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La Parusía de Jesús, el Verbo hecho carne, Su segunda venida gloriosa a la vista de todos,
con la que al evidenciar Su existencia, eliminará el poder anticristiano que,
cada vez más, impone vivir como si Dios no existiera

La esperanza de la Iglesia, proclamada en el Concilio Vaticano II,
de la conversión de Israel al Mesías, a Jesús, el Verbo hecho carne,
y de la unidad católica mundial:

La extraordinaria efusión de gracia que iniciará Jesús, el Verbo hecho carne, con Su segunda venida

«Venga a nosotros tu reino. Hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo».
(Mateo 6,10)

«¡Cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!» (Lc 11,13).

«El Espíritu de la verdad os guiará hacia la verdad completa» (Jn 16,13).

Con su Parusía o Revelación o segunda venida gloriosa iniciará Jesús, el Verbo hecho carne, una gran efusión de gracia:

Poned toda vuestra esperanza en la gracia que se os procurará mediante la Revelación de Jesucristo.
(I Pe 1,13)

«Pedid y se os dará ... porque todo el que pide recibe.
¡Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que Le piden!»
(Mateo 7,7-12).

Yo os digo: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
... Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!»
(Lc 11,9-10;13).

«Rezad así:
Padre nuestro que estás en el cielo...venga a nosotros Tu reino;
hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo
».
(Mateo 6,9-13)

«Está escrito en los profetas: "Serán todos enseñados por Dios" [Is 54,13; 2,2-3; Mi 4,1-2; Jer 31,33-34; 1 Jn 2,27; Hbr 8,10-12]. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a Mí».
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.
(Jn 6,45;59).

"Todos tus hijos serán discípulos de Yahveh".
(Is 54,13)

Sucederá en días futuros que el monte de la Casa de Yahveh será asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones, y acudirán pueblos numerosos. Dirán:
«Venid, subamos al monte de Yahveh, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus senderos».
Pues de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra de Yahveh. (Isaías 2,2-3).

Sucederá en días futuros que el monte de la Casa de Yahveh será asentado en la cima de los montes, y se alzará por encima de las colinas. Y afluirán a él los pueblos, acudirán naciones numerosas y dirán:
«Venid, subamos al monte de Yahveh, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos, y nosotros sigamos sus senderos».
Pues de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra de Yahveh. (Mi 4,1-2).

"Pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré... todos ellos me conocerán del más chico al más grande" --oráculo de Yahveh.
(Jer 31,33-34)

«He aquí que vienen días --oráculo de Yahveh-- en que yo pactaré con la casa de Israel (y con la casa de Judá) una nueva alianza; no como la alianza que pacté con sus padres, cuando les tomé de la mano para sacarles de Egipto; que ellos rompieron mi alianza, y yo hice estrago en ellos --oráculo de Yahveh--. Sino que esta será la alianza que yo pacte con la casa de Israel, después de aquellos días --oráculo de Yahveh--: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
Ya no tendrán que adoctrinar más el uno a su prójimo y el otro a su hermano, diciendo: "Conoced a Yahveh", pues todos ellos me conocerán del más chico al más grande -- oráculo de Yahveh - cuando perdone su culpa, y de su pecado no vuelva a acordarme». (Jer 31, 31-34).

«Esta es la Alianza que pactaré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en su mente, en sus corazones las grabaré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
Y no habrá de instruir cada cual a su conciudadano ni cada uno a su hermano diciendo: "¡Conoce al Señor!", pues todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque me apiadaré de sus iniquidades y de sus pecados no me acordaré ya».
(Hbr 8,10-12)

Y en cuanto a vosotros, la unción que de Él habéis recibido permanece en vosotros y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas - y es verdadera y no mentirosa - según os enseñó, permaneced en Él..
(1 Jn 2,27)

"Al entrar en este mundo, dice: 'Sacrificio y oblación no quisiste; pero me has formado un cuerpo' (Sal 40,7-9 LXX).
'Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron' (1S 15,22).
Entonces dije: '¡He aquí que vengo - pues de mí está escrito en el rollo del libro - a hacer, oh Dios, tu voluntad!' (Jn 6,38)
Dice primero: 'Sacrificios y oblaciones y holocaustos y sacrificios por el pecado no los quisiste ni te agradaron' - cosas todas ofrecidas conforme a la Ley -
entonces - añade -: 'He aquí que vengo a hacer tu voluntad' (Jn 6,38). Abroga lo primero para establecer lo segundo.
Y en virtud de esta voluntad somos santificados, merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo.
Y, ciertamente, todo sacerdote está en pie, día tras día, oficiando y ofreciendo reiteradamente los mismos sacrificios, que nunca pueden borrar pecados.
El, por el contrario, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio, se sentó a la diestra de Dios para siempre,
esperando desde entonces hasta que sus enemigos sean puestos por escabel de sus pies.
En efecto, mediante una sola oblación ha llevado a la perfección para siempre a los santificados.
También el Espíritu Santo nos da testimonio de ello. Porque, después de haber dicho:
Esta es la Alianza que pactaré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en su mente las grabaré,
añade: Y de sus pecados e iniquidades no me acordaré ya (Jer 31, 31-34).
Ahora bien, donde hay remisión de estas cosas, ya no hay más oblación por el pecado.
(Hbr 10,5-18)

«Yo les daré un solo corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo: quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne,
para que caminen según mis preceptos, observen mis normas y las pongan en práctica, y así sean mi pueblo y yo sea su Dios» (Ez 11,19-20).

Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados; de todas vuestras impurezas y de todas vuestras basuras os purificaré.
Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne.
«Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas.
Habitaréis la tierra que yo di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios».
(Ez 36,25-28).

La tierra estará llena de conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el mar (Is 11,9)

La tierra se llenará del conocimiento de la gloria de Yahveh, como las aguas cubren el mar (Ha 2,14).

Esto dice el Señor:
«Mi palabra, que sale de Mi boca: no volverá a Mi vacía, sino que cumplirá Mi deseo y llevará a cabo Mi encargo».
(Isaías 55,10-11)

«Para vosotros en primer lugar ha resucitado Dios a su Siervo y le ha enviado para bendeciros, apartándoos a cada uno de vuestras iniquidades».
(Hch 3,26).

«En su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos».
(Lc 24,47 ).

«Y oirán mi voz, y se hará un sólo rebaño y un sólo Pastor» (Jn 10,16).

Vendrán todas las naciones a postrarse ante ti, y a dar, Señor, gloria a tu nombre. (Sal 86,9).

«He aquí que yo los reúno de todos los países... serán mi pueblo, y yo seré su Dios; y les daré otro corazón y otro camino, de suerte que me teman todos los días para bien de ellos y de sus hijos después de ellos. Les pactaré alianza eterna - que no revocaré después de ellos - de hacerles bien, y pondré mi temor en sus corazones, de modo que no se aparten de junto a mí».
(Jer 32, 37-40).

Os pondré pastores según mi corazón que os den pasto de conocimiento y prudencia.
En aquel tiempo llamarán a Jerusalén «Trono de Yahveh» y se incorporarán a ella todas las naciones en el nombre de Yahveh, en Jerusalén, sin seguir más la dureza de sus perversos corazones.
(Jer 3, 15-17).

Nadie hará daño, nadie hará mal... porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el mar (Isaías 11,1-12).

«Aunque sean vuestros pecados tan rojos como la grana, blanquearán como la nieve» (Is 1,18).

Saldrá un vástago del tronco de Jesé... Reposará sobre él el espíritu de Yahveh... con el soplo de sus labios matará al malvado... Nadie hará daño, nadie hará mal... porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el mar.
Aquel día la raíz de Jesé que estará enhiesta para estandarte de pueblos, las gentes la buscarán... Aquel día volverá el Señor a mostrar su mano para recobrar el resto de su pueblo... Izará bandera a los gentiles, reunirá a los dispersos de Israel, y a los desperdigados de Judá agrupará de los cuatro puntos cardinales.
(Isaías 11,1-12).

Sucederá en días futuros que el monte de la Casa de Yahveh será asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones, y acudirán pueblos numerosos.
Dirán: «Venid, subamos al monte de Yahveh, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus senderos».
Pues de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra de Yahveh. Juzgará entre las gentes, será árbitro de pueblos numerosos.
Forjarán de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas. No levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra.
Casa de Jacob, andando, y vayamos, caminemos a la luz de Yahveh.
Los ojos altivos del hombre serán abajados, se humillará la altanería humana, y será exaltado Yahveh solo en aquel día.
Pues será aquel día de Yahveh Sebaot para toda depresión, que sea enaltecida, y para todo lo levantado, que será rebajado:
contra todos los cedros del Líbano altos y elevados, contra todas las encinas del Basán,
contra todos los montes altos, contra todos los cerros elevados,
contra toda torre prominente, contra todo muro inaccesible,
contra todas las naves de Tarsis, contra todos los barcos cargados de tesoros.
Se humillará la altivez del hombre, y se abajará la altanería humana; será exaltado Yahveh solo, en aquel día,
y los ídolos completamente abatidos.
(Isaías 2,2-5; 11-18).

Sucederá en días futuros que el monte de la Casa de Yahveh será asentado en la cima de los montes, y se alzará por encima de las colinas. Y afluirán a él los pueblos,
acudirán naciones numerosas y dirán: «Venid, subamos al monte de Yahveh, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos, y nosotros sigamos sus senderos».
Pues de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra de Yahveh.
El juzgará entre pueblos numerosos, y corregirá a naciones poderosas; forjarán ellas sus espadas en azadones, y sus lanzas en podaderas. No blandirá más la espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.
Se sentará cada cual bajo su parra, y bajo su higuera, sin que nadie le inquiete, ¡la boca de Yahveh Sebaot ha hablado!
Pues todos los pueblos caminan cada uno en el nombre de sus dioses, pero nosotros caminamos en el nombre de Yahveh nuestro Dios, para siempre jamás.
Aquel día - oráculo de Yahveh - yo recogeré a la oveja coja, reuniré a la perseguida, y a la que yo había maltratado.
De las cojas haré un Resto, de las alejadas una nación fuerte. Entonces reinará Yahveh sobre ellos en el monte Sión, desde ahora y por siempre.
(Miqueas 4,1-7).

Al fin será derramado desde arriba sobre nosotros espíritu. Se hará la estepa un vergel, y el vergel será considerado como selva.
Reposará en la estepa la equidad, y la justicia morará en el vergel;
el producto de la justicia será la paz, el fruto de la equidad, una seguridad perpetua.
Y habitará mi pueblo en albergue de paz, en moradas seguras y en posadas tranquilas.
(Is 32,15-18).

Sión decía: "Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado." ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. (Isaías 49,8-15).

Así dice el Dios Yahveh, el que crea los cielos y los extiende, el que hace firme la tierra y lo que en ella brota, el que da aliento al pueblo que hay en ella, y espíritu a los que por ella andan.
«Yo, Yahveh, te he llamado en justicia, te así de la mano, te formé, y te he destinado a ser alianza del pueblo y luz de las gentes».
(Is 42,5-6)

Dice Yahveh, el que me plasmó desde el seno materno para siervo suyo, para hacer que Jacob vuelva a Él...
«Poco es que seas mi siervo, en orden a levantar las tribus de Jacob, y de hacer volver los preservados de Israel. Te voy a poner por luz de las gentes, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra».(Is 49,5-6).

Se revelará la gloria de Yahveh, y toda criatura a una la verá. Pues la boca de Yahveh ha hablado. (Is 40,5)

«Esta es la alianza con ellos, dice Yahveh. Mi espíritu que ha venido sobre ti y mis palabras que he puesto en tus labios no caerán de tu boca ni de la boca de tu descendencia ni de la boca de la descendencia de tu descendencia, dice Yahveh, desde ahora y para siempre». (Is 59,21).

«Yo, Yahveh, amo el derecho y aborrezco la rapiña y el crimen. Les daré el salario de su trabajo lealmente, y alianza eterna pactaré con ellos». (Is 61,8).

«Estableceré con ellos una alianza eterna de ser yo su Dios y ser ellos mi pueblo, y no volveré a arrojar ya a mi pueblo Israel de la tierra que les di». (Ba 2,35).

«Así habla Yahveh, Dios de Israel: ... me interesaré en favor de los desterrados de Judá... Les daré corazón para conocerme, pues yo soy Yahveh, y ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, pues volverán a mí con todo su corazón». (Jer 24, 5-7).

«Hasta en los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días». (Jl 3,1-2).

«Volveré puro el labio de los pueblos, para que invoquen todos el nombre de Yahveh, y le sirvan bajo un mismo yugo».
(So 3,9).

[A la casa de Israel], «Yo les daré un solo corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo: quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne,
para que caminen según mis preceptos, observen mis normas y las pongan en práctica , y así sean mi pueblo y yo sea su Dios».
(Ez 11,19-20).

«Di a la casa de Israel:
... »Yo santificaré mi gran nombre profanado entre las naciones, profanado allí por vosotros. Y las naciones sabrán que yo soy Yahveh - oráculo del Señor Yahveh - cuando yo, por medio de vosotros, manifieste mi santidad a la vista de ellos.
Os tomaré de entre las naciones, os recogeré de todos los países y os llevaré a vuestro suelo.
Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados; de todas vuestras impurezas y de todas vuestras basuras os purificar
»Os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne.
»Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas.
Habitaréis la tierra que yo di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios».
(Ez 36,22-28).

«Sabréis que yo soy Yahveh cuando abra vuestras tumbas y os haga salir de vuestras tumbas, pueblo mío. Infundiré mi espíritu en vosotros y viviréis; Os llevaré de nuevo al suelo de Israel. os estableceré en vuestro suelo y sabréis que yo, Yahveh, lo digo y lo haga, oráculo de Yahveh». (Ez 37,12-14).,

«Aquel día ... derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de oración; y mirarán hacia mí. En cuanto a aquél a quien traspasaron, harán lamentación por Él como lamentación por hijo único, y le llorarán amargamente como se llora amargamente a un primogénito». (Za 12, 9-10).

Y será Yahveh rey sobre toda la tierra: ¡el día aquel será único Yahveh y único su nombre!
(Za 14,9).

Grita de gozo y regocíjate, hija de Sión, pues he aquí que yo vengo a morar dentro de ti, oráculo de Yahveh.
Muchas naciones se unirán a Yahveh aquel día: serán para mí un pueblo, y yo moraré en medio de ti. Sabrás así que Yahveh Sebaot me ha enviado a ti.
Poseerá Yahveh a Judá, porción suya en la Tierra Santa, y elegirá de nuevo a Jerusalén.
(Za 2,14-16).

Y temerán las naciones el nombre de Yahveh, y todos los reyes de la tierra tu gloria; cuando Yahveh reconstruya a Sión, y aparezca en su gloria, volverá su rostro a la oración del despojado, su oración no despreciará. Se escribirá esto para la edad futura, y en pueblo renovado alabará a Yahveh: que se ha inclinado Yahveh desde su altura santa, desde los cielos ha mirado a la tierra, para oír el suspiro del cautivo, para librar a los hijos de la muerte. Para pregonar en Sión el nombre de Yahveh, y su alabanza en Jerusalén, cuando a una se congreguen los pueblos, y los reinos para servir a Yahveh. (Sal 102,16-23).

«Sois una carta de Cristo, redactada por ministerio nuestro, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, en los corazones». (2 Cor 3,3)

«Nuestra capacidad viene de Dios, el cual nos capacitó para ser ministros de una nueva Alianza, no de la letra, sino del Espíritu. Pues la letra mata mas el Espíritu da vida». (2 Cor 3,5-6).

Pedro, presentándose con los Once, levantó su voz y les dijo: «... Es lo que dijo el profeta [Jl 3,1-2]:
Sucederá en los últimos días, dice Dios: Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños. Y yo sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu».
(Hch 2,16-18)

«Derramaré mi Espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.
Hasta en los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días». (Jl 3,1-2).

El Misterio de su voluntad... para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra.
(Ef 1,9-10).

«El reino escatológico de Cristo y de Dios (cf Col 1, 13) llegará a su cumplimiento cuando el Señor sea todo en todos, después de haber aniquilado el dominio de Satanás, del pecado y de la muerte. Sin embargo, el reino de Dios ya está presente "en misterio" dentro de la historia, y actúa en los que lo reciben».
(San Juan Pablo II, 20.11.1983)

El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo, no está todavía acabado "con gran poder y gloria" (Lc 21, 27; cf. Mt 25, 31) con el advenimiento del Rey a la tierra
(CEC, 671).

Pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré... todos ellos me conocerán del más chico al más grande --oráculo de Yahveh.
(Jer 31:33-34. Bibl Jerusalén)

Esta será la alianza que yo pacte con la casa de Israel, después de aquellos días - oráculo de Yahveh -: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
Ya no tendrán que adoctrinar más el uno a su prójimo y el otro a su hermano, diciendo: «Conoced a Yahveh», pues todos ellos me conocerán del más chico al más grande --oráculo de Yahveh-- cuando perdone su culpa, y de su pecado no vuelva a acordarme.
(Jer 31:33-34. Bibl Jerusalén)

«La Santa Cruz es ensalzada como trofeo pascual de la victoria de Cristo y signo que aparecerá en el cielo anunciando a todos su segunda venida».
(Martirologio Romano, 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz).

«Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria».
(Mt 24,11-12;30).

Así dice el Señor:
«Purificaré los labios de los pueblos para que invoquen todos ellos el nombre del Señor y todos lo sirvan a una.
Aquel día, ya no te avergonzarás de las acciones con que me ofendiste, pues te arrancaré tu orgullosa arrogancia, y dejarás de engreírte en mi santa montaña.
Dejaré en ti un resto, un pueblo humilde y pobre que buscará refugio en el nombre del Señor.
El resto de Israel no hará más el mal, no mentirá ni habrá engaño en su boca.
Pastarán y se descansarán, y no habrá quien los inquiete» (So 3,9; 11-13).

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