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La fiesta solemne del Sagrado Corazón de Jesús, el Verbo hecho carne

La fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, el Verbo hecho carne es la fiesta que pidió Él que se estableciera en la Iglesia. Lo pidió encargándole a Santa Margarita María Alacoque que lo pidiera. Costó más de 200 años que se estableciera. Y lo raro fue que se hiciera.

Se concede indulgencia plenaria al fiel cristiano que, en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, rece públicamente el siguiente acto de reparación; en cualquier otra circunstancia la indulgencia será parcial:
[Concesión 26 del Enchiridion Indulgentiarum de 1986 y del de 1968; Concesión 3 del Enchiridion Indulgentiarum de 1999].

Jesús dulcísimo (Acto de reparación)
Jesús dulcísimo, cuya caridad derramada sobre los hombres es correspondida ingratamente con tanto olvido, negligencia, desprecio; nosotros, arrodillados en tu presencia, queremos resarcir con especial reverencia tan abominable desidia e injurias con que los hombres afligen en todas partes tu amantísimo Corazón.

Sin embargo, recordando que también nosotros más de una vez hemos sido culpables de tan gran indignidad, e intensamente arrepentidos por ello, imploramos en primer lugar tu misericordia a favor nuestrodispuestos a compensar con voluntaria expiación no sólo las infamias cometidas por nosotros, sino también las de aquellos que, , apartándose totalmente del camino de la salvaciónrehúsan seguirte como pastor y guía, obstinados en su infidelidad o, conculcando las promesas del bautismo, , han sacudido el suavísimo yugo de tu ley.

Queremos expiar todos estos deplorables delitos y resarcir cada uno de ellos: la inmodestia y deshonestidad en la conducta y en el vestir, tantos lazos de corrupción preparados para las almas inocenteslos días de fiesta profanados, las maldiciones proferidas contra ti y tus santos, las injurias contra tu vicario y el orden sacerdotal, , y el mismo sacramento del amor divino olvidado o profanado con horrendos sacrilegios, y finalmente los delitos de las naciones que se oponen a las leyes y al magisterio de la Iglesia que tú fundaste.

¡Ojalá pudiéramos lavar estos pecados con nuestra propia sangre! Entretanto, para resarcir el honor divino profanado, te ofrecemos la satisfacción que tú en otro tiempo ofreciste al Padre en la cruz y que renuevas continuamente en el altar, junto con la expiación de la Virgen María, de todos los santos y de todos los fieles piadososprometiendo de corazón compensar, en cuanto nos sea posible, y con la ayuda de tu gracia, los pecados pretéritos, nuestros y de los demás, , y tanta falta de amorcon una observancia perfecta de la ley evangélica, sobre todo de la caridad, impedir con todas las fuerzas las injurias contra ti, , con una fe firme, con una conducta inmaculada, e incitar a cuantos podamos a tu seguimientopor intercesión de la Virgen María Reparadora, . Acepta, benignísimo Jesús, la ofrenda voluntaria de esta expiación y haz que nos mantengamos con toda fidelidad en tu obediencia y servicio hasta la muerteotorgándonos el gran don de la perseverancia, , para que todos lleguemos finalmente a aquella patria donde tú, con el Padre y el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

La Iglesia de la época del Concilio Vaticano II y del siglo XXI tiene como festividades con categoría de solemnidad tanto la fiesta solemne del Sagrado Corazón de Jesús, como la fiesta solemne de Cristo Rey. Esta última, además ha sido situada después de dicho concilio en el último domingo del año litúrgico; cuando en 1925 fue instituida se situó en el último domingo de octubre. Es escandaloso que haya eclesiásticos que se nieguen a difundir el significado de ambas solemnidades. Combatir por omisión la devoción a un santo es no sentir con la Iglesia. Pero combatir por omisión la difusión del reinado de Cristo en cada persona y en la sociedad, y la devoción al Sagrado Corazón de Cristo Rey, o reducirla al ámbito individual y de jaculatorias, es hacer algo similar a lo que hacen los lefebvrianos, pero mucho peor en grado, es combatir al Sagrado Corazón de Jesús y a Cristo Rey, que es lo que combate Satanás, lo que combate el satánico poder anticristiano. La Iglesia tiene y mantiene la fiesta del Sagrado Corazón con rango de solemnidad y la fiesta de Cristo Rey con rango de solemnidad. Y lex orandi es rex credendi. Lo que está en las celebraciones litúrgicas expresa la fe de la Iglesia.

El amor por nosotros de Jesús, el Verbo hecho carne, es el amor infinito de Dios Hijo expresado en la limitada naturaleza humana de Jesús, su limitada voluntad humana y su limitada sensibilidad humana. Lo que en su infinita y todopoderosa naturaleza divina es amor infinito, expresado por su naturaleza humana, por su corazón, es amor con locura. Amor hasta la muerte en medio de los más atroces sufrimientos físicos, morales y espirituales. Y eso para poder reinar en nosotros porque es nuestro bien.

Su irrefrenable deseo de reinar en cada uno de nosotros los hombres y en la sociedad humana, no es porque Jesús quiera engrandecerse teniendo seguidores. No los necesita. Es Dios. Ya lo tiene todo. una vida plena e inmensamente feliz de amor con las otras Personas de la Trinidad Santísima.

El prefacio de la misa de la solemnidad de Cristo Rey está literalmente en el Concilio Vaticano II (Lumen Gentium, 36). Los lefebvrianos dicen todavía repudiar el texto del Concilio Vaticano II y más aún lo hacen los que repudian la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y lo que expresa la solemnidad de Cristo Rey tal como lo indica la Iglesia en la liturgia de la misa de dicha solemnidad, y en los textos conciliares y pontificios.

Significado de la fiesta solemne de Cristo Rey: Pío XI, el Papa que instituyó esta fiesta en 1925, explica en 1928 su significado en su Encíclica Miserentissimus Redemptor:

«Al hacer esto no sólo poníamos en evidencia la suprema soberanía que a Cristo compete sobre todo el Universo... sino que adelantábamos ya el gozo de aquel día dichosísimo en que todo el orbe, de corazón y de voluntad, se sujetará al dominio suavísimo de Cristo Rey».

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No descartamos al no menos reverendo padre Ramière.

Consagrarse al Corazón de Jesús es ofrecerse como ciudadano de su reino y pedírselo. Suplicarle a Jesús, el Verbo hecho carne, tenerle como rey personalmente. Suplicarle que implante en la propia persona el Reino de Dios, que consiste en vivir y obrar según Dios, en vez de vivir y obrar según uno mismo, que es lo que quiere Satanás. Suplicarle a Jesús, el Verbo hecho carne, la liberación propia del imperio de Satanás, ya que Él se hizo hombre para conseguirnos mediante su inmolación no sólo la posibilidad, sino la realidad del Reino de Dios en nuestra alma. A la espera del Reinado en plenitud de ejercicio del Sagrado Corazón de Jesús, tal como Él mismo, con su segunda venida en gloria y majestad, lo establecerá en todas las almas, en todas las naciones y en toda la sociedad humana. Consagrarse al Sagrado Corazón de Jesús es tener ya, por la gracia misericordiosa, el deseo, la intención, la decisión y el comienzo en uno mismo de aquella síntesis de la religión y de la vida de la Cristiandad futura. Y la esperanza de que reine ya plenamente en la propia persona, lo cual es el mayor bien en el alma, en todas las almas, en todas las naciones y en toda la sociedad: el Reino de Dios efectivo y pleno. (LEER MÁS)

La devoción al Sagrado Corazón y su crisis

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.La Divina Misericordia y el Sagrado Corazón de Jesús.

“Deseo que conozcas más profundamente el amor que arde en Mi Corazón por las almas, y tú comprenderás esto cuando medites Mi Pasión. Apela a Mi misericordia para los pecadores, deseo su salvación. Cuando reces esta oración con corazón contrito y con fe por algún pecador, le concederé la gracia de la conversión. Esta oración es la siguiente: 
Oh, Sangre y Agua que brotaste del
Corazón de Jesús como una Fuente de Misericordia para nosotros, en Ti confío” (Diario de santa Faustina, 187).

No hay sustitución, ni contraposición posible entre la Divina Misericordia y el Corazón de Jesús

El Corazón de Jesús es el símbolo real del amor de Dios, la pura misericordia de Dios, que es la fuente de la que viene la salvación

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. La mayor promesa del Sagrado Corazón de Jesús es la de su reinado...

La civilización del amor es el reinado social en la tierra del Sagrado Corazón de Jesucristo, es la civilización cristiana, la ciudad católica
El primero que introdujo esta expresión "Civilización del amor" fue el papa san Pablo VI en 1970, el que la desarrolló fue el papa san Juan Pablo II

Jesucristo quiere a toda costa reinar en cada alma porque ese es nuestro bien

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Podemos amar a Dios..

Génesis de los actos de consagración y de reparación al Sagrado Corazón de Jesús vigentes en la Santa Iglesia Católica.

Lo más urgente de todo..

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Jesús, el Verbo hecho carne, con su segunda venida, eliminará el régimen anticristiano e iniciará una extraordinaria efusión de gracia, causando así la plenitud de su reinado en todas las almas y en todas las naciones, como está reiteradamente prometido y profetizado

La esperanza de la Iglesia, proclamada en el Concilio Vaticano II, de la conversión de Israel al Mesías, a Jesús, el Verbo hecho carne, y de la unidad católica mundial

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Imágenes del Sagrado Corazón de Jesúsu.

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