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El doble exkatejon en vano lleva espada

Hay dos espadas:

Los poderes eclesiásticos tienen la autoridad religiosa.

Las autoridades políticas tienen la espada secular.

Las dos espadas en vano se llevan en esta época.

No se ejerce la autoridad, ni se usa el poder, la espada.

Prohibido prohibir, consigna desde mayo del 68 en París inclusive.

Si se usa el poder, la espada, si se ejerce la autoridad contra izquierdistas, se desencadena la represión a la autoridad mediante la agresión del victimismo. Y los escraches.

La sentencia del prusés ha ido seguida de manifestaciones gigantescas y disturbios ultravandálicos exigiendo la impunidad.

La sentencia a los agresores de Alsasua también ha ido seguida de manifestaciones gigantescas exigiendo la impunidad.

Los semiarrianos procuraban estar en regla con el credo para que no les pudieran tachar de arrianos, pero se oponían a rajatabla a los antiarrianos y los combatían intransigentemente.

A los anticomunistas había que combatirlos y rechazarlos, según la gran burguesía y los que aspiraban a ella.

Combatir al katejon por todas partes es lo que cada vez más impera.

Ante la persecución comunista, hinduista e islámica, la consigna desde lo más alto es dialogar.

En el discurso inaugural del Concilio, san Juan XXIII dijo que en estos tiempos la Iglesia no iba a condenar errores:

«Al iniciarse el Concilio Ecuménico Vaticano II, es evidente como nunca que la verdad del Señor permanece para siempre. Vemos... cómo los errores, luego de nacer, se desvanecen como la niebla ante el sol. Siempre la Iglesia se opuso a estos errores. Frecuentemente los condenó con la mayor severidad. En nuestro tiempo, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más que la de la severidad. Ella quiere venir al encuentro de las necesidades actuales, mostrando la validez de su doctrina más bien que renovando condenas... La Iglesia Católica, al elevar por medio de este Concilio Ecuménico la antorcha de la verdad religiosa, quiere mostrarse madre amable de todos, benigna, paciente, llena de misericordia y de bondad para con los hijos separados de ella».

«Ineunte Concilio Oecumenico Vaticano Secundo, manifesto ut alias numquam patet, veritatem Domini in aeternum manere. Siquidem, dum aetas aetati succedit, incertas cernimus hominum opinationes alias alias excipere, atque enascentes errores saepe cito velut nebulam sole depulsam evanescere. Quibus erroribus Ecclesia nullo non tempore obstitit, eos saepe etiam damnavit, et quidem severitate firmissima. Ad praesens tempus quod attinet, Christi Sponsae placet misericordiae medicinam adhibere, potius quam severitatis arma suscipere; magis quam damnando, suae doctrinae vim uberius explicando putat hodiernis necessitatibus esse consulendum... Catholica Ecclesia, dum per Oecumenicum hoc Concilium religiosae veritatis facem attollit, amantissimam omnium matrem se vult praebere, benignam, patientem, atque erga filios a se seiunctos misericordia ac bonitate».
(Juan XXIII:
Discurso en la solemne apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II. 11 de octubre de 1962).

Por eso se le llamó el Papa bueno. Como hay de nombre, poli malo y poli bueno. Pero estos no son permisivos, ninguno de los dos; en los interrogatorios, es más peligroso para los interrogados el "poli bueno".

Pero no es lo mismo el Papa "bueno" que el "poli bueno". Si hay dos papas al mismo tiempo, es un cisma. Y un Papa permisivo o un obispo permisivo es el que no cumple con su ministerio de vigilar y, en su caso, reprimir:

"Guardar silencio no es ya decoroso, si no queremos aparecer infieles al más sacrosanto de nuestros deberes, y si la bondad de que hasta aquí hemos hecho uso, con esperanza de enmienda, no ha de ser censurada ya como un olvido de nuestro ministerio... Se trata de la religión católica y de su seguridad. Basta, pues, de silencio; prolongarlo sería un crimen". (San Pío X, Pascendi. 1907).

San Pío X era un Papa santo y un buen Papa.

Hace unos años, en una fase preparatoria del prusés, aparecieron en Cataluña ciertos contenidos indebidos en Hojas Dominicales. Cuando la polémica finalizaba, una nota de algunos obispados de Cataluña decía que, sobre esas hojas dominicales, "los obispos tienen la autoridad, pero no la ejercen".

Este es el problema que alimenta el misterio de anomía o de transgresión. Ahí fue expresado el problema:

Tienen la autoridad, pero no la ejercen. Aunque fue una expresión parcial. Omitía un sobreentendido. Algo que se da por sabido. Pero es muy necesario hacerlo explícito:

En realidad, no la ejercen contra las desviaciones a la izquierda.

Así pues:

Los poderes eclesiásticos tienen la autoridad, pero muchos no la ejercen contra las desviaciones a la izquierda, progres, heterodoxas, etecé...

Las autoridades políticas tienen la espada secular pero generalizadamente no la ejercen contra las transgresiones izquierdistas.

Perros mudos.

Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas.
De modo que, quien se opone a la autoridad, se rebela contra el orden divino, y los rebeldes se atraerán sobre sí mismos la condenación.
En efecto, los magistrados no son de temer cuando se obra el bien, sino cuando se obra el mal. ¿Quieres no temer la autoridad? Obra el bien, y obtendrás de ella elogios,
pues es para ti un servidor de Dios para el bien. Pero, si obras el mal, teme: pues no en vano lleva espada: pues es un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra el mal.
Por tanto, es preciso someterse, no sólo por temor al castigo, sino también en conciencia.
(Rom 13,1-5)

Sus vigías son ciegos, ninguno sabe nada; todos son perros mudos, no pueden ladrar; ven visiones, se acuestan, amigos de dormir.
Son perros voraces, no conocen hartura, y ni los pastores saben entender. Cada uno sigue su propio camino cada cual, hasta el último, busca su provecho
«Venid, voy a sacar vino y nos emborracharemos de licor, que el día de mañana será como el de hoy, o muchísimo mejor».
(Is 56, 10-12).