dios.
(Am 9,8-15).
6 de septiembre, san Zacarías, profeta
21 de septiembre, san Jonás, profeta,
hijo de Amitay (2Re 14, 25), cuyo nombre lleva un libro
del Antiguo Testamento, y su conocida expulsión del
vientre del cetáceo es presentada en el propio Evangelio
como signo de la Resurrección del Señor (Mt 12, 40).
|
El templo del
cielo
Había cuatro vivientes... Día y
noche cantan sin pausa:
«Santo, Santo, Santo es el Señor
Dios, el todopoderoso; el que era y es y ha
de venir» (Ap 4,8).
-------------
Vi al Señor sentado en un trono
excelso y elevado, y sus haldas llenaban el
templo. Unos serafines se
mantenían erguidos por encima de él... Y se
gritaban el uno al otro:
«Santo, santo, santo,
Yahveh Sebaot: llena está toda la
tierra de su gloria».
Se conmovieron los quicios y los
dinteles a la voz de los que clamaban, y la
Casa se llenó de humo... Voló hacia mí
uno de los serafines con una brasa en la mano, que
con las tenazas había tomado de sobre el
altar, y tocó mi boca... (Is 6, 1-7).
------------
Jesús, el Verbo hecho carne es
el Sumo sacerdote en el templo del cielo (cfr.
Epístola a los Hebreos).
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"Santo, Santo, Santo es el
Señor, / Dios del universo. / Llenos están el cielo y
la tierra de tu gloria" (Liturgia de la Misa).
Santo, Santo, Santo es el
Señor Dios, el todopoderoso (Salmo responsorial
de la misa del 16.11.2016).
----------------------
Catequesis del papa san Juan
Pablo II, 11.12.1985: https://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/audiences/1985/documents/hf_jp-ii_aud_19851211.html
-----------------------------
Si tan sólo llegáramos al
cielo, qué cosa más dulce y sencilla que estar
allí para siempre diciendo con los ángeles y los
santos, Sanctus, sanctus, sanctus (San
Felipe Neri).
-----------------------------
Salió otro ángel del santuario...
Otro ángel salió del santuario del cielo...
(Ap 14,15; 14,17).
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La gloria de Yahveh salió de sobre el
umbral de la Casa y se posó sobre los
querubines. Los querubines desplegaron sus alas y se
elevaron del suelo ante mis ojos, al salir... Y se
detuvieron a la entrada del pórtico oriental de la
Casa de Yahveh; la gloria del Dios de Israel
estaba encima de ellos. Era el ser que yo había visto
debajo del Dios de Israel... y supe que eran
querubines. (Ez 10,18-20)
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Todos los Angeles que estaban en pie
alrededor del trono de los Ancianos y de los cuatro
Vivientes, se postraron delante del trono, rostro en
tierra, y adoraron a Dios diciendo:
«Amén. Alabanza, gloria,
sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza,
a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén»
(Ap 7,11-12).
Caí en éxtasis. Vi que un trono
estaba erigido en el cielo, y Uno sentado en el trono.
El que estaba sentado era de aspecto semejante al jaspe y
a la cornalina; y un arcoiris alrededor del trono, de
aspecto semejante a la esmeralda.
Vi veinticuatro tronos alrededor del trono, y sentados en
los tronos, a veinticuatro Ancianos con vestiduras
blancas y coronas de oro sobre sus cabezas.
Del trono salen relámpagos y fragor y truenos; delante
del trono arden siete antorchas de fuego, que son los
siete Espíritus de Dios.
Delante del trono como un mar transparente semejante al
cristal. En medio del trono, y en torno al trono, cuatro
Vivientes llenos de ojos por delante y por detrás.
El primer Viviente, como un león; el segundo Viviente,
como un novillo; el tercer Viviente tiene un rostro como
de hombre; el cuarto viviente es como un águila en vuelo.
Los cuatro Vivientes tienen cada uno seis alas, están
llenos de ojos todo alrededor y por dentro, y repiten sin
descanso día y noche:
«Santo, Santo, Santo,
Señor, Dios Todopoderoso, "Aquel que era, que
es y que va a venir"».
Y cada vez que los Vivientes dan gloria,
honor y acción de gracias al que está sentado en el
trono y vive por los siglos de los siglos, los
veinticuatro Ancianos se postran ante el que está
sentado en el trono y adoran al que vive por los
siglos de los siglos, y arrojan sus coronas delante
del trono diciendo:
«Eres digno, Señor y Dios
nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo; por tu voluntad,
no existía y fue creado» (Ap 4,2-11).
Vi, de pie, en medio del trono y de los
cuatro Vivientes y de los Ancianos, un Cordero, como
degollado; tenía siete cuernos y siete ojos, que son los
siete Espíritus de Dios, enviados a toda la tierra. Y se
acercó y tomó el libro de la mano derecha del que está
sentado en el trono.
Cuando lo tomó, los cuatro Vivientes y los veinticuatro
Ancianos se postraron delante del Cordero. Tenía cada
uno una cítara y copas de oro llenas de perfumes, que
son las oraciones de los santos.
Y cantan un cántico nuevo diciendo:
«Eres digno de tomar el libro y
abrir sus sellos porque fuiste degollado y compraste
para Dios con tu sangre hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación; y has hecho de
ellos para nuestro Dios un Reino de
Sacerdotes, y reinan sobre la tierra».
Y en la visión oí la voz de una
multitud de Ángeles alrededor del trono, de los
Vivientes y de los Ancianos. Su número era miríadas
de miríadas y millares de millares,
y decían con fuerte voz:
«Digno es el Cordero
degollado de recibir el poder, la riqueza, la
sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la
alabanza».
Y toda criatura, del cielo, de la
tierra, de debajo de la tierra y del mar, y todo lo que
hay en ellos, oí que respondían:
«Al que está sentado en
el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y
potencia por los siglos de los siglos».
Y los cuatro Vivientes decían:
«Amén»; y los Ancianos se postraron para adorar (Ap 5,6-14).
Miré y había una muchedumbre
inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas,
pueblos y lenguas, de pie delante del trono y
del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas
en sus manos. Y gritan con fuerte voz:
«La salvación es de
nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del
Cordero».
Y todos los Ángeles que estaban en pie
alrededor del trono de los Ancianos y de los cuatro
Vivientes, se postraron delante del trono, rostro en
tierra, y adoraron a Dios diciendo:
«Amén. Alabanza, gloria,
sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza,
a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén».
Uno de los Ancianos tomó la palabra y
me dijo:
«Esos que están vestidos con
vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han
venido?»
Yo le respondí:
«Señor mío, tú lo sabrás».
Me respondió:
«Esos son los que vienen de la
gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las
han blanqueado con la sangre del Cordero. Por esto
están delante del trono de Dios, dándole culto día
y noche en su Santuario; y el que está sentado en el
trono extenderá su tienda sobre ellos. Ya no
tendrán hambre ni sed; ya nos les molestará el sol
ni bochorno alguno. Porque el Cordero que está en
medio del trono los apacentará y los guiará a los
manantiales de las aguas de la vida. Y Dios enjugará
toda lágrima de sus ojos» (Ap 7,9-17).
El Ángel que había visto yo de pie
sobre el mar y la tierra, levantó al cielo su mano
derecha y juró por el que vive por los siglos de los
siglos, el que creó el cielo y cuanto hay en él, la
tierra y cuanto hay en ella, el mar y cuanto hay en él:
«¡Ya no habrá dilación! sino
que en los días en que se oiga la voz del séptimo
Angel, cuando se ponga a tocar la trompeta, se habrá
consumado el Misterio de Dios, según lo había
anunciado como buena nueva a sus
siervos los profetas» (Ap 10,5-7).
Tocó el séptimo Angel... Entonces
sonaron en el cielo fuertes voces que decían:
«Ha llegado el reinado
sobre el mundo de nuestro Señor y de su Cristo; y
reinará por los siglos de los siglos».
Y los veinticuatro Ancianos que estaban
sentados en sus tronos delante de Dios, se postraron
rostro en tierra y adoraron a Dios diciendo:
«Te damos gracias, Señor
Dios Todopoderoso, "Aquel que es y que
era" porque has asumido tu inmenso poder para
establecer tu reinado. Las naciones se habían
encolerizado; pero ha llegado tu cólera y el tiempo
de que los muertos sean juzgados, el tiempo
de dar la recompensa a tus siervos los
profetas, a los santos y a los que temen tu nombre,
pequeños y grandes, y de destruir a los que
destruyen la tierra». (Ap 11,15-18).
Luego vi en el cielo otra señal grande
y maravillosa: siete Angeles, que llevaban siete plagas,
las últimas, porque con ellas se consuma el furor de
Dios.
Y vi también como un mar de cristal mezclado de fuego, y
a los que habían triunfado de la Bestia y de su imagen y
de la cifra de su nombre, de pie junto al mar de cristal,
llevando las cítaras de Dios. Y cantan el cántico de
Moisés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero,
diciendo:
«Grandes y maravillosas son tus
obras, Señor, Dios Todopoderoso; justos y verdaderos
tus caminos, ¡oh Rey de las naciones! ¿Quién no
temerá, Señor, y no glorificará tu nombre? Porque sólo
tú eres santo, y todas las naciones vendrán y se
postrarán ante ti, porque han quedado de
manifiesto tus justos designios».
Después de esto vi que se abría en el
cielo el Santuario de la Tienda del Testimonio, y
salieron del Santuario los siete Ángeles que llevaban
las siete plagas, vestidos de lino puro, resplandeciente,
ceñido el talle con cinturones de oro.
Luego, uno de los cuatro Vivientes entregó a los siete
Ángeles siete copas de oro llenas del furor de Dios, que
vive por los siglos de los siglos.
Y el Santuario se llenó del humo de la gloria de
Dios y de su poder, y nadie podía entrar en el
Santuario hasta que se consumaran las siete plagas de los
siete Angeles. (Ap 15,1-8).
Después oí en el cielo como un gran
ruido de muchedumbre inmensa que decía:
«¡Aleluya! La
salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos; porque ha
juzgado a la Gran Ramera que corrompía la tierra con
su prostitución, y ha vengado en ella la sangre de
sus siervos».
Y por segunda vez dijeron:
«¡Aleluya! La
humareda de la Ramera se eleva por los siglos de los
siglos».
Entonces los veinticuatro Ancianos y
los cuatro Vivientes se postraron y adoraron a Dios, que
está sentado en el trono, diciendo:
«¡Amén! ¡Aleluya!»
Y salió una voz del trono, que decía:
«Alabad a nuestro Dios, todos sus
siervos y los que le teméis, pequeños y grandes».
Y oí el ruido de muchedumbre inmensa y
como el ruido de grandes aguas y como el fragor de
fuertes truenos. Y decían:
«¡Aleluya! Porque ha establecido
su reinado el Señor, nuestro Dios Todopoderoso.
Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria,
porque han llegado las bodas del Cordero, y su Esposa
se ha engalanado y se le ha concedido vestirse de
lino deslumbrante de blancura -el lino son las buenas
acciones de los santos-».
Luego me dice:
«Escribe: "Dichosos los
invitados al banquete de bodas del Cordero"».
Me dijo además:
«Estas son palabras verdaderas de
Dios» (Ap 19,1-9).
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El Cordero se acercó, y el que estaba sentado en el
trono le dio el libro con la mano derecha. Cuando tomó el libro,
los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se
postraron ante él; tenían cítaras y copas de oro llenas de
perfume - son las oraciones de los santos -. Y entonaron un
cántico nuevo: «Eres digno de tomar el libro y abrir
sus sellos, porque fuiste degollado y con tu sangre
compraste para Dios hombres de toda raza, lengua, pueblo y
nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino
de sacerdotes, y reinan sobre la tierra» (Ap 5,8-10).
Practicar
el derecho y la justicia el Señor lo prefiere a los sacrificios
(Prov 21,3)
Tú
no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el
oído; no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios, entonces
yo digo: «Aquí estoy -como está escrito en mi libro- para
hacer tu voluntad. Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las
entrañas» (Sal 39,7-8).
Al
entrar en este mundo, dice: «Sacrificio y oblación no quisiste;
pero me has formado un cuerpo. Holocaustos y sacrificios por el
pecado no te agradaron. Entonces dije: ¡He aquí que vengo -pues
de mí está escrito en el rollo del libro- a hacer, oh Dios, tu
voluntad!». Dice primero: «Sacrificios y oblaciones y
holocaustos y sacrificios por el pecado no los quisiste ni te
agradaron» -cosas todas ofrecidas conforme a la Ley-. «Entonces,
-añade- he aquí que vengo a hacer tu voluntad».
Abroga lo primero para establecer lo segundo (Heb 10,5-9).
«Mi
madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de
Dios y la cumplen» (Lc, 8,21)
Enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla
de todo corazón (Al 119,34).
Lo que hace totalitarios a los regímenes
democráticos según san Juan Pablo II
Doctrina
pontificia sobre la democracia
Para que haya democracia y
libertad, la ética debe regir la conducta política de los
votantes y no sólo de los políticos...
"Los principios
morales, no dependen, del voto de las mayorías. Lo que está mal,
está mal, aunque todos estén errados. Lo que es correcto, es
correcto, aún cuando nadie esté del lado correcto" (Obispo
Fulton Sheen) ..
. .Las excepciones liberales a la democracia...
"La historia demuestra con gran
claridad que las mayorías pueden equivocarse. La
verdadera racionalidad no queda garantizada por el
consenso"
(Benedicto XVI, 5
de octubre de 2007).
«Señor, frecuentemente tu Iglesia nos parece
una barca a punto de hundirse, que hace aguas por todas partes. Y
también en tu campo vemos más cizaña que trigo» (cardenal
Ratzinger, en el Coliseo de Roma, 25-III-2005).
La Ascensión del Señor: «Este mismo Jesús,
vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo» (Hch 1,11).
Hoy el Señor hace resplandecer su rostro sobre
mí (Num 6,25).
El que educa a los pueblos ¿no va a
castigar? (Sal 93(94),10)
No
sólo escuchar la palabra de Dios, sino además obrar conforme a
ella
"Alardeaban de progreso en
todos los campos, siendo así que retrocedían a cosas peores"
(Pío XII: Summi Pontificatus de
1939, nº 24).
San Pablo VI: «La Iglesia se encuentra en una
hora inquieta de autocrítica o, mejor dicho, de
autodemolición» (29-VI-1972)
San Juan Pablo II: «Los cristianos de hoy, en
gran parte, se sienten extraviados, confusos, perplejos, e
incluso desilusionados. Se han esparcido a manos llenas ideas
contrastantes con la verdad revelada y enseñada desde siempre»
(6-II-1981)
De las cartas pastorales de san
Ezequiel Moreno.
(Toribio Minguella, O.A.R., Cartas Pastorales, Circulares y otros
Escritos del Ilmo. y Rmo. Sr. D. Fr. Ezequiel Moreno y Díaz,
Madrid 1908, pp. 171. 173-174)
Bien sabemos que vosotros, amados hijos, habéis orado sin
intermisión al Padre celestial por vuestro obispo, y habéis
hecho dulce violencia al Sagrado Corazón de su divino Hijo con
vuestros ruegos para que volviéramos (a la diócesis). Dios nos
ha oído, y ha querido nuestra vuelta; vosotros lo habéis
celebrado de un modo extraordinario, y Nos viviremos siempre
agradecidos a vuestras oraciones y demostraciones de afecto, que
es lo que queremos manifestar en este escrito para que quede
memoria perpetua de nuestra gratitud.
Tal es la recompensa que deseamos para todos vosotros, amados
hijos, y que pediremos a Dios nuestro Señor con instancia todos
los días de nuestra vida. Vuestra eterna salvación es el deseo
ardiente de nuestro corazón de Obispo y de Padre; pero no solo
os ofrecemos como recompensa a vuestros obsequios ese buen deseo,
sino que os ofrecemos también duplicar nuestros esfuerzos en
bien de vuestras almas. Confesamos nuestra flaqueza y debilidad;
pero bien sabéis que nuestro escudo de armas es la imagen del
Sagrado Corazón de Jesús, y que a esa imagen preciosa rodean
estas palabras: Fortitudo mea et refugium meum es Tu. Tú
eres mi fortaleza y mi refugio. Colocamos de intento estas
palabras alrededor del Divino Corazón para que fueran una
confesión constante de nuestra propia debilidad, acto continuo
de nuestra confianza en él, y perpetua jaculatoria que le mueva
a protegernos. No hay momento en que no hablen esas palabras al
Corazón de Jesús, porque ésa es nuestra intención de siempre,
ni instante en que no le repitamos con ellas: Tú eres mi
fortaleza y mi refugio; y nos parece que este Divino
Corazón nos contesta diciendo: Ergo ero tecum. Yo
estaré contigo. Esto nos anima en medio de nuestra propia
debilidad, y confiando en el Corazón del Omnipotente es como os
prometemos seguir luchando por su gloria y por la salvación de
vuestras almas hasta el último momento de nuestra vida.
Bien sabemos lo que nos espera en esa lucha, y demasiado lo
sabéis vosotros también, amados hijos, porque ya lo habéis
visto: burlas, ultrajes, calumnias, persecución, continuo sufrir;
pero ¿qué cosa puede haber más dulce para Nos, que sufrir por
la gloria de Dios y por vuestro bien, por vosotros, que tan
acreedores os habéis hecho a eso y a más que pudiéramos daros?
¿De qué otro modo pudiera corresponder mejor a vuestro afecto
que sufriendo por vuestras almas y salud eterna? ¿A qué mayor
bien, además, podemos aspirar que a sufrir por Aquel que sufrió
por nosotros hasta la muerte, y muerte de Cruz? De esa manera, y
con la gracia de Dios, quisiéramos pasar el poco tiempo que nos
quede de vida temporal, como la mejor preparación para pasar a
la vida eterna y feliz de la gloria, único bien positivo al que
todos debemos aspirar con toda nuestra alma, y procurar con todas
nuestras fuerzas
Santa María Faustina Kowalska
947
A veces hay horas enteras cuando mi alma está sumergida en el
asombro viendo la Majestad infinita que se humilla tanto hacia mi
alma. Es incesante mi asombro interior de que el Señor Altísimo
tenga en mí su complacencia y Él Mismo me lo diga; y yo me
hundo aún más en mi nada porque sé lo que soy por mí misma.
Sin embargo, debo decir que amo igualmente a mi Creador hasta la
locura, con cada latido del corazón, con cada nervio; sin
saberlo, mi alma se hunde, se hunde
. en Él. Siento que
nada me separará del Señor, ni el cielo, ni la tierra, ni la
actualidad, ni el futuro, todo puede cambiar, pero el amor nunca,
nunca, él permanece siempre el mismo. Él, el Soberano Inmortal,
me da a conocer su voluntad para que lo ame de modo singular y
Él Mismo infunde en mi alma la capacidad para tal amor con el
cual desea que lo ame. Me sumerjo en Él cada vez más y no tengo
miedo de nada. El amor ha ocupado todo mi corazón y aunque me
hablaran de la justicia de Dios y de cómo tiemblan delante de
Él hasta los espíritus puros y se cubren el rostro y sin cesar
dicen: Santo, y que de eso resulta que mis relaciones familiares
con el Señor es una falta de respeto para su honor y su Majestad,
¡oh, no, no y una vez más no! El amor puro comprende todo. El
máximo horror y la más profunda adoración, pero es en la más
profunda tranquilidad que el alma está sumergida en Él por el
amor y todo lo que dicen exteriormente las criaturas no tiene
influencia en ella. Lo que le dicen de Dios, es una pálida
sombra en comparación a lo que ella vive interiormente con Dios
y a veces se extraña de que las almas admiren alguna afirmación
referente a Dios: porque para ella es el pan de todos los días,
porque ella sabe que lo que se logra expresar con palabras, no es
al fin tan grande; acepta y escucha todo con respeto, pero ella
tiene su vida particular en Dios.
948
Hoy, durante la Pasión, he visto a Jesús martirizado, coronado
de espinas y con un pedazo de caña en la mano. Jesús callaba,
mientras los soldadotes rivalizaban torturándolo. Jesús no
decía nada, solamente me miró; en aquella mirada sentí su
tortura tan tremenda que nosotros no tenemos ni siquiera una idea
de lo que Jesús sufrió por nosotros antes de la crucifixión.
Mi alma está llena de dolor y de nostalgia: sentí en el alma un
gran odio por el pecado, y la más pequeña infidelidad mía me
parece una montaña alta y la reparo con la mortificación y las
penitencias. Cuando veo a Jesús martirizado, el corazón se me
hace pedazos; pienso en lo que será de los pecadores si no
aprovechan la Pasión de Jesús. En su Pasión veo todo el mar de
la misericordia.
949
El Amor de Dios es la flor y la Misericordia es el fruto.
Que el alma que duda lea estas consideraciones sobre la Divina
Misericordia y se haga confiada.
Misericordia Divina, que brota del seno del Padre, en Ti confío.
Misericordia Divina, supremo atributo de Dios, en Ti confío.
Misericordia Divina, misterio incomprensible, en Ti confío.
Misericordia Divina, fuente que brota del misterio de la
Santísima Trinidad, en Ti confío.
Misericordia Divina, insondable para todo entendimiento humano o
angélico, en Ti confío.
Misericordia Divina, de donde brotan toda vida y felicidad, en Ti
confío.
Misericordia Divina, más sublime que los cielos.
Misericordia divina, fuente de milagros y maravillas.
Misericordia Divina, que abarca todo el universo.
Misericordia Divina, que baja al mundo en la Persona del Verbo
Encarnado.
Misericordia Divina, que manó de la herida abierta del Corazón
de Jesús.
Misericordia Divina, encerrada en el Corazón de Jesús para
nosotros y especialmente para los pecadores.
Misericordia Divina, impenetrable en la institución de la
Sagrada Hostia.
Misericordia Divina, en la institución de la Santa Iglesia.
Misericordia Divina, en el sacramento del Santo Bautismo.
Misericordia Divina, en nuestra justificación por Jesucristo.
Misericordia Divina, que nos acompaña durante toda la vida.
Misericordia Divina, que nos abraza especialmente a la hora de la
muerte.
Misericordia Divina, que nos otorga la vida inmortal.
Misericordia Divina, que nos acompaña en cada momento de nuestra
vida.
Misericordia Divina, que nos protege del fuego infernal.
Misericordia Divina, en la conversión de los pecadores
empedernidos.
Misericordia Divina, asombro para los ángeles, incomprensible
para los Santos.
Misericordia Divina, insondable en todos los misterios de Dios.
Misericordia Divina, que nos rescata de toda miseria.
Misericordia Divina, fuente de nuestra felicidad y deleite.
Misericordia Divina, que de la nada nos llamó a la existencia.
Misericordia Divina, que abarca todas las obras de sus manos.
Misericordia Divina, corona de todas las obras de Dios.
Misericordia Divina, en la que estamos todos sumergidos.
Misericordia Divina, dulce consuelo para los corazones
angustiados.
Misericordia Divina, única esperanza de las almas desesperadas.
Misericordia Divina, remanso de corazones, paz ante el temor.
Misericordia Divina, gozo y éxtasis de las almas santas.
Misericordia Divina, que infunde esperanza, perdida ya toda
esperanza.
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El Crucificado y Resucitado
En la santa misa se realiza de forma incruenta el mismo
sacrificio de Jesús, el Verbo hecho carne, en los atroces
padecimientos de su pasión y de su muerte en la cruz. En las
formas consagradas en la misa está realmente presente Jesús, el
Verbo hecho carne, resucitado y llevando las
huellas de las heridas de su crucifixión y de su pasión, como
se las mostró a santo Tomás apóstol y antes a sus otros
apóstoles.
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canon
705 del Código de Derecho Canónico: el
religioso elevado al episcopado sigue siendo miembro de su
instituto, pero, por el voto de obediencia, está
sometido exclusivamente al Romano Pontífice.
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«La Santa Cruz es ensalzada como trofeo
pascual de la victoria de Cristo y signo que aparecerá en el
cielo anunciando a todos su segunda venida».
(Martirologio Romano, 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación
de la Santa Cruz).
«Entonces aparecerá en el
cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se
golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán
al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder
y gloria».
(Mt 24,11-12;30).
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Unos 5.480 fueron los
golpes y heridas que recibió Jesús en su Pasión, cuando
entregó su cuerpo por nosotros, según se lo confió a santa Brígida, que tanto deseaba saberlo
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Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio,
que las que se sueñan en tu filosofía.
There are more things in heaven and earth, Horatio, than are
dreamt of in your philosophy.
(W. SHAKESPEARE, Hamlet, acto 1, escena 5ª).
---------------------
La Ascensión es una prueba que dio Jesús, el Verbo
hecho carne, de Su presencia real en la Eucaristía
[Una prueba del estilo de las que da Jesús, al que le gusta
ocultarse para darnos el mérito de la fe].
«Yo soy el pan de la
vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y
murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre
coma de él y no muera Yo soy el pan vivo que ha
bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y
el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a
comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo
del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo
resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y
mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi
sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha
enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me
come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no
como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que
come este pan vivirá para siempre».
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en
Cafarnaún.
Muchos de sus discípulos, al oírlo, dijeron: «Este modo de
hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?».
Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban,
les dijo:
«¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo
del hombre subir adonde estaba antes?
(Jn 6,48-62)
--------------------
Un día que estaba Jesús en una casa enseñando, había allí
algunos fariseos y doctores de la ley que habían ido de toda
Galilea y Judea, y de Jerusalén. El poder del Señor y su
misericordia le hacía obrar curaciones. En esto, unos hombres
llegaron con un paralítico en una camilla y trataban de
introducirlo, para ponerlo delante de Él. Pero no encontrando
por dónde meterlo a causa de la multitud, subieron al terrado,
desmontaron el techo, bajaron al paralítico en su camilla, y lo
pusieron en medio, delante de Jesús.
Viendo la fe de ellos, dijo Jesús:
«Hombre, tus pecados te quedan
perdonados».
Los escribas y fariseos empezaron a pensar: «¿Quién
es este, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados
sino sólo Dios?
Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo:
«¿Qué estáis pensando en vuestros
corazones? ¿Qué es más fácil, decir: "Tus pecados te
quedan perdonados", o decir: "Levántate y anda"?
Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra
poder de perdonar pecados, -dijo al paralítico-: "A ti te
digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa"».
Y al instante, levantándose delante de ellos, tomó la
camilla en que yacía y se fue a su casa, glorificando a Dios.
El asombro se apoderó de todos, y glorificaban a Dios. Y
llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto
cosas increíbles». (Lc 5, 17-26).
---------------------
DS 401 (Dz 201)
JUAN
II 533-535
Acerca
de «Uno de la Trinidad ha padecido» y de la B. V. M., madre de
Dios
[De la Carta 3 Olim quiem, a los senadores
de Constantinopla, marzo de 534]
Algunos monjes escitas enunciaron en Constantinopla la
proposición: «Uno de la Trinidad ha padecido».
De ahí resultó que se los tuvo por sospechosos de herejía
monofisita, y, para defender su propia ortodoxia acudieron a
Roma, al pontífice Hormisdas, quien no pronunció juicio
alguno sobre el asunto, pero manifestó en su Carta 70 a
Posesor que llevaba muy a mal la petulancia de los
escitas. Mas como otros monjes, es decir, los
acemetas de Constantinopla, impugnaron la
proposición en mal sentido, Juan II aprueba la carta
del emperador Justiniano en que acusaba a éstos de
herejía nestoriana y en otra dirigida a los senadores de
Constantinopla decretó sobre el asunto.
401 Dz 201 A la verdad, el emperador
Justiniano, hijo nuestro, como por el tenor de su carta
sabéis, dio a entender que habían surgido discusiones sobre
estas tres cuestiones: si Cristo, Dios nuestro, se puede
llamar uno de la Trinidad, una persona santa
de las tres personas de la Santa Trinidad; si Cristo
Dios, impasible por su divinidad, sufrió en la carne;
si María siempre Virgen, madre del Señor
Dios nuestro Cristo, debe ser llamada propia y verdaderamente
engendradora de Dios y madre de Dios Verbo,
encarnado en ella. En estos puntos hemos aprobado la
fe católica del emperador, y hemos evidentemente mostrado
que así es, con ejemplos de los Profetas, de los
Apóstoles o de los Padres. Que Cristo, efectivamente, sea
uno de la Santa Trinidad, es decir, una persona santa o
subsistencia, que llaman los griegos ypostasi, de las tres
personas de la santa Trinidad, evidentemente lo mostramos por
estos ejemplos [se alegan testimonios varios, como Gn 3,221Co
8,6; Símbolo de Nicea, la Carta de Proclo a los occidentales,
etc.]; y que Dios padeció en la carne, no menos lo
confirmamos por estos ejemplos (t 28,66 Jn 14,6 Ml 3,8 Ac 3,15Ac
20,28 1Co 2,8; anatematismo 12 de Cirilo;
San León a Flaviano, etc.].
Dz 202 En cuanto a la gloriosa santa siempre
Virgen María, rectamente enseñamos ser confesada
por los católicos como propia y verdaderamente engendradora
de Dios y madre de Dios Verbo, de ella
encarnado. Porque propia y verdaderamente Él mismo,
encarnado en los últimos tiempos, se dignó nacer de la
santa y gloriosa Virgen María. Así, pues, puesto que propia
y verdaderamente de ella se encarnó y nació el Hijo de Dios,
por eso propia y verdaderamente confesamos ser madre
de Dios de ella encarnado y nacido; y propiamente
primero, no sea que se crea que el Señor Jesús recibió por
honor o gracia el nombre de Dios, como lo sintió el
necio Nestorio; y verdaderamente después, no se
crea que tomó la carne de la Virgen sólo en apariencia o de
cualquier modo no verdadero, como lo afirmó el
impío Eutiques.
--------------------------------
"El Hijo de Dios ... no quiso establecer
por la fuerza y el temor su imperio sobre nosotros, sino
únicamente por el amor... No quiso... emplear
más armas que su Corazón. Someter a los
pueblos por la fuerza es lo que hacen los conquistadores mortales;
pero someterlos solamente con el poder del amor...,
he aquí una empresa que sólo un Dios podía concebir [y
realizar]. La ha concebido Jesucristo ... y ... está en vías de
ejecución. Es la empresa que llamamos el reinado del
Corazón de Jesús".
(Henri Ramière, S.I.: El reinado social del Corazón de Jesús,
cit. en la revista Cristiandad de Barcelona, enero de 2021, pág.
26)
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"Un hombre honrado no puede tomar parte más que en una
revolución, y esto porque ignora lo que es" (Antonio
Cánovas del Castillo 1828-1897)