NOTAS [COMENTARIOS DE RAMÓN GELPÍ]    Texto de los Evangelios Concordados    Índice de los Evangelios Concordados . . .......Textos.....INDEX

Nota 95

"El fin del mundo" es la traducción que habitualmente se hace de la expresión "Consummationis saeculi"  que aparece en la Vulgata. Algunos exégetas en lugar de fin del mundo traducen  y más correctamente "fin de los tiempos"; y naturalmente se asimila, como en el propio texto evangélico se especifica, con el próximo advenimiento de Cristo: "... Dinos cuándo serán estas cosas, y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo ..."

      No podemos desarrollar aquí, como sería deseable, todo el valor profético que encierran las palabras de Jesús ante las murallas de Jerusalén, pero en todo caso hay que recomendar vivamente la lectura detenida de este Discurso, que abarca los puntos narrativos desde 268 al 272, y a continuación leer el Artículo 7 del Catecismo de la Iglesia Católica, que incorporamos bajo este título: 

"Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos"

      Un breve comentario conviene añadir: como es habitual en el lenguaje profético, coexisten dos significados de distinto cumplimiento temporal. Se trata de la destrucción de Jerusalén (que Jesús ya predijo en "Dominus flevit"), y este fin del mundo al que nos hemos referido. Es como si el cumplimiento de lo primero, tuviese la misión de confirmar la veracidad de lo segundo que ha de suceder más tarde. Esto ya lo pudimos observar en el punto narrativo 150, con ocasión de la Transfiguración (Ver NOTA 56). Por esto se dice, por un lado " ...Os aseguro que no pasará esta generación sin que haya sucedido todo esto ..." y en otro lugar "... En cuanto a aquel día y a la hora, nadie sabe nada; ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre ..."

      Todas estas cosas las explicaba Jesús en la ladera del Monte de los Olivos, parece que en el lugar venerado como la gruta del "Pater Noster". En aquel tiempo, al no existir las actuales construcciones, la explanada del Templo y toda la ciudad se veían con gran esplendor. Por esto los discípulos se lo muestran al Señor, pensando tal vez disuadirle de lo que dijo en Dominus flevit (Lc 19, 34; punto 251) "... Y te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán en ti piedra sobre piedra por no haber conocido el tiempo de la visita que se te hacía ..."

                                                                               

                                                            Jerusalén desde el Monte de los Olivos

      En el APENDICE 2 dedicaremos un capítulo específico al estudio de la destrucción de Jerusalén, en el año 70, descrita por Werner Keller y basado en la narración de Flavio Josefo.

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ARTÍCULO 7
“DESDE ALLÍ HA DE VENIR A JUZGAR A VIVOS Y MUERTOS”

I Volverá en gloria

Cristo reina ya mediante la Iglesia ...

668 "Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos" (Rm 14, 9). La Ascensión de Cristo al Cielo significa su participación, en su humanidad, en el poder y en la autoridad de Dios mismo. Jesucristo es Señor: Posee todo poder en los cielos y en la tierra. El está "por encima de todo Principado, Potestad, Virtud, Dominación" porque el Padre "bajo sus pies sometió todas las cosas"(Ef 1, 20-22). Cristo es el Señor del cosmos (cf. Ef 4, 10; 1 Co 15, 24. 27-28) y de la historia. En él, la historia de la humanidad e incluso toda la Creación encuentran su recapitulación (Ef 1, 10), su cumplimiento transcendente.

669 Como Señor, Cristo es también la cabeza de la Iglesia que es su Cuerpo (cf. Ef 1, 22). Elevado al cielo y glorificado, habiendo cumplido así su misión, permanece en la tierra en su Iglesia. La Redención es la fuente de la autoridad que Cristo, en virtud del Espíritu Santo, ejerce sobre la Iglesia (cf. Ef 4, 11-13). "La Iglesia, o el reino de Cristo presente ya en misterio", "constituye el germen y el comienzo de este Reino en la tierra" (LG 3;5).

670 Desde la Ascensión, el designio de Dios ha entrado en su consumación. Estamos ya en la "última hora" (1 Jn 2, 18; cf. 1 P 4, 7). "El final de la historia ha llegado ya a nosotros y la renovación del mundo está ya decidida de manera irrevocable e incluso de alguna manera real está ya por anticipado en este mundo. La Iglesia, en efecto, ya en la tierra, se caracteriza por una verdadera santidad, aunque todavía imperfecta" (LG 48). El Reino de Cristo manifiesta ya su presencia por los signos milagrosos (cf. Mc 16, 17-18) que acompañan a su anuncio por la Iglesia (cf. Mc 16, 20).

... esperando que todo le sea sometido

671 El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo, no está todavía acabado "con gran poder y gloria" (Lc 21, 27; cf. Mt 25, 31) con el advenimiento del Rey a la tierra. Este Reino aún es objeto de los ataques de los poderes del mal (cf. 2 Te 2, 7) a pesar de que estos poderes hayan sido vencidos en su raíz por la Pascua de Cristo. Hasta que todo le haya sido sometido (cf. 1 Co 15, 28), y "mientras no haya nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia, la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a este tiempo, la imagen de este mundo que pasa. Ella misma vive entre las criaturas que gimen en dolores de parto hasta ahora y que esperan la manifestación de los hijos de Dios" (LG 48). Por esta razón los cristianos piden, sobre todo en la Eucaristía (cf. 1 Co 11, 26), que se apresure el retorno de Cristo (cf. 2 P 3, 11-12) cuando suplican: "Ven, Señor Jesús" (cf.1 Co 16, 22; Ap 22, 17-20).

672 Cristo afirmó antes de su Ascensión que aún no era la hora del establecimiento glorioso del Reino mesiánico esperado por Israel (cf. Hch 1, 6-7) que, según los profetas (cf. Is 11, 1-9), debía traer a todos los hombres el orden definitivo de la justicia, del amor y de la paz. El tiempo presente, según el Señor, es el tiempo del Espíritu y del testimonio (cf Hch 1, 8), pero es también un tiempo marcado todavía por la "tristeza" (1 Co 7, 26) y la prueba del mal (cf. Ef 5, 16) que afecta también a la Iglesia (cf. 1 P 4, 17) e inaugura los combates de los últimos días (1 Jn 2, 18; 4, 3; 1 Tm 4, 1). Es un tiempo de espera y de vigilia (cf. Mt 25, 1-13; Mc 13, 33-37).

El glorioso advenimiento de Cristo, esperanza de Israel

673 Desde la Ascensión, el advenimiento de Cristo en la gloria es inminente (cf Ap 22, 20) aun cuando a nosotros no nos "toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad" (Hch 1, 7; cf. Mc 13, 32). Este advenimiento escatológico se puede cumplir en cualquier momento (cf. Mt 24, 44: 1 Te 5, 2), aunque tal acontecimiento y la prueba final que le ha de preceder estén "retenidos" en las manos de Dios (cf. 2 Te 2, 3-12).

674 La Venida del Mesías glorioso, en un momento determinado de la historia se vincula al reconocimiento del Mesías por "todo Israel" (Rm 11, 26; Mt 23, 39) del que "una parte está endurecida" (Rm 11, 25) en "la incredulidad" respecto a Jesús (Rm 11, 20). San Pedro dice a los judíos de Jerusalén después de Pentecostés: "Arrepentíos, pues, y convertíos para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado, a Jesús, a quien debe retener el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de que Dios habló por boca de sus profetas" (Hch 3, 19-21). Y San Pablo le hace eco: "si su reprobación ha sido la reconciliación del mundo ¿qué será su readmisión sino una resurrección de entre los muertos?" (Rm 11, 5). La entrada de "la plenitud de los judíos" (Rm 11, 12) en la salvación mesiánica, a continuación de "la plenitud de los gentiles (Rm 11, 25; cf. Lc 21, 24), hará al Pueblo de Dios "llegar a la plenitud de Cristo" (Ef 4, 13) en la cual "Dios será todo en nosotros" (1 Co 15, 28).

La última prueba de la Iglesia

675 Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc 21, 12; Jn 15, 19-20) desvelará el "Misterio de iniquidad" bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf. 2 Te 2, 4-12; 1Te 5, 2-3;2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22).

676 Esta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en el mundo cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la historia, lo cual no puede alcanzarse sino más allá del tiempo histórico a través del juicio escatológico: incluso en su forma mitigada, la Iglesia ha rechazado esta falsificación del Reino futuro con el nombre de milenarismo (cf. DS 3839), sobre todo bajo la forma política de un mesianismo secularizado, "intrínsecamente perverso" (cf. Pío XI, "Divini Redemptoris" que condena el "falso misticismo" de esta "falsificación de la redención de los humildes"; GS 20-21).

677 La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su Resurrección (cf. Ap 19, 1-9). El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia (cf. Ap 13, 8) en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal (cf. Ap 20, 7-10) que hará descender desde el Cielo a su Esposa (cf. Ap 21, 2-4). El triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la forma de Juicio final (cf. Ap 20, 12) después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa (cf. 2 P 3, 12-13).

II Para juzgar a vivos y muertos

678 Siguiendo a los profetas (cf. Dn 7, 10; Joel 3, 4; Ml 3,19) y a Juan Bautista (cf. Mt 3, 7-12), Jesús anunció en su predicación el Juicio del último Día. Entonces, se pondrán a la luz la conducta de cada uno (cf. Mc 12, 38-40) y el secreto de los corazones (cf. Lc 12, 1-3; Jn 3, 20-21; Rm 2, 16; 1 Co 4, 5). Entonces será condenada la incredulidad culpable que ha tenido en nada la gracia ofrecida por Dios (cf Mt 11, 20-24; 12, 41-42). La actitud con respecto al prójimo revelará la acogida o el rechazo de la gracia y del amor divino (cf. Mt 5, 22; 7, 1-5). Jesús dirá en el último día: "Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mt 25, 40).

679 Cristo es Señor de la vida eterna. El pleno derecho de juzgar definitivamente las obras y los corazones de los hombres pertenece a Cristo como Redentor del mundo. "Adquirió" este derecho por su Cruz. El Padre también ha entregado "todo juicio al Hijo" (Jn 5, 22;cf. Jn 5, 27; Mt 25, 31; Hch 10, 42; 17, 31; 2 Tm 4, 1). Pues bien, el Hijo no ha venido para juzgar sino para salvar (cf. Jn 3,17) y para dar la vida que hay en él (cf. Jn 5, 26). Es por el rechazo de la gracia en esta vida por lo que cada uno se juzga ya a sí mismo (cf. Jn 3, 18; 12, 48); es retribuido según sus obras (cf. 1 Co 3, 12- 15) y puede incluso condenarse eternamente al rechazar el Espíritu de amor (cf. Mt 12, 32; Hb 6, 4-6; 10, 26-31).

Resumen

680 Cristo, el Señor, reina ya por la Iglesia, pero todavía no le están sometidas todas las cosas de este mundo. El triunfo del Reino de Cristo no tendrá lugar sin un último asalto de las fuerzas del mal.

681 El día del Juicio, al fin del mundo, Cristo vendrá en la gloria para llevar a cabo el triunfo definitivo del bien sobre el mal que, como el trigo y la cizaña, habrán crecido juntos en el curso de la historia.

682 Cristo glorioso, al venir al final de los tiempos a juzgar a vivos y muertos, revelará la disposición secreta de los corazones y retribuirá a cada hombre según sus obras y según su aceptación o su rechazo de la gracia.

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Datos añadidos por JMZB:

La manifestación a la vista de todos de su Parusía es la declaración solemne de Jesús, el Verbo hecho carne, asistido con toda la fuerza imparable del Espíritu Santo, ante el máximo tribunal de Israel, que por eso le envió a la muerte.

"Jesús seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios».
Dícele Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo (Dn 7,13)»".
(Mt 26,63-64).

Es el Evangelio. La buena noticia.

Esto tampoco es milenarismo, es el Evangelio:

«Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria».
(Mt 24,30).

«Entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria».
(Mc 13,26)

«Entonces verán venir al Hijo del Hombre en una nube con gran poder y gloria».
(Lc 21,27)

"Preguntado por los fariseos: ¿Cuándo viene el reino de Dios?, les respondió y dijo:
«No viene el reino de Dios con aparato, ni dirán: "Aquí está", o "Allí"; mirad que el reino de Dios está dentro de vosotros».
Y dijo a los discípulos:
«Vendrán días en que desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: "Aquí está", o "Allí está"; no vayáis ni andéis tras ello. Porque como el relámpago, al relampaguear, recorre con su brillo todo el cielo de un extremo al otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes es menester que padezca mucho y sea reprobado por esta generación...»".
(Lc 17,20-25. Versión de Bover).

«Como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del hombre».
(Mt 24,27).

Se os dirá: “Está aquí” o “Está allí”; no vayáis ni corráis detrás, pues como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día.
Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación».
(Lc 17,23-25. Versión de la CEE 2011).

Dice Severiano del Páramo, S. J.:

"Cristo en su segunda venida a juzgar a los hombres aparecerá como un relámpago visible a todos los hombres".
(Severiano del Páramo, S. J., en comentario a Mt 24,27, en La Sagrada Escritura, comentario por profesores de la Compañía de Jesús, Nuevo Testamento, vol. I, págs. 295-296

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«La Santa Cruz es ensalzada como trofeo pascual de la victoria de Cristo y signo que aparecerá en el cielo anunciando a todos su segunda venida».
(Martirologio Romano, 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz).

«Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria».
(Mt 24,11-12;30).

Lo ha dicho Jesús, el Verbo hecho carne. Es la buena noticia. Es el evangelio. No, no es milenarismo. Pero no nos dan nunca la buena noticia. Suplico que nos den siempre la buena noticia.

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Escribe esto: Antes de venir como Juez Justo, vengo como Rey de Misericordia. Antes de que llegue el día de la justicia, les será dado a los hombre este signo en el cielo.
Se apagará toda luz en el cielo y habrá una gran oscuridad en toda la tierra. Entonces, en el cielo aparecerá el
signo de la cruz y de los orificios donde fueron clavadas las manos y los pies del Salvador, saldrán grandes luces que durante algún tiempo iluminarán la tierra. Eso sucederá poco tiempo antes del ultimo día (Diario de santa Faustina Kowalska, 83).

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Esto tampoco es milenarismo, sino la palabra de Dios en el Antiguo Testamento referente a la segunda venida de Cristo, la venida en gloria:

"Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos juntos - ha hablado la boca del Señor". (Isaías 40, 5. Biblia de la CEE, 2016)
"Se revelará la gloria de Yahveh, y toda criatura a una la verá. Pues la boca de Yahveh ha hablado". (Is 40, 5. Biblia de Jerusalén, 1973).

Esto es la oración litúrgica de la Iglesia, el Prefacio III de Adviento que tiene en vigor nuestra Santa Madre Iglesia Católica Jerárquica; no es milenarismo, proscrito por la Iglesia:

En verdad es justo darte gracias,
es nuestro deber cantar en tu honor himnos de bendición y de alabanza, Padre todopoderoso, principio y fin de todo lo creado.
Tú nos has ocultado el día y la hora
en que Cristo, tu Hijo, Señor y Juez de la historia,
aparecerá, revestido de poder y de gloria,
sobre las nubes del cielo.
En aquel día terrible y glorioso pasará la figura de este mundo y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva.
El mismo Señor que se nos mostrará entonces lleno de gloria,
viene ahora a nuestro encuentro
en cada hombre y en cada acontecimiento,
para que lo recibamos en la fe
y por el amor demos testimonio de la espera dichosa de su reino.

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Esto es lo que la Santa Madre Iglesia Católica nos enseña a pedir mediante la Salve Regina, no en vano:

Muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre virgen María!

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La constatación de que en la Sagrada Escritura se expone que su segunda venida gloriosa la quiere realizar Jesús, el Verbo hecho carne, a la vista de todos, no tiene nada que ver con el milenarismo, ni siquiera con el milenarismo mitigado, que la Iglesia dice que no puede enseñarse con seguridad.

La segunda venida de Jesús, el Verbo hecho carne, Él la quiere realizar a la vista de todos. Su venida. Pero su presencia en la tierra, no. No será visible. El Padre Ramón Orlandis manifestó:

¿Podríase admitir como probable  la presencia visible de Cristo Rey en la tierra, como defienden los milenaristas? En modo alguno...
(Ramón Orlandis, S. I.:
¿Somos pesimistas? CRISTIANDAD Barcelona, Año IV, nº 73, 1 de abril de 1947, página 148).

Enseña Canals que es herético sostener que la presencia de Cristo en su reinado en la tierra es visible:

«El milenarismo carnal, condenado incluso bajo su forma mitigada, es herético si se entendiera que el Reino de Cristo en la tierra coincide con una presencia «visible» de Cristo reinando, no en cuerpo glorioso, sino en una «corporeidad visible empíricamente».
(Francisco Canals,
Mis recuerdos del padre Orlandis. Acerca de su "milenarismo", Cristiandad, Barcelona, núm. 815, 1999).

Recuerda y explica también Canals (en La teología de la historia del Padre Orlandis, S. I. y el problema del milenarismo) que en el sistema que él recibió del padre Orlandis se enseña y explica que la presencia de Cristo en su reinado en la tierra será eficaz, aunque no visible:

El Padre Orlandis rechazó expresamente, al hablar de la presencia de Cristo viviente en su Iglesia, «la presencia corporal y visible que soñaron los milenarios»:
«Contemplen a Cristo presente en su Iglesia, no con aquella presencia corporal y visible que soñaron los milenarios, pero si con la presencia de gobierno, con la presencia de providencia amorosa, con la presencia de cabeza mística que influye en sus miembros, en los que acatan y aman su soberanía, su vida, su verdad, su amor».
(R. Orlandis: «
Sobre la actualidad de la fiesta de Cristo Rey». Cristiandad, num. 39, l-XI-1945, pág. 467).

El Padre Ramière manifestó:

"Algunos nos han encontrado demasiado favorable al milenarismo. Y sin embargo nosotros hemos protestado y protestamos de nuevo que no admitimos de ninguna manera los dos puntos que constituyen este error: a saber, la resurrección corporal de los santos, mil años antes del último día, y el reinado visible de Jesucristo en la tierra, durante esos mil años". (Henri Ramière S. I.: Les Espérances de l'Église. 1ª ed. 1861. Introduction, pág XXVI).

Pero respecto al primero de esos dos puntos hay que tener en cuenta que, según lo anunciado en las profecías de la sagrada Escritura, Jesucristo, Nuestro Señor, en su Parusía o segunda venida gloriosa, ha de venir acompañado por los santos que resucitarán en la resurrección primera. La Parusía y la resurrección primera tendrán lugar en el último día o última época de la vida humana en la tierra, que tendrá una duración cronológica larga, pero indeterminada, a la que bíblicamente se denomina mil años:

"Vi unos tronos y se sentaron sobre ellos, y se les dio el poder de juzgar; vi también las almas de los decapitados por el testimonio de Jesús y la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen y no habían recibido su marca en la frente ni en la mano. Estos volvieron a la vida y reinaron con Cristo mil años. Los demás muertos no volvieron a la vida hasta pasados los mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo quien tiene parte en la primera resurrección; sobre ellos no tiene poder la muerte segunda, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años.
(Ap 20,4-6).

El último día significa último tiempo o última época de la historia humana en la tierra, teniendo en cuenta lo que explica al respecto san Agustín:

«La Iglesia universal del Dios verdadero confiesa y profesa que Cristo ha de venir del cielo a juzgar a los vivos y a los muertos, y a esto le llamamos nosotros último día del divino juicio, esto es el tiempo último. Pues, por cuantos días se extienda este juicio es incierto: pero las escrituras santas usualmente ponen el término día en lugar de tiempo, como no ignora el que haya leído, por más ligeramente que lo haya hecho aquellas letras santas. Así pues cuando decimos día del juicio de Dios, añadimos último o novísimo, lo que indica que también ahora juzga y que desde el principio del tiempo juzgó» (San Agustín De Civitate Dei lib. XX, cap. 1, núm. 2).

Y lo que sobre ello viene en la propia Biblia:

"Mas no olvidéis una cosa, queridos míos, que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día".
(II Pe 3,8)

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Una cosa es decir que Jesucristo, en su Segunda Venida, vendrá a la vista de todos a reinar no visiblemente, aunque con una presencia eficaz, como correctamente debe afirmarse, porque está por Él anunciado, y otra cosa muy distinta e incorrecta es decir que Jesucristo, en su Segunda Venida, vendrá a reinar visiblemente, con una presencia visible. Negar que Jesucristo, en su Segunda Venida, vendrá a la vista de todos no es compatible con la oración litúrgica de la Iglesia, ni con los textos de la sagrada Escritura.

Jesús, el Verbo hecho carne, vendrá en su segunda venida gloriosa con su cuerpo glorioso, como en los días posteriores a su gloriosa Resurrección hasta su admirable Ascensión, en los que no era visible ordinariamente para los humanos viadores y sólo cuando Él quería se hacía ver.

Hay un Decreto de 1944 de la Congregación del Santo Oficio [hoy Dicasterio de la Doctrina de la Fe], aprobado y confirmado por el Papa Pío XII en el que se establece que el sistema del milenarismo mitigado no puede ser enseñado con seguridad; y define el sistema del milenarismo mitigado que descalifica diciendo que es el que enseña que Cristo nuestro Señor, antes del juicio final, visibiliter in hanc terram regnandi causa esse venturum.

El Decreto publicado en AAS [Acta Apostolicae Sedis] está en latín. No se ha publicado en AAS ninguna traducción.

Texto original del decreto en latín publicado en AAS [http://www.vatican.va/archive/aas/documents/AAS-36-1944-ocr.pdf, pág. 212]:

ACTA SS. CONGREGATIONUM
SUPREMA SACRA CONGREGATIO S. OFFICII DECRETUM
Postremis hisce temporibus non semel ab hac Suprema S. Congregatione S. Officii quaesitum est, quid sentiendum de systemate Millenarismi mitigati, docentis scilicet Christum Dominum ante finale iudicium, sive praevia sive non praevia plurium iustorum resurrectione, visibiliter in hanc terram regnandi causa esse venturum. Re igitur examini subiecta in conventu plenario feriae IV, diei 19 Iulii 1944, Emi ac Revmi Domini Cardinales, rebus fidei et morum tutandis praepositi, praehabito RR. Consultorum voto, respondendum decreverunt, systema Millenarismi mitigati tuto doceri non posse.
Et sequenti feria V, die 20 eiusdem mensis et anni, Ssñius D. N, Pius divina Providentia Papa XII, in solita audientia Excmo. ac Revmo. D. Adsessori S. Officii impertita, hanc Emorum Patrum responsionem approbavit, confirmavit ac publici iuris fieri iussit.
Datum Romae, ex Aedibus S. Officii, die 21 Iulii 1944.
I. Pepe, Supremae S. Congr. S. Officii Notarius.
[AAS 36 (1944) 212. DS 3839 en latín].
[Texto publicado en AAS
http://www.vatican.va/archive/aas/documents/AAS-36-1944-ocr.pdf, pág. 212]:

Fue el texto original en latín de este decreto lo que se publicó en Acta Apostolici Sedis, no las traducciones a los idiomas modernos.

El Decreto de 1944 está resumido en forma de dubia resuelta ejecutivamente por el Santo Oficio con las siguientes palabras, en las que también define el sistema del milenarismo mitigado que descalifica, diciendo que es el que enseña que Cristo nuestro Señor, antes del juicio final, visibiliter in hanc terram regnandi causa esse venturum [cuya traducción literal es: visiblemente a reinar en esta tierra vendrá]:

Decr. S. officii, sub Pie XII, 19. (21.) juillet 1944
Denzinger Ds 3839 Dz 2296 Qu.: Quid sentiendum de systemate Millenarismi mitigati, docentis scilicet Christum Dominum ante finale iudicium, sive praevia sive non praevia plurium iustorum resurrectione, visibiliter in hanc terram regnandi causa esse venturum. Resp. (cfirm. a S. P'ce 20. Iul.): Systema Millenarismi mitigati tuto doceri non posse.
http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/it/fpd.htm

El original en latín de este último texto es lo que recoge el Denzinger con el nº 3839 en la edición a cargo de Schönmetzer (de ahí la S de la referencia, DS, de las ediciones del Denzinger en latín) y con el nº 2296 en las ediciones anteriores del Denzinger.

Este texto en latín se entiende correctamente si se piensa que lo que rechaza como milenarismo mitigado es que se enseñe que Cristo nuestro Señor vendrá a reinar visiblemente, porque esto sería reducir a Cristo a ser un mero califa. Pero las traducciones del Denzinger a las lenguas modernas atribuyen al verbo "ha de venir" [esse venturum] el adverbio "visiblemente" [visibiliter] con lo cual atribuyen a la Iglesia rechazar las palabras de Jesús, el Verbo hecho carne, las palabras de todas las profecías de la Sagrada Escritura y las de la oración litúrgica de la Iglesia y no el milenarismo mitigado.

También se entiende correctamente el texto original en latín, que es el promulgado, si se piensa que rechaza que se enseñe que la venida de Cristo será anterior a la anunciada por los profetas y proclamada en el Credo «a juzgar a los vivos y a los muertos», porque sería atribuir al Señor tres advenimientos, y el reinado así intercalado no sería el que en el Credo se proclama que no tendrá fin, porque continuará en el cielo. En definitiva, hay dos venidas del Señor y no tres (Cfr. Fco. Canals: La doctrina escatológica del Vaticano II en el Catecismo de la Iglesia católica, CRISTIANDAD, abril-junio 1993).

Traducciones a lenguas modernas que aparecen en las versiones traducidas del Denzinger:

DS 3839 Dz 2296 «En estos últimos tiempos se ha preguntado más de una vez a esta Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio qué haya de sentirse acerca del sistema del milenarismo mitigado, a saber, del que enseña que Cristo Señor, antes del juicio fmal - previa o no previa una resurrección de muchos justos- ha de venir visiblemente a la tierra para reinar».
«Respuesta: El sistema del milenarismo, aún mitigado, no puede ser enseñado guardando la seguridad de la doctrina».

DS3839 Dz 2296 In recent times on several occasions this Supreme Sacred Congregation of the Holy Office has been asked what must be thought of the system of mitigated Millenarianism, which teaches, for example, that Christ the Lord before the final judgment, whether or not preceded by the resurrection of the many just, will come visibly to rule over this world.
The answer is: The system of mitigated Millenarianism cannot be taught safely.

DS 3839 Dz 2296
Question: Que faut-il penser du système du millénarisme mitigé qui enseigne qu'avant le jugement dernier, précédé ou non de la résurrection de plusieurs justes, le Christ notre Seigneur viendra visiblement sur notre terre pour y régner?
Réponse (confirmée par le souverain pontife le 20 juillet): Le système du millénarisme mitigué ne peut pas être enseigné de façon sûre.

Estas traducciones no son compatibles con lo que dice Jesús en el Evangelio, ni con lo que revelan muchos otros textos de las Sagradas Escrituras, ni con la oración litúrgica de la Iglesia.

Son traducciones no publicadas en ASS, ni promulgadas por la Santa Sede, que atribuyen al verbo "ha de venir" el adverbio "visiblemente" [visibiliter] en vez de atribuirlo al otro verbo, "reinar". Atribuyen visibiliter a esse venturum en vez de atribuirlo a regnandi causa, lo que es imprescindible. Pero no están publicadas en AAS estas traducciones. Lo que está vedado es atribuir el adverbio visiblemente a reinar y no a venir. Decir que está proscrito atribuir visiblemente a venir, no es compatible con la Sagrada Escritura, ni con la oración litúrgica de la Iglesia, donde se afirma que Nuestro Señor Jesucristo ha de venir visiblemente en su segunda venida o Parusía

Una traducción literal del Decreto de 1944 que respeta lo que dice la Sagrada Escritura y la oración litúrgica de la Iglesia, y que rechaza el milenarismo mitigado sería, por ejemplo:

En estos últimos tiempos se ha preguntado más de una vez a esta Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio qué hay que sentir del sistema del milenarismo mitigado, es decir, del que enseña que Cristo Señor, antes del juicio final, previa o no la resurrección de muchos justos, ha de venir para reinar visiblemente en esta tierra.
Examinado el asunto en cuestión en la reunión plenaria de la feria IV, día 19 de julio de 1944, los Eminentísimos y Reverendísimos Señores Cardenales, encargados del cuidado de las materias de fe y de moral, previo voto de los Reverendos Consultores, decretaron respondiendo, el sistema del Milenarismo mitigado no puede enseñarse con seguridad.
Y en la siguiente feria V, del dia 20 del mismo mes y año, Su Santidad N. S., por la divina Providencia, el Papa Pío XII, aprobó esta respuesta de los Eminentísimos Padres en audiencia ordinaria concedida al Reverendísimo Señor asesor del Santo Oficio, la confirmó y la mandó publicar conforme a derecho.
Dado en Roma en la Sede del Santo Oficio, el día 21 de julio de 1944.
I. Pepe, Notario de la Sagrada Congrgación Suprema del santo Oficio.
[Decreto del Santo Oficio, de 21 de julio de 1944. AAS 36 (1944) 212. DS 3839 en latín].

Una traducción de la dubia que respeta lo que dice la Sagrada Escritura y la oración litúrgica de la Iglesia, y que rechaza el milenarismo mitigado, sería por ejemplo:

Pregunta: ¿Qué hay que sentir del sistema del Milenarismo mitigado, es decir, del que enseña que Cristo Señor, antes del juicio final, previa o no la resurrección de muchos justos, ha de venir para reinar visiblemente en esta tierra.
Respuesta: el sistema del Milenarismo mitigado no puede enseñarse con seguridad".

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Está doblemente mal traducido el nº DS 3839 del Denzinger en las traducciones a las lenguas modernas que circulan, pero que no han sido promulgadas. Por una parte porque lo que afirma que está condenado como milenarismo mitigado son profecías reveladas en múltiples pasajes de la Sagrada Escritura, proclamado en la oración litúrgica de la Iglesia y anunciado por el mismo Jesucristo Nuestro Señor en el Evangelio, que Él vendrá visiblemente a reinar [de manera no visible] en la tierra. Y por otra parte, dichas traducciones, dejan sin condenar la afirmación crasamente herética y absurda de que Jesucristo Nuestro Señor vendrá a reinar visiblemente. Esas traducciones erróneas no están promulgadas por la Santa Sede, que lo que ha promulgado es el texto original en latín sin traducir. Atribuir a la Iglesia dejar sin condenar una herejía es un error muy grave; y todavía es mucho peor el error de atribuir a la Iglesia condenar las palabras de las profecías reveladas en la Sagrada Escritura, condenar el contenido de la oración litúrgica de la propia Iglesia y condenar lo anunciado por Jesucristo Nuestro Señor. Esto último es en su materia un pecado contra el Espíritu Santo.

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Lo decretado y publicado en AAS en 1944 está en latín como se copia arriba. La traducción en la versión española y en las otras lenguas modernas del nº3839 del Denzinger DS, que no es lo decretado ni lo promulgado, proscribe que se diga que Jesús vendrá visiblemente, como Él mismo anunció, en vez de proscribir que se enseñe que Él reinará visiblemente; y eso es como mínimo un enorme malentendido. Que Jesús, el Verbo hecho carne, ha anunciado que en su segunda venida gloriosa "le verán" es la Sagrada Escritura, es el Evangelio, y no milenarismo.

Las traducciones no promulgadas a las lenguas modernas del decreto promulgado y publicado en latín por la Santa Sede en 1944 sobre el milenarismo mitigado tienen dos graves carencias. Por una parte proscriben que se enseñe que Jesús, el Verbo hecho carne, vendrá visiblemente en su Parusía o segunda venida gloriosa, lo cual es incompatible con lo que dice Jesús en el Evangelio y proclaman muchas otras partes de las Sagradas Escrituras y la oración litúrgica de la Iglesia. Y por otro lado, dejan de proscribir que se enseñe que Jesús reinará visiblemente, lo cual no sólo no puede enseñarse con seguridad, sino que es herético, al decir de Canals y de Orlandis, y reduce a Jesús, el Verbo hecho carne, a un mero califa. Y estas dos graves deficiencias las atribuyen a la Iglesia, siendo así que son falsificaciones de la doctrina de la Iglesia, "haciendo pseudomilagros con el hipérbaton"; mediante el cual, para empezar, en el original en latín, dejan en la ambigüedad lo que en la Sagrada Escritura está muy claro; para posteriormente, mediante las traducciones, dar el cambiazo los que se oponen a que "reine en esta tierra" Jesús, el Verbo hecho carne. Pero al final no les servirá de nada. Él, como ha anunciado, reinará de forma eficaz aunque no visible en todas las almas y en todas las naciones, eliminando para empezar el imperio anticristiano con el esplendor de su segunda venida gloriosa en gloria y majestad. Esas traducciones a las lenguas modernas, doblemente erróneas, aparecen en el número 3839 DS del Denzinger traducido a dichas lenguas y no han sido promulgadas por la Santa Sede. Lo publicado en ASS son los textos en latín, no erróneos, pero con la demasía de la ambigüedad mediante el hipérbaton.

Enseña Canals que es herético sostener que la presencia de Cristo en su reinado en la tierra es visible:

«El milenarismo carnal, condenado incluso bajo su forma mitigada, es herético si se entendiera que el Reino de Cristo en la tierra coincide con una presencia «visible» de Cristo reinando, no en cuerpo glorioso, sino en una «corporeidad visible empíricamente». (Francisco Canals, Mis recuerdos del padre Orlandis. Acerca de su "milenarismo", Cristiandad, Barcelona, núm. 815, 1999).

"El Padre Orlandis entendía que el milenarismo prohibido, incluso en su forma mitigada por el decreto del Santo Oficio de 21 de julio de 1944, hubiera podido ser condenado formalmente como herético. Porque el milenarismo propiamente dicho entendía la segunda venida y el Reino de Cristo en la tierra en la perspectiva de la «visibilidad» del Rey, es decir, interpretando la segunda venida como una vuelta triunfante del Señor a estar visiblemente presente en el mundo: no en cuerpo glorioso, como consta por las Sagradas Escrituras que estuvo en los días desde la resurrección a la ascensión a los cielos, sino con una corporeidad visible empíricamente, del mismo tipo que la que quiso tener desde su nacimiento a su muerte en la cruz.
Con esta «visibilidad» del Rey estaba conexa en el pensamiento de los antiguos milenaristas -«herederos del error judío» según San Jerónimo, y «que rechazaban el vino celeste y no querían ser sino agua secular», según San Ireneo-,
una comprensión del Reino en el horizonte terreno y mundano que llevó a los dirigentes del pueblo judío al desconocimiento de la salvación que traía a este mundo el Hijo de Dios encarnado.
Fco. Canals,
Mis recuerdos del padre Orlandis. Acerca de su milenarismo, CRISTIANDAD, mayo-junio de 1999.

La Ascensión y la Parusía gloriosa de Jesús, el Verbo hecho carne, a la vista de todos.

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Jesús, el Verbo hecho carne, haciéndose ver en el esplendor de su advenimiento, como cuerpo glorioso, no visible más que cuando Él quiere, eliminará el reino del Anticristo:

Se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida.
(2Tes 2,8).

Se revelará la gloria de Yahveh, y toda criatura a una la verá. Pues la boca de Yahveh ha hablado. (Is 40,5)

La manifestación gloriosa de Jesucristo en su Parusía quitará por su base el poder anticristiano al evidenciar que no ha lugar al ateísmo, que es la base del poder anticristiano, que impone vivir como si Dios no existiera. Y quedará así arruinado el reinado del colectivo anticristiano por la manifestación de la segunda venida de Jesucristo.

Jesús, el Verbo hecho carne, vendrá en su segunda venida gloriosa con su cuerpo glorioso, como en los días posteriores a su gloriosa Resurrección hasta su admirable Ascensión, en los que no era visible ordinariamente para los humanos viadores y sólo cuando Él quería se hacía ver.

«Contemplen... a Cristo presente en su Iglesia no con la presencia corporal y visible que soñaron los milenarios».
(
«R. Orlandis S. I.: «Sobre la actualidad de la idea de Cristo Rey». CRISTIANDAD, núm. 39 (1-11-1945), págs. 465-468).

Una cosa es que en el reinado social de Jesús, el Verbo hecho carne, Él no reinará visiblemente y otra cosa es que su venida gloriosa para iniciar ese reinado Él quiere que sea visible, como ha querido anunciarlo en el evangelio y en otros muchos lugares de la Sagrada Escritura.

La segunda venida de Jesús, el Verbo hecho carne, tampoco es visible de suyo para los humanos, es como cuerpo glorioso, no visible más que cuando Él quiere, (como después de su Resurrección y hasta su Ascensión). Será visible porque Él quiere y porque así lo ha hecho saber de antemano.

Tampoco vendrá Jesucristo a reinar antes del juicio, sino que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos, como proclama el Credo; y su reino no tendrá fin, como también proclama. Su segunda venida inicia el juicio o reinado, porque reinar es juzgar: la potestad de juzgar es potestad regia.

Y es lo que el mismo Jesús, el Verbo hecho carne, nos enseñó a pedir en el padrenuestro, no en vano:

«Venga a nosotros tu reino». [Lema del Apostolado de la Oración: «Adveniat Regnum Tuum»]
«Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo».
(Mateo 6, 10)

[Algunos lamentablemente omiten esto, «Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo», como si fuese milenarismo, y "proclaman" venerar el reino de Dios en el cielo, con lo que su padrenuestro dice hágase tu voluntad en el cielo como en el cielo. ¿Y en la tierra qué?, ¿que manden los que quieren vivir según el hombre y que todo el mundo viva así, como quiere Satanás?, ¿vivir como si Dios no existiera, esclavizados por este sistema políticamente correcto iniciado por el liberalismo e intensificado con lo que ha venido después? ¿Vivir sin remisión sometidos así al imperio de Satanás?].

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En el padrenuestro, Jesús, el Verbo hecho carne, nos enseñó a pedirle a Dios Padre, entre otras cosas, "venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo". En ambas peticiones, pedimos vivir y obrar según la voluntad de Dios, que es nuestro máximo bien, el máximo designio divino para con nosotros y lo que más desea Jesús con su corazón de hombre que aceptemos como un retorno de amor receptivo nuestro a su amor donante.
En la primera, "venga a nosotros tu reino", le pedimos al propio Dios, cumplir ya siempre la voluntad divina, le pedimos que nos conceda someternos definitivamente de forma efectiva a la voluntad divina en nuestra propia persona, ya; en la presente situación, anterior a la Parusía, en la que cada vez más se impone generalizadamente vivir como si Dios no existiera; se impone generalizadamente, masivamente, en nombre de todo el colectivo humano, ante el cual, cada uno de sus miembros somos cada vez más ninguneados. Y aun así pedimos vivir según Dios cada uno, le pedimos que reine en uno mismo. Y lo pedimos en plural. Pedimos que todos y cada uno vivamos y obremos según Dios. No según el cada vez más enorme colectivo fáctico anticristiano. La otra petición, "hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo" es que reine Dios en todas las naciones, en el colectivo humano mundial. El reino de Dios. Además en la tierra. En el cielo no hay naciones. Pero es que además pedimos explícitamente el Reino de Dios en la tierra. Así nos lo enseñó Jesús. Y lo pedimos no en vano. Se hará. Está concedido. Se realizará cuando Dios quiera. En cualquier momento desde la Ascensión, puede ser ya. Y será , como está prometido y anunciado, por intervención divina en el momento peor y de mayor ninguneamiento persecutorio anticristiano.

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No es lo mismo que lo que aparece rechazado en el Catecismo de la Iglesia Católica de 1992, nº 676, sino muy diferente:

Esta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en el mundo cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la historia, lo cual no puede alcanzarse sino más allá del tiempo histórico a través del juicio escatológico: incluso en su forma mitigada, la Iglesia ha rechazado esta falsificación del Reino futuro con el nombre de milenarismo (cf. DS 3839), sobre todo bajo la forma política de un mesianismo secularizado, "intrínsecamente perverso" (cf. Pío XI, "Divini Redemptoris" que condena el "falso misticismo" de esta "falsificación de la redención de los humildes"; GS 20-21).

Este nº 676 del Catecismo de la Iglesia Católica de 1992 trae dos notas a pie de página: en una pone la referencia del Decreto de 1944 del Santo Oficio sobre el milenarismo reproducido de forma abreviada de dubia respondida ejecutivamente en el nº 3839 del Denzinger DS, cuya versión original en latín, la única aprobada, define el sistema del milenarismo mitigado, que proscribe, diciendo que es el que enseña que Cristo nuestro Señor antes del juicio final visibiliter in hanc terram regnandi causa esse venturum.
No proscribe enseñar que Cristo Señor, antes del juicio final -previa o no previa una resurrección de muchos justos- ha de venir visiblemente a la tierra para reinar». Esto no ha sido publicado en
AAS [http://www.vatican.va/archive/aas/documents/AAS-36-1944-ocr.pdf, pág. 212]

En la otra nota dice:

"Cf. Pío XI, Carta Enc. Divini Redemptoris (19 de marzo de 1937): AAS 29 (1937) 65 - 106 «condenando los errores presentados bajo un falso sentido místico», «de esta especie de falseada redención de los más humildes» (p. 69); Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, 20-21: AAS 58 (1966) 1040-1042. (Catecismo de la Iglesia Católica. Nueva edición conforme al texto latino oficial. Edición española de la Asociación de editores del Catecismo. 1999).

Lo condenado por Pío XI en la encíclica Divini Redemptoris, nº 60 como "intrínsecamente perverso" es el comunismo, llamado en el nº 676 del Catecismo de la Iglesia Católica de 1992, "mesianismo secularizado", rechazado por la Iglesia como principal falsificación del Reino futuro y aquí, en este Catecismo, y en el Concilio Vaticano II (GS 20-21) como "falso misticismo" y "falsificación de la redención de los humildes".

Lo cual es todo lo contrario, como secularizado, del sobrenaturalizado reino de Dios en la tierra como en el cielo, el reino anunciado por Jesús, el Verbo hecho carne, en el Evangelio y mandado anunciar por Él; anunciado por los apóstoles y por sus sucesores en la Iglesia; prometido por Dios en la profecías del Antiguo Testamento y del Nuevo, recordadas y reafirmadas por el Concilio Vaticano II (Nostra Aetae, 4) como firme esperanza de la Iglesia.

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Jesús, el Verbo hecho carne, destruirá el imperio de Satanás, liberará a la entera familia humana y la llevará a su consumación, como declaró el Concilio Vaticano II:

«Tiene pues, ante sí la Iglesia al mundo, esto es, la entera familia humana con el conjunto universal de las realidades entre las que ésta vive; el mundo, teatro de la historia humana, con sus afanes, fracasos y victorias; el mundo, que los cristianos creen fundado y conservado por el amor del Creador, esclavizado bajo la servidumbre del pecado, pero liberado por Cristo, crucificado y resucitado, roto el poder del demonio, para que el mundo se transforme según el propósito divino y llegue a su consumación».
(Conc. Vat. II, Gaudium et Spes, 2).

Y se edificará así la civilización del amor, como proclamaron los papas san Juan Pablo II, Benedicto XVI y san Pablo VI, que fue el primero que proclamó, ya en 1970, esta civilización.

La civilización del amor es el reinado social en la tierra del Sagrado Corazón de Jesucristo, es la civilización cristiana, la ciudad católica
El primero que introdujo esta expresión "Civilización del amor" fue el papa san Pablo VI en 1970, el que la desarrolló fue el papa san Juan Pablo II

La expresión “civilización del amor” fue empleada por primera vez por el papa san Pablo VI en Pentecostés de 1970, en el 50 aniversario de su ordenación sacerdotal:

"Pentecostés es del mismo modo un acontecimiento que interesa también al mundo profano. Brota de él una nueva sociología, la penetrada de los valores del espíritu, ...la que tiene el sentido de la dignidad de la persona humana, ...la que especialmente tiende resueltamente a superar las divisiones... y a hacer de la humanidad una sola familia de hijos de Dios... Lo que Pentecostés inauguró es la civilización del amor y de la paz" (San Pablo VI, Alocución en el rezo del Regina Coeli el 17.05.1970, Domingo de Pentecostés).

Ese mismo día, el papa san Pablo VI hizo equivalente la expresión, “civilización del amor” y la expresión “civilización cristiana”:

"Pentecostés es la inauguración de la civilización cristiana" (Homilía del papa san Pablo VI el domingo de Pentecostés, 17 de mayo de 1970, en el 50 aniversario de su ordenación sacerdotal).
http://www.vatican.va/holy_father/paul_vi/homilies/1970/documents/hf_p-vi_hom_19700517_it.html

Desarrollaron el concepto "civilización del amor" los papas san Juan Pablo II y Benedicto XVI:

"Sobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia, podrá levantarse la civilización del Amor, el Reino del Corazón de Cristo"
(San Juan Pablo II, 5.10.1986. Carta al General de la Compañía de Jesús. Insegnamenti, vol. IX/2, 1986, p. 843)

"Sobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia podrá edificarse la civilización del Corazón de Cristo"
(Benedicto XVI, 15.05.2006, Carta sobre el culto al Corazón de Jesús, repitiendo las palabras de san Juan Pablo II de 5.10.1986, Insegnamenti, vol. IX/2, 1986, p. 843).

"La civilización del amor debe ser el verdadero punto de llegada de la historia humana"
(San Juan Pablo II, 3.11.1991. Homilía en la Parroquia de San Romualdo de Roma. L'Oss. 21.11.91).

Como se ve, emplean estos papas las expresiones que aparecen en las revelaciones de Jesús a santa Margarita María Alacoque de que Él establecerá su reino consumado en la tierra sobre las ruinas del imperio de Satanás, y coinciden con lo declarado por el Concilio Vaticano II:

«Tiene pues, ante sí la Iglesia al mundo, esto es, la entera familia humana con el conjunto universal de las realidades entre las que ésta vive; el mundo, teatro de la historia humana, con sus afanes, fracasos y victorias; el mundo, que los cristianos creen fundado y conservado por el amor del Creador, esclavizado bajo la servidumbre del pecado, pero liberado por Cristo, crucificado y resucitado, roto el poder del demonio, para que el mundo se transforme según el propósito divino y llegue a su consumación».
(Conc. Vat. II, Gaudium et Spes, 2).

El reinado del laicismo, impuesto por el liberalismo y radicalizado por lo que ha venido después, se terminará cuando, arruinado ese reinado anticristiano por la Parusía, la segunda venida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo a la vista de todos; y, mediante la extraordinaria efusión de gracia que Jesús, el Verbo hecho carne, iniciará con Su Parusía, generalizada la devoción a su Sagrado Corazón, todos crean que Jesucristo es Dios y obren en consecuencia, también en la vida política, lo cual se producirá con toda seguridad, como fue anunciado por el Concilio Vaticano II:

"La Iglesia, juntamente con los profetas y con el mismo Apóstol, espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con voz unánime y le servirán hombro con hombro" (Nostra aetate, 4).

Lo que es proclamar la esperanza cierta y segura de la futura catolicidad consecuente de todos los pueblos, con los judíos a la cabeza de los creyentes en Jesucristo; la Cristiandad futura; la futura unidad católica mundial, no por exclusión legal de la libertad religiosa, sino cimentada en la aceptación voluntaria del reinado del Sagrado Corazón de Jesús en todos los corazones movidos por Su gracia divina, la extraordinaria efusión de gracia que Jesús, el Verbo hecho carne, iniciará con Su Parusía, Su segunda venida gloriosa con la que, al evidenciar Su existencia, eliminará el poder anticristiano que, cada vez más, impone vivir como si Dios no existiera.

Bien entendido que es Dios el que concede a todos invocarle y servirle:

«Volveré puro el labio de los pueblos, para que invoquen todos el nombre de Yahveh, y le sirvan bajo un mismo yugo».
(So 3,9).

Esta catolicidad de todos los pueblos y de su organización política regional, nacional y mundial será posible con los medios que aporta la Iglesia, y la aceptación de estos medios, en particular la autoridad de la Iglesia en materias morales como infalible, que es lo que define a los Estados confesionales.

El Concilio Vaticano II enseña que forma parte de la misión de la Iglesia "declarar y confirmar con su autoridad los principios de orden moral que fluyen de la misma naturaleza humana" (Dignitatis humanae, 14).

De lo que se trata es de "la coherencia entre fe y vida, entre evangelio y cultura, recordada por el Concilio Vaticano II". Ser católicos y obrar en consecuencia, en la esfera privada y en la pública, individual y colectivamente, cada persona y todas las naciones, la sociedad entera.

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Jesucristo anunció el reino de Dios y efectivamente vino el reino de Dios que es su Iglesia, nuestra Santa Madre Iglesia Católica Jerárquica, como la denominaba san Ignacio de Loyola, y la Iglesia del siglo XXI celebra la fiesta solemne de Cristo Rey (leer más)

.La Parusía de Jesús, el Verbo hecho carne, Su segunda venida gloriosa,
con la que haciéndose ver en su esplendor como cuerpo glorioso,
no visible más que cuando Él quiere, al evidenciar Su existencia,
eliminará el poder anticristiano, que impone vivir como si Dios no existiera

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Jesús, el Verbo hecho carne, le encargó a santa Faustina dar algunos detalles sobre Su discurso escatológico del evangelio

 En el contexto de la revelación pública, como la de los capítulos 13 y 25 del Evangelio de San Mateo, enseñado por el Magisterio de la Iglesia, se puede situar lo que Jesús, Nuestro Señor encargó transmitir a santa Faustina:

"Prepararás al mundo para Mi última venida". (Diario 429)

"Habla al mundo de mi Misericordia….Es señal de los últimos tiempos después de ella vendrá el día de la justicia. Todavía queda tiempo; que recurran, pues, a la Fuente de Mi Misericordia". (Diario 848)

"Habla a las almas de esta gran misericordia Mía, porque está cercano el día terrible, el día de Mi justicia". (Diario 965)

"Estoy prolongándoles el tiempo de la misericordia, pero ay de ellos si no reconocen este tiempo de Mi visita". (Diario 1160)

"Antes del Día de la justicia envío el día de la misericordia". (Diario 1588)

"Quien no quiera pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia". (Diario 1146)

En la imagen encargada por Jesús, Nuestro Señor en 1931 a santa Faustina a la que se denomina "Fuente de la Misericordia", “El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas (…). Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos” (Diario, 299).